El año más productivo de Gonzalo Sáez: “Cuando uno es porteño no deja nunca de serlo”

Conversamos con el cantautor de Valparaíso, en lo que fue un año marcado por diferentes iniciativas ligadas a la música que lo mantienen con su mente siempre en su ciudad natal.

Por Oscar Aspillaga Peralta 
Fotos: Darinka Osorio


Una década lleva haciendo música el cantautor nacido en Valparaíso, Gonzalo Sáez. Y como todo músico y música independiente, su carrera ha sido a pulso, basada en su propia creatividad, constante búsqueda y la ayuda de sus amigos. 

Sin embargo, quizás Sáez no lo sepa, o lo intuya, pero no deja de llamar la atención el que a veces se hable de él con bastante respeto por lo que hace. Quizás no tiene portadas o el apoyo de los grandes medios como sí lo tienen otros artistas (centralismo), pero su música ha calado profundo en varias personas. Me incluyo. Y siendo honesto, con los años en que hemos trabajado juntos (no hay para qué ocultarlo), me llama poderosamente la atención lo que ya se mencionó en el primer párrafo: su incesante búsqueda de nuevas sonoridades, donde la estética tiene una preponderancia central, comunicando más allá de lo que pueda entrar por los oídos. Porque al final la música es eso, una suma de percepciones que pueden entrar por diferentes sentidos.

Este año ha sido bastante productivo para el: estrenó en plataformas digitales sus primeros Ep´s, Acantilados, y Resentimientos, escribió sobre Memoria Musical porteña en la web de Acople Records, mostró dos videos en vivo de canciones de su tercer EP Ruta 68, hizo algunas entrevistas por Instagram y publicó material nuevo de su próximo disco con la canción Los Andes.

Llevas algunos años en Stgo, pero sin dejar de lado el que vienes de Valparaíso, ¿cómo es la vida de un músico porteño en la capital?

–Primero que todo quisiera aclarar que yo no soy el músico de provincia que se vino a Santiago en búsqueda del éxito. Yo solo soy un porteño que no encontró trabajo en su ciudad, que si bien es la más hermosa de Chile, también es una de las más pobres y con mayor índice de cesantía. Y eso lleva a otra cosa, que si bien vivo para la música, no vivo de ella. Entonces, para mí estar acá no es tan distinto a estar allá, en el sentido de estar siempre buscando un equilibrio entre las horas que tengo que trabajar por dinero y el tiempo para hacer música y dedicarme a todos los proyectos que tengo con ella. Ahora bien, por ser una ciudad donde hay mucha más gente, hay también una diversidad increíble de proyectos musicales, entonces siento que mi vida de músico porteño en Santiago es, ante todo, de aprendizaje, de estar absorbiendo todo lo que pueda hasta el día en que canse de estar aquí y regrese a Valparaíso, porque cuando me vine me prometí volver. Al final, cuando uno es porteño no deja nunca de serlo. 

¿Por qué decidiste hacer un disco con reversiones de tus canciones?

–Fue algo que sentí necesario este año durante la pandemia. Creo que muchos entramos en un proceso de mirar atrás, revisar y valorar nuestras historias desde la perspectiva de ese momento tan extraño donde el mundo parecía estar llegando a su final, sobre todo al comienzo de la cuarentena. Y en eso miré estas canciones y sentí que quería hacerles un último cariño, agrupándolas todas en un mismo álbum, porque si bien estaban repartidas en distintos Ep’s, en realidad eran parte de un mismo concepto, y además quise grabarlas con una mejor calidad de sonido, para lo cual recurrí a Ismael Palma de Inmountak Estudio, cuyo último trabajo con Matías Cena me había impresionado mucho. Y bueno, como anécdota, él tiene armado su estudio en las dependencias de Algo Records, entonces también era muy divertido porque mientras un porteño como yo grababa un disco acústico como este, en otra sala estaban ensayando los Hielo Negro o los Yajaira, que es algo que se me repite desde mis inicios, el estar rodeado de bandas de rock, pese a no ser rockero. 

Llevas más de una década haciendo música ¿Qué ha cambiado en Gonzalo Sáez a lo largo de estos años?

–Creo que al principio estaba más enfocado en comunicar a través de la música el dolor que sentía tanto por la muerte de mis seres queridos como por mis estados depresivos constantes, y por eso siempre ha habido un tono oscuro en lo que hago.

Pero la verdad es que los años han hecho que por una parte lleguen a su fin los duelos; y por otra, que mire hasta con humor el hecho de deprimirme constantemente, y eso ha traído cambios en mi estilo de composición, los cuales espero ir compartiendo a medida que logre seguir grabando mis canciones. 

¿Cuál es la importancia de la estética en tus videos, portadas de discos, fotos promocionales, puestas en escena, etc? 

–Para mi se trata de una importancia fundamental, pues si bien las canciones son el corazón del asunto, entiendo a la música popular como un arte multimedial, donde todo es parte del mensaje, por lo que siempre me esfuerzo en mantener una coherencia estética entre los distintos elementos. Para mi, fotos, portadas, presentaciones e incluso lo que escribo no son elementos de marketing musical, sino partes integrales de la propuesta artística. 

En los últimos años has experimentado con varios sonidos, pasando del folk a los sonidos electrónicos, a ratos medios industriales, para luego mezclar todo, según lo que pudimos escuchar en Los Andes…. ¿Qué buscas cuando haces música?

–Creo que se trata siempre de una búsqueda bastante intuitiva y no tan calculada, y que siempre es una búsqueda de varias cosas a la vez, ante todo musicales, de probar estilos, temáticas, etc. pero también es una búsqueda comunicacional, en el sentido de lograr entablar alguna especie de contacto con los demás a través de la música, porque creo que mi mayor anhelo es que al menos una de mis canciones, algún día, entre en el corazón de la gente y sientan ganas de cantarla cuando estén bien o cuando estén mal. Y bueno, siendo aún más específico, me interesa poder generar esto en mis amigos, luego en los amigos de mis amigos, y así, es decir, principalmente en mi propia generación, y aún más particularmente en quienes nacieron y crecieron en Valparaíso. 

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