El “Contenido inapropiado” de Eli Neira

Por Javiera Bagnara Letelier
Historiadora, investigadora y curadora

Judas Galería, proyecto a cargo de los artistas y gestores culturales Juvenal Barría y José Pemjean, presenta hasta fines de diciembre la muestra Contenido Inapropiado de la performer Eli Neira en formato virtual y presencial. 

Este espacio ha marcado un precedente en el contexto porteño al promocionar una escena local de artistas contemporáneos con una marcada postura crítica en su producción de obra. El foco de esta galería es multidisciplinar, en cuanto opera como espacio de residencia, representando a artista, y también, como centro de exhibiciones. Sobre esto último, la línea curatorial que han desplegado los últimos años tiene una lógica disidente, disruptiva y toma posturas políticas. Dichas consignas políticas del mundo contemporáneo se ven reflejadas en los montajes y producciones a cargo de sus curadores, tanto en la forma de armar una exposición como en las actividades asociadas. En Judas, los mecanismos de trabajo nacen de una potente red colaborativa que construye y promueve el conocimiento desplazando a la academia para pensar formas horizontales de comprender las artes. 

La curatoría de Judas mantiene una lógica activista, no solo por su toma de postura frente al problema del centralismo, diagnóstico importante para comprender que la mayoría de exhibiciones de arte contemporáneo chileno se concentran en Santiago, mientras que es un error decir que su producción se realiza solo en la capital. Una mirada interseccional opera transversal a todas las muestra de esta galería, donde los temas de género, raza, clase, estéticas queer, vih/sida, territorios y políticas medioambientales, transitan en medio de las distintas propuestas visuales que presentan. 

No es gratuito entonces, que la exposición Contenido Inapropiado de Eli Neira, se presente en Judas Galería. Eli Neira es artista de performance, escritora y activista. Su trabajo tiene un enfoque transdisciplinario, donde fusiona la literatura, el arte de acción, el activismo, la música, el video y la producción de arte. La poesía, lo corpóreo y lo visual, se consolidan como una triada fundamental para comprender el contenido de sus obras. Ha colaborado con numerosos artistas y colectivos en Chile y América Latina. 

Desayunos profanos

Recientemente, el biólogo Jorge Díaz ha publicado un libro de ensayos sobre arte, ciencia y activismos de disidencia sexual, titulado Emancipar la lágrima. Sobre lo transdisciplinar, parece pertinente citarlo en relación a la producción de Eli Neira, donde argumenta que esta forma de difundir y accionar sobre el conocimiento se trata de “nuevos modos de aproximarse a los problemas, des-jerarquizando los conocimientos y haciendo evidente las metáforas que sostienen a las disciplinas” (Díaz, 2021, p. 28). La exposición de Neira toma como punto de partida la transmisión de conocimiento, pero uno que quiebra los sistemas y desarticula la concepción heteronormada del cuerpo. Los cruces entre poesía, biología y visualidad son el punto de inicio dentro de su producción condicionando – voluntariamente o no – la relación entre la muestra y les espectadores. 

La exposición se conforma de fotografías, fotoperformances, collage, registros de performances y videoperformances. Las obras, en sus distintos formatos, se reapropian de las tecnologías y dispositivos de producción. En ese sentido, la muestra carga micropolíticas trabajadas desde la experiencia y estética del postporno. La artista escribe en el texto de Contenido Inapropiado,

 “Vivimos en sociedades completamente pornográficas donde nuestros cuerpos son sistemáticamente usados y abusados día y noche […] Nos mandan a la guerra, nos meten pesticidas en nuestros alimentos, nos enferman de cáncer y de sida. Luego nos venden el remedio y nos piden que vayamos a misa a agradecerle a un tipo clavado en una cruz el que nos sigan crucificando. ¿Eso no es pornográfico? ¿No es acaso un ‘uso’ pornográfico ( y sádico) de los cuerpos? La historia de la iglesia católica es la peor película de terror que la humanidad haya podido concebir”. (Neira, 2021)

La comprensión del cuerpo trasciende a todas las obras de la muestra, entendiéndose como un activismo contracultural, utiliza el desnudo y los signos censurados del cuerpo-territorio-dispositivo como recuperación de una sexualidad asociada al poder. La seria fotográfica Desayunos profanos exhibe el cotidiano de lo que en una cultura de valores cristianos se entiende como relaciones desobedientes, perversas e insolentes, en el reflejo de dos hombres de notoria diferencia de edad en su diario vivir en un espacio privado y doméstico, que a la vez es político. La carga de pureza que tiene el gesto de tomar desayuno en la mesa, usualmente vinculado al heteronormado concepto de familia, se transporta a una vida sexual, farmacológica y homosexual. La artista nos devela cómo el cuerpo entendido como contagio o en otra condición que escapa a la sacralizada del cuerpo-templo cristológico, también puede ser objeto de deseo y cotidianeidad. 

