Danilo Llanos de Teatro La Peste: “Hay un deseo de poder subvertir la catástrofe y transformarla en dimensión creativa”

Fotografía: Daniel Labbé
Por Sandra Rojas

Danilo Llanos no es partidario de referirse al teatro con un apellido local; tampoco le gusta encasillar el imaginario creativo porteño. Aun así, el codirector del Centro de Investigación Teatro La Peste tiene una visión bastante crítica —aunque esperanzadora— respecto al movimiento escénico en la ciudad de Valparaíso. Sobre todo de cara a este nuevo cambio de paradigma que, adelanta, podría modificarlo todo. 

Para este actor, director y docente teatral, la clave está en complejizar el quehacer artístico y proyectarlo desde el deseo. Lo propone basado en su propia experiencia: es egresado del Teatro Escuela La Matriz, licenciado en Artes Escénicas por la Universidad Mayor y tiene un magíster en Artes Mención en Dirección Teatral por la Universidad de Chile. Además, ha dirigido más de 15 montajes teatrales entre los que destacan Secreto de CamarínTodo es Cancha, Mediagua, Error, Negros, Feroz, entre otros.

Conversamos anticipándonos a la Masterclass que dictará para la Escuela de Crítica de Valparaíso (martes 30 de junio, 19 horas Chile), titulada La idea como deseo: ¿Cuál es la escena del futuro? Allí promete no hablar de formas, técnicas, ni estilos, sino más bien poner el centro en la creación y la verosimilitud. 

Si bien ya se ha consolidado algo así como un espacio o identidad teatral en Valparaíso, todavía se siente un poco estancado. Tú mismo has dicho que es una “ciudad miserable”, ¿qué es lo que falta para que se pueda desarrollar plenamente?

-Yo siempre he sido muy contrario a hablar de un “teatro porteño”. Me parece que eso es un lastre muy perjudicial, ya que segmenta y profundiza la idea del centralismo. Creo que tenemos que hablar de un teatro chileno, sin ninguna acotación. Dicho esto, tampoco me gusta hablar de una identidad teatral como una idea de forma, en una especie de estética o discurso construido respecto a una eventual teatralidad porteña. Eso me parece muy nefasto. Lo que sí uno podría decir es que en Valparaíso hay mucha diversidad, muchas posibilidades a la hora de mirar propuestas. Si bien yo he dicho que Valparaíso es una ciudad miserable, no me refiero a lo teatral ni al arte, sino más bien a la pobreza que es evidente e insoslayable: es una ciudad miserable porque es una ciudad pobre, y eso evidentemente condiciona y permea todo quehacer.

Creo que en Valparaíso sí hay mucho flujo, mucho trabajo y gente que está haciendo cosas. Aunque también creo que hay puros intentos de todo, puros esbozos de algo, cosas que aparecen y se diluyen. Tal vez ahí puedo dialogar contigo respecto a esta idea de lo estancado, ya que es muy tibio y eso no ha cambiado. Me parece que realizar tu oficio en esta ciudad, que es una ciudad pobre, miserable, es una acción bastante osada en sí misma, pero aun así hay un accionar generalizado en donde todo carece de riesgo, sin habitar zonas desconocidas ni transitar por espacios que no hayan transitado otros. Me parece que hay propuestas, imaginarios interesantes y seductores que están apareciendo, pero para que no sean solo insinuaciones hay que contaminarse.  

  —¿Y cuál es el papel de la crítica teatral en ese proceso? ¿Hacía dónde debería enfocarse y de qué forma aporta al avance de la escena local y nacional?

 —El papel de la crítica es importante, ya que todas las instancias que puedan nutrir un dispositivo teatral en la ciudad son bienvenidas y la crítica es eso: un espacio dialéctico de reflexión, de feedback y de complejización de la escena. Y desde ese punto de vista, la crítica juega un papel primordial, ya que toma distancia, ese es su rol y no catalogar de “bueno” o “malo” algo, sino que hacer circular procesos de pensamiento respecto a lo visto, lo escuchado y lo percibido, sin establecer ningún tipo de juicio de valor. Repito: complejizarlo. En la crítica debe haber una reflexión compleja, teórica y con posibilidades expansivas. 

Cómo evalúas la formación académica y/o autodidacta de los actores en Valparaíso? ¿Es un punto débil al momento de proyectar la escena teatral?

 —Así como en todo el mundo, hay actores y actrices que se han formado en la academia y otros que no. En mi opinión, haber estudiado en la academia no te asegura un movimiento ni una eficacia teatral, te asegura otras cosas. Lo que sí, si has decidido seguir un camino autodidacta tienes que ser el triple de estudioso y riguroso, pero no sé si ese sea un punto débil para proyectar la escena teatral. Uno puede establecer una vía académica o autodidacta, pero si no hay una rigurosidad, una disciplina o un deseo de complejizar tu oficio y contaminarse, da lo mismo dónde hayas estudiado. Creo que es otra la pulsión para proyectar la escena teatral. Hay una cuestión que tiene que ver con el rigor, y eso te lo va dando el camino.

