Diego Lorenzini: “Ofrezco esa vergüenza que aún siento como la ofrenda más íntima que puedo entregar”

Durante varias semanas me puse a escuchar y leer entrevistas, a cantar canciones de Diego Lorenzini (Talca). El ilustrador y cantautor en el marco de su gira Si Po’ tocaría en el Emporio Echaurren de Valparaíso. Pero el COVID-19 llegó y la gira fue, tal como su presentación en la ciudad puerto. Así es que nos comunicamos por correo.

Esta entrevista, hecha en tiempos de distanciamiento social, tiene mucho de coyuntura, de ser chileno y de cómo expresarnos.

Entrevista por: Valentiine Rudolphy | @valosa

Fotografía: Herman Allimant

¿Piensas que es parte del rol del artista pronunciarse acerca de temas sociales? Sé que puede ser un debate-lugar común pero, dado el contexto, se percibe a veces cierta expectativa sobre figuras públicas que tengan alcance o plataforma, lo que te compete como músico.

– Personalmente creo que el artista no está obligado a nada. En el momento en que los artistas se empiecen a sentir obligados a hacer algo de cierta forma, por las expectativas que generan como figuras públicas, vamos a perder aquello que, a mi parecer, es lo más importante del arte: la gratuidad. Esto no quiere decir que no me decepcione al ver a artistas que están completamente desconectados de la realidad, y que han perdido todo grado de empatía con aquello que sucede más allá de sus propias narices. Pero sí creo que exigirles a los artistas que hagan algo de cierta manera en particular, sí o sí le va quitar valor – paradójicamente hablando- a la gratuidad de lo que hagan. 

La importancia de las canciones populares políticas que nos han marcado como sociedad radica principalmente en que no estaban obligadas a serlo. Nacieron de manera honesta y genuina, y no de una demanda específica que satisfacer (excluyo en este ejemplo a los himnos de países, clubes, partidos o instituciones que sí satisfacen un programa ideológico específico, pero más allá de su uso en el deporte y en lo militar me pregunto: ¿Cuándo se canta un himno de estas características fuera de su contexto sin un dejo de ironía o fastidio?). 

Más allá de un lugar común, esta es una pregunta muy compleja e importante de hacer en estos tiempos, y si bien no creo tener la respuesta, me inclino a pensar en que es profundamente sospechoso cuando todos empiezan a decir lo que la mayoría quiere oír. Del mismo modo, creo que el arte requiere tiempo, por lo que no se le puede exigir al arte un ritmo similar al que tienen las redes sociales hoy, ya que, en mi opinión, el arte no debiese basarse exclusivamente en el impacto, la novedad o la moda, sino que debiese jugarse en la reflexión, la honestidad y la valentía. 

Hay artistas, que logran ser lo suficientemente cuerdos y hábiles para mantenerse al día respecto a lo que sucede socialmente de manera íntegra, pero creo que ser contingente es también un arma de doble filo, ya que se corre el riesgo de banalizar un sentimiento a través de la ansiedad de convertir todo en un bien de consumo. En última instancia, hay distintos tipos de artistas, y si bien hay algunos que son líderes natos que se alimentan del ahora, hay muchos otros que, aun no siendo tan elocuentes en el presente, están cocinando las canciones valientes del futuro. No creo que sea el momento de juzgar.

Si se puede contribuir compartiendo información que no está disponible en otros medios, genial. Pero pretender que todos estén a la altura artística de las circunstancias es exigirle al arte algo que hoy debiésemos exigirle a otro tipo de relaciones humanas menos gratuitas y de mayor peso específico, como la política, el periodismo y las leyes. 

Fotografía: Herman Allimant

¿Qué le dices a alguien cuando surge el tema de una nueva constitución?

– Que sí po’, apruebo. Que pienso que ir a votar no significa abandonar la lucha por justicia. Asimismo, si bien el plebiscito no es el comienzo ni el final de los cambios cruciales que se están gestando en el país a nivel social, sin duda es un paso muy importante en este proceso histórico tanto política como simbólicamente. El ámbito institucional y el ámbito social han tendido a separarse el último tiempo y eso es exclusiva responsabilidad (o podría llamarse de frentón exclusiva irresponsabilidad) de la clase política que no ha estado a la altura de la función que debería ejercer. Cómo no odiar a las instituciones cuando muchas de éstas están en manos de personas sin escrúpulos que no saben responder a las demandas legítimas más que con provocaciones, engaños, indolencia, crueldad y represión. 

