El Entrenamiento: Un crudo relato entrampado en una recreación estereotipada

teatro-ljm-12

Escribe Constanza Carlesi*

El entrenamiento es el montaje que cierra el ciclo de teatro Seis Escenas desde la Resistencia, realizado en julio y principios de agosto en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago. La actividad convocó a compañías emergentes que se inspiraron en temáticas sociales ligadas a la memoria, identidad y educación. De su autor, Camilo Reyes, seleccionado el año pasado en el ciclo Dramaturgia del Exilio de la misma institución, se sabe que ha participado en la dirección de recordadas puestas en escena porteñas como La Salvación Apócrifa (Fondart Regional 2004 y Mejor Montaje según el Círculo de Periodistas de Valparaíso) y Casas de Nylon, ambas escritas por Sebastián Cáceres, dos veces ganador de la Muestra Nacional de Dramaturgia. Reyes también dirigió el egreso de la primera generación de actores de la escuela de teatro de Universidad ARCIS en Valparaíso.

En general, el trabajo fluye en lo que respecta al relato, con personajes reconocibles de acuerdo al contexto: plena dictadura militar. Pero, en cuanto a la línea conceptual, que en principio aparece clara de acuerdo a lo expuesto por el director: “lo femenino vinculado a los aparatos de seguridad de la dictadura”, en el transcurso de la trama se va debilitando. Si bien, es interesante que se explore el caso de la Mayor de Carabineros Ingrid Olderock –interpretada por Daniela Misle–, persona que durante la dictadura estuvo encargada de adiestrar canes para violar a prisioneros políticos, hay una tendencia a sobreexplotar la idea de masculinidad en este personaje, a través de momentos reiterativos de violencia, frialdad y malevolencia, quedándonos con una imagen estereotipada de la mujer masculina. En palabras de la filósofa Judith Butler: “Lo que resulta peligroso es pensar que la masculinidad es una cosa bien delimitada y la feminidad otra, y que ambas no pueden ser más que así”[i]. Desde este punto de vista, la línea conceptual propuesta sobre lo femenino queda esbozada por medio del gastado estereotipo del “marimacho”, y disminuida por las renovadas corrientes sobre género.

La obra narra la relación entre dos mujeres jóvenes que son adiestradas por Olderock –interpretadas por Natalia Rojas y Micaela Sandoval–, un joven que pretende conseguir que los prisioneros declaren por medio de hipnosis –a cargo del actor Felipe Verdugo– y la Mayor de Carabineros. Las jóvenes, provenientes de un sector popular, encuentran la oportunidad de surgir económicamente siendo parte de este “entrenamiento”. Dicha instrucción consta de misteriosas y poco limpias tareas que las jóvenes deben realizar constantemente. Funciones como enterrar cédulas de identidad y recibir ropa y objetos de personas desconocidas, son las que a lo largo de la trama van tiñéndose de rumores y acontecimientos de dudosa reputación. El humor actúa como eje clave en la relación de estas chicas y el joven hipnotista, permitiendo un descanso en la tensión que producen las violentas intervenciones del personaje interpretado por Misle, a lo largo de la obra.

La realidad siempre supera la ficción

La puesta en escena cumple: hay buenas actuaciones, diseño integral tipo instalación (paneles lumínicos, un sendero de piedras y dos cubos rectangulares multifuncionales) y dramaturgia fluida. La iluminación, no obstante, es plana y poco sugerente, al igual que la música envasada que tampoco transmite mucho más de lo que ya ocurre escénica y dramáticamente, de modo que tiende a subrayar momentos de peligro, alegría, misterio, entre otros. La propuesta de dirección funciona como relato, pero se limita a un formato de narración que solo recrea los hechos, careciendo del valor estético y el lenguaje escénico propios de una construcción poética autoral.

Una frase de la conciencia colectiva, “La realidad supera la ficción, hace surgir la reflexión de que si el teatro como oficio está a años luz de recrear la realidad como lo hacen los medios audiovisuales ¿por qué no mejor buscar lenguajes y formas que lo hagan más interesante? La utilización de signos (un objeto en lugar de otro) permite que este oficio se destaque como una experiencia única, dotada de diversas interpretaciones y un amplio universo de significados. Como ya lo dijo Tadeusz Kowzan en su texto El signo y el teatro, “el arte del espectáculo, es entre todas las artes, y acaso entre todos los dominios de la actividad humana aquel donde el signo se manifiesta con más riqueza, variedad y densidad”. Entonces, si un personaje como el de Olderock es bestial, ¿será necesario subrayarlo con música incidental? No obstante, el tono humorístico y la interpretación de los actores es lo más destacable de este montaje, pues es lo que permite que nos mantengamos expectantes ante una atmósfera cargada de misterio, aberraciones y maltratos.

[i] Entrevista junto al filósofo Paul B. Preciado (Beatriz Preciado) publicada en el portal web Artillería Inmanente.

FICHA TÉCNICA

Dirección y Dramaturgia: Camilo Reyes Vergara
Elenco: Daniela Misle, Natalia Rojas, Micaela Sandoval, Felipe Verdugo
Diseño Escenográfico: Emanuel Verdugo
Diseño Espacial: Luis Felipe González, TESSERACT, diseño industrial
Diseño Vestuario: Francisca Jorquera
Difusión / Periodista: Daniel Labbe
Producción: Germán Henríquez

*Actriz, dramaturga y comentarista teatral.

**Crítica teatral publicada en La Juguera Magazine nº 12

Comenta desde Facebook

Comentarios