Dos años de Áncora 517: instalando conceptos desde el trabajo colaborativo

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Por Oscar Aspillaga P.

Hace ya dos años, cuando se supo que en la subida Ecuador n° 517 ubicada en el Cerro La Loma, se abriría una casa de “cowork”, nadie pescó mucho, para ser sincero. Si bien el lugar era increíble y quienes llevaban el proyecto adelante se mostraban muy proactivos y con ganas de hacer cosas, desde afuera, las expectativas siempre fueron moderadas. Era algo nuevo que todos queríamos que funcionara, pero el concepto de “trabajo colaborativo”, si bien se sabe que a estas alturas es fundamental, como dice el refrán popular, “del dicho al hecho, hay mucho trecho”. En todo caso, harto se ha avanzado en ese sentido luego de dos años.

Cuando comenzó el proyecto Áncora (sinónimo de ancla y refugio), aparte de “cowork” -palabra ya muy manoseada-, otro concepto que instalaron fue el de “precio libre”, es decir, cada uno paga lo que cree que vale lo ofrecido. En una ciudad donde cuesta pagar por actividades culturales, lo del “precio libre” parecía algo bastante sensato. Y funcionó.

Luego de dos años, Martina Knittel, Alejandro Silva y Enzo Claro han mantenido un espacio que se ha convertido en referente de bullante actividad. Que es al fin y al cabo lo que importa.

A propósito de su cumpleaños número 2, los entrevistamos para este recuento de su corta vida.

-¿Cómo han sido estos 2 años de Áncora? ¿Cuáles han sido las dificultades, logros y aprendizaje?
-El proyecto partió sin una hoja de ruta definida, fue tirarse a la piscina no más. En ese sentido, toda nuestra historia ha sido un proceso de aprendizaje, desde cómo organizarnos, de cómo hacer gestión cultural, de cómo y con quién nos vamos vinculando, etcétera, todo desde la autogestión. Ha sido un constante proceso de adaptación según las circunstancias, incluso permeando nuestras vidas personales, porque este espacio es nuestro hogar también. El que sigamos existiendo y creciendo de la manera que ha sido hasta ahora ya es un gran logro de por sí; las comunidades que se han ido creando y afiatando dentro de la casa son otra gran satisfacción para nosotros(as). Algo que ha sido transversal y que hemos aprendido participando y observando, es el rendimiento de la voluntad en la producción y concreción de ideas y proyectos, posicionando el verdadero sentido del hacer como objetivo principal. La autogestión ha sido el aliado por excelencia, ya que permite la independencia a la hora de definir rumbos. Sin embargo, la experiencia no ha enseñado también que para estos procesos la paciencia es uno de los mejores recursos.

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-Ustedes fueron los primeros en instalar en la ciudad el concepto “cowork” ¿Cómo ven la proliferación de estos espacios tanto en la ciudad como en la región?
-Desde la aparición de los otros espacios de cowork nos hemos ido dando cuenta de que no compartimos la tendencia general que ha ido adquiriendo este “fenómeno”, sobre todo en Valparaíso. Nosotros creemos en el trabajo colaborativo, en crear y producir en colectividad, no en arrendar espacios de oficina. Esta posibilidad de observar un nuevo escenario compuesto de diversos espacios nos ha ayudado a revisar y afinar mejor nuestros propios objetivos, que apuntan más hacia ser una organización comunitaria inclusiva a disposición de una comunidad creativa y por lo general independiente.

-Otra cosa que ustedes instalaron fue lo de “precio libre”, ¿cómo es la evaluación que ustedes hacen de esta estrategia? ¿Funciona? ¿La gente lo entendió?
-El precio libre que utilizamos nosotros tiene sus raíces en la dificultad  que encontramos en ponerle un precio a pasar un tiempo en el living de la casa. Investigamos sobre otras formas de retribución, dentro de las cuales adoptamos rápidamente el trueque. Sin embargo, los gastos asociados a un aumento de los habitantes del espacio pronto nos hicieron replantear el asunto y así es que llegamos a lo que hoy llamamos precio libre. Inspirados en otras experiencias comunitarias, el precio libre busca  poner en el usuario el desafío de evaluar el uso que hizo del espacio, teniendo en consideración cosas básicas de operación, como el uso de servicios básicos, tiempo y consumo de alimentos u otros productos, como las capacidades económicas de las personas. También proponemos que este aporte considere el sentimiento de pertenencia de las personas con el proyecto y la oportunidad de “mecenazgo” en el sentido de aportar a que el espacio esté disponible para otras personas.

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Al comienzo, el concepto se entendió de manera general, aunque el primer obstáculo estuvo paradójicamente en “la libertad”. Las personas se complicaban al momento de hacer la retribución al no tener claro o presente cuales son los criterios que deberían aplicar. Por esto es que tratamos de mantener una campaña constante de información sobre el precio libre, generando discusión y contenido respecto al concepto en material visual, permeado en las comunicaciones generales.

Hasta el momento la evaluación es positiva, el balance general indica que las personas que vienen a la casa más o menos perciben las metas económicas de las actividades y de la casa. También ha sido grato ver cómo este método ha sido replicado por otras agrupaciones. Este año ya estamos tratando de que el precio libre sea la forma de retribución general. Un buen ejemplo es el plato único de los viernes, el cual siempre ha cerrado su caja con números acordes a su producción.

-¿Cuáles son los planes que tienen para que Áncora siga cumpliendo años?
Seguir descubriendo qué cosas nos entretiene hacer y que además sean beneficiosas para nuestra comunidad y así poder crecer en conjunto a un ritmo que responda a las orgánicas que han ido marcando el paso hasta hoy, sin forzar un crecimiento que responda a indicadores de producción. Y ante todo seguir disfrutando el viaje, esa ha sido nuestra clave para sobrevivir estos 2 años entre la fauna porteña.

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