Pero nos guste o no nos guste, la política es necesaria a pesar de la paupérrima calidad que tienen la mayoría de los políticos actuales, por lo que el plebiscito sienta las bases no sólo de un nuevo código de convivencia común que velará por una mejor representatividad en el futuro, si no que una inédita y esperanzadora conexión entre el movimiento social y la institucionalidad. No va a ser fácil, el camino va a estar lleno de dificultades y trampas, pero la gente no es tonta y no me parece menor que se esté logrado cambiar la constitución del país gracias a la valentía de aquellas personas que han sabido sacar la voz, y no se han dejado manipular por el discurso del terror.

¿Cómo has cambiado en estos meses después del 18 de octubre? Y ahora que estás en gira ¿Qué diferencias notas en el público en comparación a tours anteriores?

– Al igual que mucha gente, estoy venciendo el nihilismo como la única estructura de pensamiento posible. Aún soy muy suspicaz sobre muchas cosas y odio el aplauso fácil, pero creo en las personas y he sentido una necesidad muy grande de escuchar, compartir y aprender. En cierta medida he sido testigo de cómo los artistas se han vuelto más ciudadanos y los ciudadanos se han vuelto más artistas. Es cosa de ver la genialidad de los carteles, las performances, los grafitis, los memes, y la música que han sacado el lado más creativo de quienes antes del 18 de octubre no tenían el espacio ni para expresarse, ni para ser escuchados. 

En ese sentido, hay pocas cosas que he sentido la necesidad de decir a título personal o artístico, pero al mismo tiempo hay muchísimas cosas que sí he sentido la necesidad de escuchar, compartir, estudiar y apoyar. Creo que el sistema en el que vivimos mutiló sistemáticamente nuestra educación cívica como ciudadanos y nos convirtió principalmente en clientes durante mucho tiempo. Por esto mismo, no pretendo creerme un iluminado por haber logrado tener la posibilidad de vivir de mis canciones y haber sido crítico del sistema en algunas de ellas, ya que también me formé en aquella ideología individualista y en muchos ámbitos aún me siento en pañales en cuanto de educación cívica se trata. 

Supongo que hay que estar conscientes de que la desintoxicación del consumismo a ultranza no es de un día para otro, por lo que trato de estar abierto a lo desconocido desde la curiosidad y la empatía, ya que el hecho de que pueda subirme a un escenario -o tenga más seguidores en redes sociales- no significa que esté menos confundido o más adelante en el proceso de desintoxicación que quienes están en las butacas o del otro lado de la pantalla. Al contrario, veo con mucha admiración la valentía de quienes la tienen mucho más clara que yo, y me pone muy contento ver que muchos de ellos son personas que le tienen cariño a mi trabajo.

Fotografía: Herman Allimant

Cantinfleo sanador

¿Cómo vences o pones a prueba la timidez que has confesado en entrevistas, con el ser artista, en tu carrera de músico? 

– Hay cosas que desde chico me daban mucha vergüenza, y me siguen dando hasta el día de hoy. Muchas de ellas se amplifican un montón cuando estás solo en un escenario y toda la atención recae sobre ti. Pero si bien he sabido superarlo, no es porque me he convertido en un sinvergüenza, si no porque ofrezco esa vergüenza que aún sigo sintiendo como la ofrenda más íntima que puedo entregar. 

Siempre he sido un fanático de los caminos inesperados que surgen del error y, a diferencia del dibujo que ocurre en una batalla eminentemente personal, en la música no se puede encontrar algo original y propio si no te entregas a la posibilidad más que probable de hacer el ridículo frente a otros. No es fácil, pero en mi experiencia siento que vale la pena lo que se encuentra creativamente del otro lado del pudor. En el fondo, espero nunca perder la capacidad de asombro que trae consigo el sentir vergüenza, ya que más que aspirar a tener un sentido del ridículo, trato de apuntar a que el ridículo me haga sentido. 

¿Qué importancia tiene para ti la lengua, la jerga, lo local? Has hablado de escribir con o sobre la cotidianidad y que eso hace más rico en ocasiones el lenguaje ante la interpretación, la identidad.

