Eduardo Parra: “Me di cuenta que estaba escribiendo un libro”

El libro "Santiago" estará próximamente en las librerías, con un valor referencial de seis mil pesos.

El poemario estará próximamente en librerías, con un valor referencial de seis mil pesos.

Eduardo Parra vive en París, pero está en Valparaíso ya que presentó este lunes 22 de julio en la Sala Musicámara del Centro de Extensión de la Universidad de Valparaíso su poemario “Santiago”.

Siendo uno de los miembros históricos de Los Jaivas, y su principal letrista, Parra también viene a Chile para conmemorar los 50 años de esta histórica agrupación musical chilena y para preparar el lanzamiento de los libros Biografía poética visual: Los Jaivas medio siglo; Cancionero ilustrado de Los Jaivas; y Alturas de Macchu Picchu, treinta años.

En esta entrevista express, música y poesía de Eduardo Parra.

¿De qué se trata su nuevo libro de poemas “Santiago”?

Me di cuenta que estaba escribiendo un libro cuando estábamos en el estudio de grabación de Eduardo Vergara grabando el disco de Los Jaivas “Arrebol” en el Arrayán, un lugar idílico, importante para la geografía nacional. Yo me quedé en el estudio, que era una casa también, por alrededor de dos meses, tiempo que duró la grabación del disco. Ahí, visionando el paisaje del Arrayán, un campo agreste, con una vida especial, particular, chilena, con cactus, zorzales, diucas, etc., salen los primeros poemas y me doy cuenta después del décimo poema que estoy escribiendo un libro. El nombre iba a resultar un poco fácil, ya que estábamos cerca de Santiago, en su corazón; decidí que el libro debería llamarse Santiago, libro que pertenece a mi colección de testimonios poéticos dedicados a las regiones de Chile, como Ruego por ti Valparaíso, Mamalluca, que es el Valle del Elqui, La Isla de la Dulzura, que es Isla de Pascua y la mitológica Patagonia, que yo perdí, yo mismo la boté a la basura.

Tuve la oportunidad de leer el libro, y como tú dices, este nace desde el corazón de Santiago, desde arriba, pero igual tus poemas bajan a la ciudad, ¿cómo es esta mirada hacia la ciudad misma?

Al final todo nace de un acercamiento puro, amistoso, con la gente, con la naturaleza misma, con el cosmos, con lo que te rodea. Era difícil quitarse los prejuicios de una capital. En mis recuerdos, Santiago, en los años ’50, todavía era una aldea con respecto al movimiento del mundo, pero ahora no, dista mucho de ser una aldea, es una ciudad cosmopolita, capital de Chile. Yo no pregono que en este libro se esté fotografiando al Santiago actual, más bien este libro fotografía poéticamente la identidad más que la actualidad. De una u otra manera va a ir cambiando con los años, pero la identidad no cambia nunca. Este libro es una búsqueda de la identidad pero a todo nivel, no si somos franceses, españoles o americanos, la identidad se da también por la propia fuerza del paisaje y eso conmina mucho al personaje, mientras más sensible mejor.

Has estado toda tu vida ligado a Los Jaivas, incluso escribiendo la mayoría de las letras de las canciones, ¿cuál es la importancia que tiene para ti la poesía?

He trabajado mucho el concepto poético que es estar en un estado, siempre pensando un poco más arriba, no descender, sino que más bien el que se quema las alas, en un viaje al sol. Pero sin ser tan exagerado, por lo menos superarse día a día, reflexionar. Y esa es la poesía a fin de cuentas, yo no le encuentro otra gracia a la poesía sino que expresa nuestros valores más puros e íntimos. También es un acto de nobleza porque ejemplifica los valores que podrían servirnos a todos por igual.

Este año se cumplen 50 años de Los Jaivas, ¿cuál es tu sentimiento respecto a cumplir medio siglo con tus compañeros de banda?

Fue una motivación que nos revolucionó hace ya un par de años cuando nos dimos cuenta que algún día si Dios quería íbamos a llegar a los 50 años. Para una vida en acción todavía, es difícil programar una exposición estática, como podría ser los 100 años del surrealismo en el mundo, pero cuando el ser está viviente se escapa, se transforma, se va convirtiendo en un segundo a otro, entonces es difícil hablar de ser uno mismo. 50 años es como haber sostenido una misión, es sorpresiva nuestra existencia como artistas nacionales, como músicos, porque no nos imaginábamos eso. Si cuando jóvenes tuvimos  un traspié cuando creíamos que íbamos a ser un grupo de jazz, empezamos puerilmente a juntar plata para hacer un grupo de jazz, pero la conciencia gatuna del Gato es la que promueve la crisis del grupo para pasar a ser un grupo de creación. No era una importancia fundamental para nosotros el ser un grupo de creadores, pero Gato nos llamó al orden y parecía que fuera nuestra misión y comenzó a funcionar. Al principio al tres y al cuatro, a pata pelada, sin plata. Fuimos hippies profundos, pero tuvimos la suerte de tener la fe y poder, de todo corazón y conscientemente de creer que lo que estábamos haciendo era de verdad. Y hasta el día de hoy seguimos igual y no hemos cambiado. Feliz que celebremos los 50 años.

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