“Derechos humanos ¿Cuánto sabemos de ellos?”. Acerca del ensayo de Squella

Por Jonathan Camps

Publicado por la editorial de la Universidad de Valparaíso, Agustín Squella trae la última entrega de la que viene siendo una serie de ensayos breves de filosofía y pensamiento político. En su último libro Derechos Humanos, ¿Cuánto sabemos de ellos?, Squella pretende una suerte de pedagogía, divulgación o introducción a los derechos humanos.

Cabe subrayar el  subtítulo del texto, no anunciado en la portada. No es menor esta pregunta, que finalmente orientará la tesis del libro: sabemos poco o nada de los derechos humanos. Pero además de una introducción y respuesta pedagógica al tema, el libro es una toma de posición sobre los mismos, pues sobre una cuestión espinosa no es posible escribir ni hablar sin tomar posición. Más aún, o se los defiende de forma directa o sencillamente se los niega. 

La figura de Squella, ex rector de la Universidad de Valparaíso, ex asesor cultural de la presidencia encargado de levantar el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y Premio Nacional de Humanidades el año 2009, se perfila de manera curiosa en el ámbito intelectual del stablishment. Columnista de El Mercurio que puede hablar contra el neoliberalismo, es al mismo tiempo un declarado socialdemócrata o socialista liberal de la escuela del filósofo italiano Norberto Bobbio. Conocer estos datos es importante a la hora de evaluar un autor que viene publicando con periodicidad una serie de ensayos de corte divulgativo o de trinchera, en la colección “manifiestos” de la editorial de la casa de estudios donde es profesor.

Un texto como este ha de recibirse con cierta ambivalencia y no sin distancia crítica. En primer lugar, hay que destacar que el libro que nos trae Squella es, como los anteriores de esta serie, Igualdad, Libertad, Fraternidad y Democracia, ¿crisis, decadencia o colapso?, un ensayo sin pretensiones de cientificidad, pero no por ello ajeno al rigor intelectual. Estilo este, el del ensayo filosófico, que corre con la mala suerte por nuestros días de convertirse casi en un lujo en el mundo académico y de las humanidades, (mal)acostumbradísimas -con mucho pesar- estas últimas, a la publicación de papers. Más aún, la falta de textos propiamente filosóficos que se muevan en este registro nos dice algo respecto de el estatuto público de las ideas hoy. 

En este sentido, cabe aplaudir este y los anteriores esfuerzos del profesor Squella por dar voz a temas que, si bien están no poco en boga, pecan muchas veces de ser utilizados los términos y conceptos, como una “vulgata irreflexiva. En el uso y sobreuso de un término, el concepto va perdiendo fuerza, y acaba siendo utilizado por sus detractores como un arma en contra de quienes defienden la idea, por el desgaste que la palabra implica. Ocurre eso con la triada republicana ya trabajada por Squella, como también por la palabra democracia, tan usada y mal utilizada, sobre todo estos días, por el oficialismo y las fuerzas reaccionarias que se oponen a cualquier cambio político que implique más y mejor democracia. Por ello, el ejercicio de la filosofía ha implicado desde siempre una actitud de detenimiento, de suspensión de los prejuicios y de escucha a la palabra. 

En este ejercicio se mueve el texto de Squella, y es algo que aparece ya en las primeras páginas del libro cuando asistimos a una reflexión acerca del sentido de la palabra “derecho”. Quizás parecería algo superfluo a ratos, pero este tipo de indagar meditativo y lento sobre las posibilidades de la significación de un término es algo muy propio de la filosofía y que nos remite ya al pensar de Aristóteles: “El ser se dice de muchas maneras”. Lo mismo con el derecho: el derecho se dice de muchas maneras. 

Con estilo llano, Squella nos lleva por una serie de acepciones que tiene la palabra derecho, para finalmente profundizar en aquel sentido que tiene para las ciencias jurídicas y las personas que trabajan en el mismo, es decir, a aquel sentido de prerrogativa que adscribe a todo individuo de especie humana. En esta misma línea, la reflexión sobre el derecho llevará a la problematización sobre los derechos fundamentales, y una consideración acerca de la dignidad, que da base a la cuestión de los derechos humanos, llevará a Squella a sostener que “la única desigualdad que no es en absoluto admisible sería la desigualdad en dignidad”.

De aquí en adelante, el libro será una brevísima introducción al derecho y su fundamentación filosófico histórica. Cuestión no menor al momento de erigir un concepto de derechos fundamentales o de derechos humanos. Como es sabido, en el derecho existen dos grandes posiciones a propósito del origen del derecho (naturalismo y positivismo), posturas que muchas veces tienen que ver también con alternativas políticas. Hubiera sido interesante a este respecto que el libro de Squella tratase con mayor profundidad la discusión metafísica que está implicada y supuesta, tanto en la noción de derecho natural como de derecho positivo, pues es esta misma discusión la que en las últimas páginas del libro, aquellas que hablan respecto del futuro de los derechos humanos y el avance tecnológico, estarán dando la tónica de manera fantasmal. 

Así, Squella trabaja desde una conceptualización general del derecho, hacia aquello que serían los derechos fundamentales, y la historia de los mismos. Mostrando a través de este devenir histórico, en toda su positividad, el cómo los derechos se han ido concretizando en una serie de instituciones que se hacen cargo de ellos buscando promoverlos, garantizarlos y resguardarlos. El libro logra perfilar una historia efectual de los derechos fundamentales al tiempo que ilustra las tres generaciones de derechos fundamentales. Sobre esto último, el tiempo que Squella le dedica a la tercera generación, la de los llamados derechos sociales, es el más prolongado. Aquí es donde la veta socioliberal de Squella arremete con más fuerza y es a nuestro modo de ver la parte más propositiva y atingente del texto.

La importancia de un libro como este ha de evaluarse, pues, en toda su negatividad, es decir, en todo lo que falta cuando se escribe ¿Por qué alguien publicaría un libro acerca de derechos humanos de este tipo, en una colección llamada “manifiestos”, sino porque en Chile no se respetan los derechos humanos? En el fondo, un libro de este tipo es un anhelo de justicia: con él se busca crear una toma de conciencia a propósito de esta flagrante falta en nuestro país. Y si bien, tal como dice una nota aclaratoria al comienzo, “este libro fue escrito antes del 18 de octubre del 2019”, una suerte de coincidencia macabra hizo que aquella falta que ya había antes de esta fecha, se materializara de la peor manera, con rostros mutilados, personas violadas y asesinadas por aquellos que debían garantizar el respeto de los ddhh.

Esta última es la gran paradoja y el libro es lúcido en reconocerlo pues “los mismos que pueden hacer más por los derechos humanos son los principales violadores de estos: los Estados”. Ante ello, un derecho que no está en el libro, el derecho a la filosofía, habría de levantarse como derecho fundamental, porque sin ese derecho, que implica cuestionarlo todo, poder formular cualquier pregunta, pensar cualquier pensamiento, preguntar de manera pública sobre cualquier cosa e impugnar la veracidad de cualquiera de las verdades más venerables, y sobre todo, la del fundamento último de los derechos humanos, pues si estos mismos no se ponen en cuestión a sí mismos mediante un radical ejercicio crítico reflexivo, serán los Estados y los enemigos del derecho quienes los impugnen con nuevas formas de barbarie. Puede uno no estar de acuerdo en el acercamiento contractualista y vía ética del discurso que da Squella a este tema, pero, mal que nos pese, es un texto que yo al menos, le recomendaría a quien desee tener un primer acercamiento serio al tema.

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