– Siempre me ha intrigado el misterio que se esconde en lo simple, y el lenguaje cotidiano está plagado de laberintos semánticos que vale la pena recorrer. El habla chilena está particularmente plagada de dobles y triples sentidos que sobreviven a las interpretaciones cochinas típicas. Nuestra manera de comunicarnos localmente contiene una sabiduría etimológica que muchas veces ha sido subestimada por quienes en la música la evitan a toda costa, o la manosean solo en superficie. Aun así, no puedo negar que hay una tradición poética muy rica de autores chilenos que han sabido sumergirse en los confines de nuestra lengua mucho antes, y mucho mejor que yo. En ese sentido, soy heredero de aquella estrategia narrativa que se inclina más por hablar de temas complejos con un lenguaje simplón, que narrar cosas simplonas con un lenguaje complejo. Principalmente porque el humor y la cercanía en el lenguaje permite bajar la guardia al hablar de temas que son inabarcables al hacerlo desde lo estrictamente cerebral. 

No es lo mismo decir una misma cosa con una palabra u otra, una te puede recordar las instrucciones de uso para una aspiradora, otra la traducción mejicana de una serie animada, y otra como hablaba tu tío bueno para el trago. En ese sentido, no es casualidad que aún cuando hoy internet se cuela hasta por aquellos huesos que brillaban por su ausencia en nuestra lengua local, uno de los artefactos más célebres del poeta Nicanor Parra –el Darth Vader de esta tradición proto- memística- diga: “Todo es poesía menos la poesía”.  

Fotografía: Herman Allimant

Eres directo en tus letras, o más bien claro ¿Cómo te comunicas o expresas en el ámbito no-público, en “la vida real”?

– No soy particularmente bueno para expresarme claramente en “la vida real”. Supongo que esa es una de las razones por las cuales intento ser detallista en las letras que escribo, ya que veo en las canciones una oportunidad de decir las cosas que nunca he sabido muy bien cómo decir en el “momento de los qué hubo”. No quiero con esto autoflagelarme y decir que no hablo de corrido, pero en general doy muchos rodeos y sufro mucho de no saber ser claro y sencillo en aquellas circunstancias que realmente me importan emocionalmente.

Siempre termino a las tres de la mañana pensando solo en mi cama “puta la weá, esto es lo que podría haber dicho en la tarde“. Por otro lado, he escuchado a muchas personas celebrando o criticando la simplicidad que tienen las letras de algunas de mis canciones, pero la verdad es que esa aparente espontaneidad es producto de un trabajo que, a diferencia de las “conversaciones reales” en las que no alcanzo a saber ni qué ni cómo decir lo que quiero decir, requieren de mucho tiempo y paciencia para encontrar las palabras exactas que digan exactamente lo que quiero expresar sin sonar forzado o confuso. Así que esa simplicidad aparente es solo un truco para dominar el sentido de mis cantinfleos, y de paso celebrar musicalmente aquel ingenio polisémico del habla cotidiana que nunca he podido dominar del todo en el ámbito no-público. 

Diego ilustrador

¿En qué términos te encuentras hoy con la ilustración?

– Una linda pregunta. Suena como si fuera una relación de amor, y sí, lo es. Actualmente me encuentro dibujando mucho pero no he tenido el tiempo ni la cabeza para ordenar el material que he estado haciendo. Por lo mismo, la parte que más me interesa de mi relación con el dibujo se ha mantenido en los confines de lo privado. Es decir, las pruebas fallidas, las especulaciones técnicas, y los apuntes del cotidiano. Todo esto me lo he guardado ya que la música me ha ido demandando cada vez más tiempo de manera progresiva y, al tener que elegir, prefiero aprovechar el poco tiempo que me queda para dibujar en conservar el tanteo de nuevos imaginarios, en lugar de dedicarme a ser el community manager de una fórmula. 

No creo que el día de mañana deje de hacer música, pero soy consciente de que este ritmo que llevo actualmente no depende exclusivamente de mí, por lo que si más adelante baja el interés en mis canciones –o en mis presentaciones en vivo-, aprovecharé de ponerme al día con el “cómo” mostrar aquellos ensayos y errores que aún sigo dibujando como si no hubiera mañana. 

¿Que caricaturas veías de niño y extrañas?

– La vida moderna de Rocko, Ren y Stimpy, Oye Arnold, Dragon Ball (la serie cuando Goku era chico, Dragon Ball Z no la extraño en lo absoluto), Ranma 1/2 y Slam Dunk.

-¿Cómo ser empático como músico?

– De la misma forma en cómo se puede ser empático en todo ámbito: poniéndose en el lugar del otro.

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