Dolores o la inutilidad de todo

Dolores o la inutilidad de todo, la primera novela de Ignacio Borel (1978) publicada por Emergencia Narrativa en 2014, gira en torno a un asalto bancario realizado por una inexperta banda de aspirantes a delincuentes a fines de 1989 en la ciudad de Viña del Mar. La banda la conforman el alemán dueño de una armería, Ambrosio Bachman; el aficionado al peligro, Wilson Equis; los desafortunados hermanos, Luca y Romano Cordero; y Dolores Dávila da Silva, pareja de este último.

dolores---la-juguera-magazine

Por Rodrigo Zamorano

Organizada en nueve capítulos que consignan, cada uno, distintos reportes sobre lo sucedido y que cubren el periodo de tiempo que va desde 1989 a 2001, la novela cuenta la historia de este “crimen perfecto” que, evidentemente, resulta mal. Los relatos de los distintos personajes se mueven alrededor de la elusiva Dolores, insondable mujer fatal que parece saber la forma exacta de salir indemne de las situaciones más peligrosas tomando ventaja de ellas y de los hombres que la rodean.

Estas narraciones —que desde distintas perspectivas permiten la reconstrucción de los hechos— incluyen diferentes registros (entradas de diarios de vida, una entrevista, confesiones, entre otros) todos narrados en primera persona. De quienes participan en el asalto, solo falta el relato de Dolores, la única mujer de la banda y la única, además, que finalmente logra salir airosa y beneficiarse del torpe atraco. De esta forma, la mujer se transforma en el centro ausente de esta narrativa, el punto en el que convergen en igual medida el deseo y el rencor de los demás personajes.

Estos últimos son sujetos marginales que ven en la delincuencia una salida atractiva a la miseria en la que viven: ya sea por un irreflexivo gusto por el peligro o porque se ven enfrentados a una realidad que no ofrece más horizontes que sobrevivir en base a empleos mal pagados y alienantes, los personajes encuentran una oportunidad única en el asalto a una sucursal bancaria viñamarina. Sin embargo, frente al fracaso de la operación, la lección que estos finalmente aprenden es que ninguna alocada empresa colectiva va a ofrecerles la oportunidad de una vida mejor: en el universo de Borel, cada cual se salva como puede, y los pocos que en realidad logran hacerlo lo hacen pasando por sobre otros.

La novela presenta a un Chile que no es más que una suerte de gran descampado en el que el tiempo parece haberse detenido. Borel retrata con habilidad el fin de la dictadura y el primer periodo de transición como una gran estafa, un evento que prometía la felicidad pero que —al igual que el asalto al banco— sólo resulta ser una completa desilusión. Si bien la novela cubre un periodo de tiempo de más de diez años —y que va desde la realización del crimen en 1989 hasta el año 2001—, las vidas de los personajes no parecen cambiar sustancialmente entre estos dos momentos. O si lo hacen, es a un nivel personal, no porque el medio en el que viven se haya transformado, solo se vuelven más duros, aprenden a abrazar finalmente el fracaso de toda esperanza.

dolores-2---la-juguera-magazineAsí, la novela de Borel es una obra que por su realismo crudo es posible emparentar con cierta estética de fines de los ochenta y principios de los noventa en la producción cultural chilena, con películas como Johnny Cien Pesos y Caluga o Menta o incluso con la novela Santiago Cero de Carlos Franz. Sugerentemente, los eventos que enmarcan la narrativa son, por una parte, la primera elección presidencial que marcaría el fin de la dictadura y, por otra, el gobierno de Ricardo Lagos, del cual se hace referencia a propósito de los intentos de cierre del proceso de transición.

Borel escribe una historia interesante, que puede leerse en clave alegórica como una fábula sobre la progresiva y rápida descomposición de las promesas de la transición política chilena. El crimen perfecto que los personajes intentan llevar a cabo significa la promesa de un futuro distinto, de una vida menos opaca. Por ello, el hecho de que el atraco se lleve a cabo, pero que la vida de los miembros de la banda siga siendo tan miserable como siempre lo fue apunta a un gran fraude, a una promesa injustificadamente incumplida. Porque sí hay quien se beneficia del asalto, una única persona que consigue no sólo eludir la cárcel sino escapar con el dinero: Dolores, quien termina siendo la flamante dueña de un popular café y una mujer si bien no admirada, al menos respetada dentro de la sociedad viñamarina.

Ahora bien, la construcción del personaje es interesante, pero problemática; el retrato de Dolores es pintado por las voces de los demás miembros de la banda y de otras personas que la conocieron. Sin embargo, el autor no logra diferenciar efectivamente estas voces, las que a ratos se tornan demasiado similares entre sí. Esto redunda, además, en que el personaje carezca de espesor y que por momentos se acerque demasiado a la caricatura, el de la elusiva mujer fatal, amoral, indolente y egoísta que habla —en las pocas ocasiones en las que escuchamos sus propias palabras reportadas por alguien más— como si estuviera consciente de estar en el set de una película de detectives: “Quien me lo contó fue mi madre, que de no haber sido puta hubiese sido una pistola”.

Esto no debe sugerir, sin embargo, que la novela de Borel carezca de méritos. Uno de los más sobresalientes es la creación de una particular atmósfera que ya se anuncia en el nihilista título de la novela: gris y calladamente opresivo, el universo que se retrata en Dolores o la inutilidad de todo es una suerte de tierra baldía en el que las peores tragedias se suceden sin mayor revuelo. Es un mundo poblado por hombres y mujeres desesperados y desencantados que conviven cotidianamente con la locura y la muerte. Baste señalar que de los miembros de la banda dos terminan muertos, uno prófugo y otro preso en Argentina. Sólo Dolores, haciendo uso de lo que un personaje describe como su “estrategia proletaria”, logra salvarse, al costo de hacerlo sola. La novela de Borel es un relato ágil y austero que logra, haciendo buen uso de un contado número de recursos, atrapar la atención del lector y adentrarlo en un mundo desolador en el que sólo los más fuertes sobreviven. Un mundo que, tal como la novela sugiere, por momentos es tristemente reconocible.

Comenta desde Facebook

Comentarios