Trío

La exhibición contiene también numerosas obras performáticas, en fotografía y en video. En ellas, la artista utiliza su propio cuerpo – a veces en colaboración con otres performers como Gustavo Solar, Irina Gallardo y en homenaje a la fallecida Hija de Perra – como zona de disputa contra la condición patriarcal de lo femenino. Esto lleva a pensar en la condición neutral que Paul B. Preciado critica del concepto “mujer” impuesto por el patriarcado donde “se ocultan una multiplicidad de vectores de producción de subjetividad: en términos de raza, de clase, de sexualidad, de edad, de diferencia corporal, de diferencia geopolítica […] el sujeto del feminismo es inevitablemente excéntrico, no coincide con las mujeres, sino que se presenta como una fuerza de desplazamiento” (Preciado, 2020, p. 83). 

El cuerpo es llevado al límite en la exploración de su condición material, dispuesto de forma líquida y sólida para ser sometido en el ejercicio performático. Las peformances y fotoperformances de Eli Neira toman lo abyecto como motor para el despliegue de simbolismos: falos-consoladores, copas menstruales, sangre, condones, orina, vagina, ano, dolor y soledad son algunos de los signos y códigos visuales que levantan la pregunta ¿cómo entender el cuerpo? sugiriendo que el conocimiento puede ser creado y difundido desde el sur de nuestra anatomía en conexión con el cerebro. La filósofa Julia Kristeva escribió sobre lo abyecto “no es por lo tanto la ausencia de limpieza o de salud lo que vuelve abyecto, sino aquello que perturba una identidad, un sistema, un orden. Aquello que no respeta los límites, los lugares, las reglas” (Kristeva, 1988, p.11). Las performances Luna Roja (2016), Me desnudo para ti (2015) y la fotoperformance Pequeño ejercicio de exploración y antropofagia (2016), utilizan la sangre menstrual de la artistas para activar códigos rituales en torno a la antropofagia, citando a Oswald de Andrade. 

Escena bajo la luna

Por otro lado, la artista revierte la condición falocéntrica del mundo, al tomar la penetración  y la exploración sexual como forma activa de la sexualidad femenina. En su libro de poemas Abyecta, sugiere en su segunda estrofa que “Y es que tengo un apetito descomunal y no perdono erección” (Neira, 2011), poema citado en su videoperformance Acción Cleopatra (2003). No obstante, la artista pareciera recordarnos que la insistencia en el acto sexual nace de una zona de disputa del poder masculino, que históricamente ha ejercido la violencia sobre los cuerpos arrasándolos con su impulso falocéntrico. En ese sentido, en la performance Cuerpos Eclipsados (2012), es su cuerpo femenino el que penetra a uno masculino (el del performer Gustavo Solar), en la Sociedad de Escritores de Chile. El cuerpo de Solar yace en una mesa de madera en una de las salas de la rígida Sociedad dispuesto pasivamente y entregado al acto de la penetración anal. Este gesto puede ser entendido como una postura crítica y latente sobre la transmisión de experiencias. 

Los homenajes de la performer Hija de Perra también sobresalen en la exposición, donde Eli Neira retoma la condición líquida del cuerpo para apuntar a la crítica hacia el sistema y la expansión de la pandemia del VIH y SIDA en el contexto local.  Apropiándose de la estética de medios, de la cultura popular, de los sacro y lo religioso es que crea collages que profanan los símbolos cristianos y los integran a la estética del postporno, entendiendo que hace una crítica directa a la iglesia y su historial de abusos. 

La exposición en sí toma una carga antipatriarcal y anti capitalista que destaca la producción de Eli Neira, tanto visual como literaria, utilizando el postporno como estrategia para descolonizar los cuerpos, recuperar la historia y la identidad, concepto que hoy parece extremadamente dócil y pasivo en su trato en la sociedad actual. 

Bibliografía

Díaz, J. (2021). Emancipar la lágrima. Santiago, Chile: Editorial Trío.
Kristeva, J. (1988). Poderes de la perversión. Buenos Aires, Argentina: siglo XXI editores, s.a.
Neira, E. (2011). Abyecta. Revisado en: http://letras.mysite.com/abyecta.pdf
Preciado, P. (2020). Testo yonqui. Barcelona: Editorial Anagrama.

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