Dar jugo

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La piña es un fruto tropical. Eso significa que crece en los trópicos. Los trópicos son un área demarcada por un par de paralelos. Los paralelos sirven para delimitar los trópicos. Me encuentro a miles de kilómetros de esa delimitación paralélica, sin embargo acabo de picar una piña que conseguí a cambio de unas monedas en un supermercado a no más de cincuenta kilómetros de aquí. El market, el money, el capital.

Por Cristóbal Valenzuela

En este contexto, en estas latitudes galácticas, la piña es un fruto austral. Se da en los supermercados de Puerto Natales y uno puede consumirla por la mañana en la Villa Tehuelches. Los paralelos entre la piña y su hogar natural, se desvanecen. No hay razón para pensar que por estar separado por miles de kilómetros y varios paralelos, no pueda uno disfrutar de una piña. Un fruto raro para estas latitudes que tiende a los frutos de tamaños reducidos. Un calafate podría perfectamente perderse entre las hojas de una piña, doce frutillas silvestres ser aplastadas sin esfuerzo por el peso de una piña, entre otros. En realidad no hay otros. Exótica por su sabor, famosa mundialmente por su color amarillo crepúsculo y envase de medio litro desechable, además de los chicos en traje de baño corriendo con sus lentes de sol bajo las palmeras de algún falso trópico y entrando en el mar a saltos, sonriendo, aún con los lentes de sol calzados(no sé cuál es la palabra acá, calzados es para el calzado, ¿lenteados?) y con una botella de Kem, tu sabor tropical, en la mano. La piña de jugo. Su jugo no se parece en nada a lo embotellado detrás del logotipo en rojo sobre fondo amarillo.

kempiñaKem no es piña. La piña es piña. Amarga a veces, pero la mayoría de las veces dulce. Ácida, escuece en las heridas de alrededor de las uñas cuando uno se ha pasado de la raya mordiéndose los cueros. Diurética. Aromática. Divertida. Con un estilo simpático que brota de esas hojas como mechas que le salen de la cresta. Puedes arrebatar los lentes de sol a los muchachos del comercial de tu sabor tropical y ponérselos a la piña y se verá como “alguien”. En una de ellas vive Bob Esponja, y debajo del mar. La piña da jugo. El resto, todo el resto, es dar jugo.

SOY UN VIUDO MÁS DE LA JUGUERA RADIAL

La Juguera Radial, era como una piña en Magallanes. Un paralelo que merece explicación. Rara, exótica, de otras latitudes, pero instalada en el corazón de Valparaíso (seguimos con las siutiquerías), en una radio universitaria que lleva el nombre de ValentÍn Letelier, que no tenía idea de quién fue hasta que escuché la radio por primera vez, cuándo era muy chico, en casa de unos falsos tíos (como la piña hecha Kem), o tíos postisos, unos conocidos a los que no se acostumbraba a llamar por sus nombres y a los que se les denominaba tíos. O tías, en el caso de las mujeres.

chandiaEstos tíos escuchaban la ValentÍn Letelier, la radio de una universidad de Valparaíso en su casa del Cerro Los Placeres. Un placer de radio, en ella una voz de varón. Valentín Letelier, nombre que también es útil para nombrar alguna que otra calle en el territorio nacional, fue un tipo al que se le puede evocar nombrando una radio. Un renovador, no de zapatos (o calzado) sino de la forma en que acostumbramos a vivir el cotidiano, en un área emblemática y por ahora emblé-mediática: la educación.

Renovar es hoy en día aparentemente menos interesante que innovar, sobre todo en este período de regencia de la piña, es una tarea fundamental en todos los ámbitos o áreas. Incluido el calzado. El ciclo vital de los empeños individuales y colectivos, de que continúe la Renovación en su Constitución. Este país, bajo el gobierno de un miembro de Renovación Nacional, no está al margen, pero aquí hablamos de la renovación como un fenómeno y no como un nombre para enmarcar a fenómenos.

La Juguera Radial, tal vez sin innovar, renovó la radio que había conocido de niño en la casa de míos tíos Kem. La idea que me quedó por años de la Valentín, era la de una radio de viejos. Cuándo digo viejo, digo persona con más de ciencuenta velas apagadas en el último cumpleaños, eso comparado con mis recientes ocho o diez velas apagadas cuando la escuché por primera vez. La Valentín Letelier se me cruzó de nuevo en el camino cerca del inicio de la década pasada, los 2000’s, fui a ver unas obras de teatro del Festival en pequeño formato organizado por la universidad. Cuando las carreras de teatro aún no se reabrían, la Universidad de Valparaíso aventuraba un esfuerzo por renovar la escena regional. Renovar en otra área emblemática: la cultura. Eso en la Sala el Farol, conectada precisamente con la radio de la que estoy hablando. Un coctél sin alcohol me plantó fuera del estudio de la radio. Ya rozando las veinte velas, con varias piñas comidas, y coladas, La Radioneta y la Valentín eran cosa común en las distintas casas porteñas que visitaba por ese tiempo, entre ensayos de teatro y visitas a compañeros o profesores de otras áreas. La voz inconfundible de la Valentín (no recuerdo el nombre del propietario de esa voz en este momento), el señor de la voz profunda (que no es lo mismo que garganta profunda), aparecía en los parlantes porlvorientos en cerros o en el plan.