“Fronteras”, Centro de Investigación Teatro La Peste

¿Cuál es la principal autocrítica o desafío pendiente que podrías señalar como codirector del Centro de Investigación Teatro La Peste?

 —Más que una autocrítica hacemos una revisión a nuestras propias prácticas y hemos percibido un desapego —algo que ahora estamos tratando de resolver—con nuestro propio archivo y con nuestra memoria como compañía, tanto con los afiches, las imágenes, los videos. Nunca les pusimos un valor importante y creo que ahora está siendo tremendamente necesario y estamos en ese proceso, en la idea de recuperar nuestro archivo y poder sistematizarlo. Pensamos incluso establecer publicaciones respecto a estos veinte años de trabajo. 

Cambio de Paradigma

 En medio del confinamiento por la crisis sanitaria y con el objetivo de no frenar el imaginario creativo, La Peste decidió experimentar en los espacios digitales. Así surgió Escenas Encerradas, una instancia de transmisión online que partió con ciclos de lecturas y ya estrenó su primera obra: HACHA. Protagonizada por Katty López, la propuesta presenta una mirada a la última escena del clásico Casa de muñecas de Henrik Ibsen. 

En esa misma línea, Danilo adelanta que ya están trabajando en una segunda experiencia: “Es una pieza corta de Háblame como la lluvia y déjame escuchar de Tennessee Williams, pensándola como una trilogía para ser propuesta en este concepto de Escenas Encerradas. Hemos sostenido un proceso de investigación acotado e intenso, pero creemos que va a ser una experiencia rica desde el punto de vista de la investigación actoral y escénica”.

“Feroz”, Centro de investigación Teatro la Peste

Respecto a Hacha, la obra lleva una acotación: “esto no es teatro”, apuntando quizás a este nuevo formato digital debido a la crisis sanitaria. ¿Crees que es posible mantener algunos atributos de las artes escénicas en las plataformas virtuales?

 —Al proponer la bajada “esto no es teatro”, lo que intentamos es instalar ahí una provocación para discutir. De esa forma, al partir la obra ya se genera una interrogante. El ejercicio de Hacha y toda la propuesta de Escenas Encerradas es un ejercicio que lo hacemos personas que estamos en el mundo del teatro, por lo que todo lo que se proponga allí va a ser en esa dimensión. Nuestro quehacer está vertido desde ese lugar; no tenemos otras herramientas. Pero a nosotros no nos interesa, en esta época de cambios de paradigma, poner una nomenclatura “X”, sino que más bien nos interesa habitar el paso que estamos viviendo y desde allí poder construir. Lo interesante de estos cambios de paradigmas es que tenemos la posibilidad de descubrir otras proxémicas, otra idea de acontecimiento escénico que ocurren en este espacio que también despliega un fenómeno aurático. 

Entonces, lo que podemos definir como experiencia escénica está por venir. Creo que es muy apresurado intentar catalogar; hay que dejar que pase algún tiempo habitando este espacio porque no va a reemplazar al teatro. Es un momento en el que estamos depositando nuestro cuerpo allí para poder complejizar el propio quehacer. Y los atributos de las artes escénicas también serán puestos en tensión, serán matizados, expandidos, re estudiados, redefinidos, revividos y reconocidos para poder habitar estas prácticas siempre desde un lugar de la creación. 

¿Puedes realizar algún diagnóstico del contexto social, en plena pandemia y posterior a un estallido popular? ¿Cuál es la proyección de ahora en adelante? 


 —Mi diagnóstico no es muy distinto al que hacen otros compañeros y compañeras de trabajo: estamos en una situación desastrosa, una situación de absoluta precarización y desamparo. Sin embargo, desde ese lugar intentamos también proyectar y acompañarnos con otros que están en lo mismo. Las proyecciones son a corto plazo, entendiendo que estamos en el medio de un cambio de paradigma y todo lo que venga va a estar teñido y condicionado por ello. En ese sentido, hay que estar muy alertas, muy sensibles a ese cambio que va a transformarlo todo. 

Con ese diagnóstico catastrófico, con esa incertidumbre, también hay un deseo de poder subvertir la catástrofe y poder transformar eso en una dimensión creativa, que es básicamente lo que estamos proponiendo con Escenas Encerradas. ¿Cómo no abrumarnos por aquello que está en nuestro entorno, sino que subvertirlo y transformarlo en una operación creativa? Creo que la posibilidad de seguir creando puede salvarnos la vida. En este punto de inflexión, poder imaginar un futuro posible se ha transformado en un deseo personal que me está inquietando y movilizando. ¿Qué pensamos hoy cuando pensamos en un futuro? Eso me parece tremendamente seductor.

La idea como deseo: ¿cuál es la escena del futuro?
Martes 30 de junio
19:00hrs
Inscripciones en https://bit.ly/masterclass-dllanos

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