Dos perspectivas distintas de lo americano

 

GuayasaminEn la sala Viña se presentan dos exposiciones: Guayasamin (antesala) y Héctor Eduardo Cruz en la sala principal. Por distintas perspectivas en cuanto a lo americano me refiero a un logro ya dado, completo e íntegro y a un logro que continúa –el pintor está vivo aún- como intento en proceso y que pueden representar dos corrientes de pintura americana.

Por Luis Salvatierra

A Guayasamín sería difícil presentarlo porque fue un pintor de trayectoria conocida, categoría americana y famoso a nivel internacional especialmente por su representación del dolor existente en nuestras comunidades y que puede ser resultado de las diferencias sociales existentes en el continente. (Algunos podrán comentar que mezclo arte con realidades sociales; pero repito, el arte pertenece a la sociedad y, como materialización de la idea, es tan humano como la política).

Tanto Guayasamín como Cruz se vuelcan hacia adentro en la americanidad por diferentes caminos: el primero, como ya planteé lo hace por medio de reflejar el dolor de esta población americana que ha sufrido y sufre los males de una sociedad que divide a su pueblo según ingresos salariales o de capital tremendamente desiguales para unos y para otros. Guayasamín lo demuestra no con consignas escritas sino con los perfiles de sus imágenes siempre destacadas por una linearidad. Esta linearidad nace de los diferentes valores impuestos por procesos determinados por una “universalización” que nace en 1492 y que ahora se disfraza tras el nombre de un ropaje “nuevo” llamado globalización. Históricamente, esa linearidad del perfil de la imagen no solamente se encuentra en la pintura medieval que trajeron los invasores –los de 1492-, sino ya existía en la expresión cultural maya, azteca y quechua/aymara.

Guayasamín sí propone universalización, pero se trata de la universalización de aquel dolor nacido de las divisiones de clase: no solamente las internas a la América Nuestra, sino también las que inventó muy proficientemente el capitalismo mercantil y se perfeccionó con la revolución industrial dejando a algunos en la categoría de industrializados y a otros en la de vendedores de materias primas continuando así la etapa colonial. El ecuatoriano sí propone mirarnos hacia el interior y a entender por medio de sus líneas negras de diferentes grosores y valores que crean una manifestación expresionista comparable a la de la europea Kathe Kollwitz cuando se refiere al dolor propio de ella y de su sociedad.

imagen 4Hector Eduardo Cruz entra a la americanidad por otro lado. Si bien los libros, los discursos políticos y los medios de consumo de cultura (arte como museos y galerías) son los instrumentos por medio de los que se nos hace llegar la “identidad” nacional y que más bien es lo que transmiten los dueños del estado “nación”, Cruz se sumerge en el estudio de la obra visual de la pictografía que une a América de norte a sur de la misma manera que el nativo americano come Fried Bread (pan frito) hecho de la harina que los Navajo y Apache de la región estadounidense cercana a Canadá llaman Pinyon y que el Mapuche llama Piñón sin que haya habido contactos culturales entre ellos. Posiblemente se trata de aquella cultura escondida que las clases subalternas esconden y protegen de la intervención patronal de los supervisores de la “cultura nacional”. Puede que también se trate de un pasado común donde hoy las arcaicidades del lenguaje son un nexo.

En ambos casos, tanto Cruz como Guayasamín, se miran a su interior, a sus entrañas, desde distintas perspectivas; pero buscando a eso que tanto nos pertenece a la misma vez que se distancia de lo europeo y que nos acerca a esa cultura que se puede identificar como internacional, pero desde nuestro punto de vista. Se trata de una visión americana sin más adjetivos que eso.
Cruz lo hace mirando hacia las pictografías que existen desde lo precolombino y con ello logra si no una base para la investigación visual a futuro para que haygan (hablando de arcaicidades del lenguaje) otros que tomen las mismas vías y dediquen ese esfuerzo de pintura “abstracta” a crear nuevas expresiones de contenido americano: es una reinterpretación de lo nativo de antes que fuera mestizo y que desconoce a los caminos que rigen las vías hacia la “modernidad” que se nos impone y reconocemos como ejercicios adoptados en el dominio norte/sur.

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