ljCuándo comenzamos con un par de ilusos hermosos a hacer teatro, ya entrando en esta década, los 10’s, con el afán de renovar el panorama teatral en Valparaíso, para nosotros fue un placer encontrar en la Valentín Letelier el espacio para ir a hablar de esta idea, que sigue siendo una idea más que una acción concreta, por cierto. Porque para quá andamos con cosas, eso de renovar no es llegar y pornerle tinta a un pelón, como si la situación del arte y la cultura fueran un zapato pelado por el mal uso.

La Juguera Radial, conducida por la Ale Delgado, nos recibió gustosa y nos permitió exprimir nuestra idea frente a los auditores. La audiencias de la que éramos parte, ahora recibía el jugo de nuestra conversación, endulzada por el afán de nutrir de este jugo exótico a los habitantes y los paseantes de Valparaísso. Online se extiende al resto del globo. Los que escuchamos La Juguera sabemos de qué va el programa, de qué iba el programa, los que no la escucharon deben recurrir a los podcast, a los comentarios, a la idea de otro fantasma de Valparaíso, otro naufragio en el área emblemática. Valparaíso en este aspecto es más peligroso de navegar que el Cabo de Hornos. No hay más jugo de piña en la bahía, se acabó el líquido exótico de otras latitudes para las orejas y cerebros de estos paralelos. Sin siquiera proponérselo los que organizan este cuento en la zona, siguen dando jugo y se cancela un espacio que a la usanza de Valentín Letelier, materializaba la idea de renovar las ondas radiofónicas, concretando algo que tantos hacemos sentados conversando unas cervezas o vino, siempre conversando, siempre hablando, como si estuviésemos en la radio, pero sin estar en ella, como si nos oyera una gran audiencia, como la sedienta audiencia de

lajugueraLa Juguera (no una masiva audiencia, no confundir, una gran, no voluminosa), a poco volumen, desde su computador, desde su portatil, desde su equipo, en casa, en el café, en el ensayo, en el taller, en la oficina, en Valparaíso, Villa Alemana, Punta Arenas, Holanda. Ay ay ay. Seguimos dando jugo, cerrando espacios, construyendo edificios en altura, gastando plata en vez de invertir recursos.

La piña da jugo. La piña es un fruto exótico. La Juguera Radial es una especie exótica en el concierto radiofónico local. Tenía un espacio dedicado a hablar de teatro. Eso me basta y me sobra para tener la libertad de dar este jugo y comentar este cierre y extenderme tanto. No tengo el nombre del jugoso responsable del cese de transmisiones de La Juguera, pero que jugo más lamentable y digno de tirar al desague. Jugosos, por favor, parad de exprimir sus frustraciones, dejad sus ideas dentro de vuestras cabezas, porque nuestra sed no es de jugos de los vuestros, nosotros somos sedientos del néctar que emana de la jarra de La Juguera.

LJM_5 portadaLa Juguera Magazine, algo así como tomar helado de piña, una presentación diferente de estos nutrientes, ahora carece de los recursos para continuar.

De sejugo(sic) que La Juguera continuará. En ambos formatos. Onda y papel y web y podcast. La sed solo se acrecentará en

estos días de pausa. No pueden dejarse estas determinaciones en manos de jugosos, no pueden dejarse estas acciones por recursos que nunca han sido fáciles de conseguir y que siempre han chorreado sobre las bocas llenas y sufrido el lanzazo de falsos promotores culturales, de los que abundan en la fauna cívica de la región. Tipos con sendas fachas, desfachatados. Honorables horrorosos secos para la falsificación de documentación, soltar facturas truchas, mandar a los artistas a la chucha y orquestar un tongo alrededor del tango para meterse al bolsillos los mangos.

Nosotros nos meteremos la mano al bolsillo para sacar las lucas que signifique la suscripción a La Juguera Magazine 2014 y estaremos con las pailas atentas para cuando vuelva al aire la piña radial, esa juguera exótica que es hidratante y restaurante de las energías que orbitan la joya esta, llenas de joyas y de joyas, de jugos y jugosos.

 

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