De UNESCO, skate park y mandíbulas sacadas… reflexión a diez años de la Declaración

Vista del edificio de la Biblioteca Severín

Vista del edificio de la Biblioteca Severín

Por Carlos Carroza Sandaño, Director Biblioteca Regional de Valparaíso Santiago Severin. Magister en Desarrollo Urbano (PUC) y Profesor de Filosofía (UPLA)

Cuando era niño jugaba a repetir una palabra, la repetía tanto que era capaz de despojarla de todo sentido y significado, la repetía tanto que terminaba siendo una sucesión de letras que se articulaban por los graznidos de mi voz infantil, en que el inicio de la palabra ya no se diferencia con su final, y generaba un círculo de ruido sin contenido ni esencia.

Al crecer me di cuenta que tal acción, solapadamente académica, también se repetía en operadores y articuladores de la ciudad y el país. Me vi bombardeado por una infinidad de palabras que terminaron siendo grafemas de tanto escuchar su repetición.

Eso me pasa cuando alguien en Valparaíso habla de “patrimonio”. No dejo de sentir un cierto escalofrío de incomodidad al pensar que los interlocutores la han repetido tanto que me pregunto si todavía tiene en ellos un asomo de significado.

En 1970, Pablo Neruda pronunció unas sentidas palabras en la ceremonia que fundaba al Comité de Defensa y Desarrollo de Valparaíso, instancia recomendada por el poeta al entonces recién asumido alcalde Sergio Vuskovic Rojo. Defensa porque la ciudad comenzaba a deteriorar y ser arrasada por el empuje industrial. Neruda expresaba que a cada instante a Valparaíso se le saca un diente, una muela, una mandíbula y se pone un cajón de cemento. Vuskovic en la misma ceremonia, habla de la armonía que debe existir entre el puerto, la industria, el turismo y el patrimonio cultural. Si 43 años después seguimos hablando lo mismo, es que algo hemos hecho mal.

El constructo del patrimonio se mastica, pero no se asimila, ni siquiera se traga. Si alguien piensa que la gestión patrimonial son acciones enfocadas únicamente a la recuperación de edificios, no sólo no ha entendido nada, sino que por muy por el contrario contribuye a la destrucción del mismo patrimonio. Destrucción que es simbólica, y que la sola inversión de recursos en ello violenta las necesidades de la ciudad. Entendámonos bien. Mi argumento no está en contra de la recuperación, pero cuando ello sucede a la vera de la ciudadanía, el trabajo no se realiza. La recuperación debe incluir una recuperación simbólica también en la memoria colectiva. El peligro es cuando se entiende recuperación como sinónimo de Gestión Patrimonial.

Vista nocturna de Valparaíso

Vista nocturna de Valparaíso

La noción de monumentalidad de nuestro patrimonio resulta hoy insostenible y reconstruye ideologías de dominio bajo un eslogan insoportable de regeneración para el turismo de intereses especiales. Entonces la pregunta es: ¿para quién es este patrimonio?Ciertamente no es para el niño o la niña de Puertas Negras, de esos que dice la leyenda que nunca han bajado al Plan, que ve en televisión un Valparaíso que ellos no conocen y que muchas veces les es negado. Un Valparaíso que los gentrificó a ellos y a su familia, a ellos y a sus otros, con el fin de dejar un terreno vacío para la regeneración de un loft que finalmente terminan siendo segunda vivienda para el bohemio burgués que viene buscando el folclorismo provinciano de la vida de barrio.

Concebir así el patrimonio es deshumanizarlo, perderle sustancia, y convertirlo en como argumenta el profesor Pablo Aravena, un exotismo que ha perdido toda inteligibilidad. Se transforma en una práctica de hechos y acciones, por cierto nunca encadenadas, sino que trabajadas en la medida de lo posible, frase que aún nos aterra en el devenir de los público.

La gestión del patrimonio no debe ser nunca una acción, debe ser una disciplina, debe permear la planificación de la ciudad y de los territorios, debe ser un “cómo hacer” en vez de “un hacer”. Pero claro, eso presupone que exista una planificación y es difícil hacerlo cuando en la Ley Orgánica de Municipalidades ni siquiera existe el departamento de cultura, sino que sólo una declaración sobre la misión de ser de los municipios, de hacer participar a la comunidad en el progreso social y cultural. Sí se escucha bonito.

A diez años de la declaración de Valparaíso por la UNESCO la reflexión debe trascender la crítica negativa o la felicitación acomodada, y debe centrarse en un sentarse con los demás actores de la ciudad para prevenir la inauguración de un skate park frente a un Monumento Nacional y hacer patrimonio con todos y para todos, no sólo para el tour operador o el hotel boutique, no sólo para que el habitante se transforme en escenografía o peor aún en animal exótico en exhibición. El patrimonio es cómo deambulamos en la ciudad, con todos haciéndola. El patrimonio es parte del derecho a la ciudad, parte del deber ciudadano y parte estética de la política.

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