Cuarentena, sexo y juguetes

Una mujer le regala un dildo a su madre. Una pareja juega mutuamente con estimuladores anales mientras sus hijos duermen. Dos solteros menores de 35 experimentan con su primer vibrador. El encierro forzado, el peso de la rutina y el descubrimiento del autoplacer y de nuevas prácticas en pareja provocaron un insólito aumento en las ventas de artículos sexuales en Chile, en abril pasado. La tendencia es global e imparable; una llama que crece. 


Por Pedro Bahamondes Chaud

 

El sexo siempre fue bueno y sigue siéndolo para ambos. Después de 10 años y dos hijos, sin embargo, algunos términos cambiaron en la vida sexual de Gonzalo (42) y Manuela (39). Antes de ser padres lo hacían en cada rincón de la casa y a lo menos diez veces por semana. También armaban tríos, participaban de swingers y una vez fueron a una de esas fiestas privadas de orgías muy al estilo de las de Ojos bien cerrados, la película de Stanley Kubrick. Pero cuando Manuela quedó embarazada por primera vez dijeron no más y buscaron nuevas opciones. 

Vieron su departamento llenarse de juguetes de sus hijos, hoy de cuatro y tres años, y consideraron justo tener también los suyos. El encierro de la cuarentena lo precipitó todo: compraron por internet a comienzos de abril, y recibieron su pedido recién el lunes 13 de ese mes. Lo recuerdan perfectamente: ese día la comuna donde viven salió de la primera cuarentena total, y a Gonzalo, publicista de profesión, le avisaron en la agencia donde trabaja hace cuatro años que su contrato quedaba suspendido por tres meses. Ya son más de 450 mil los trabajadores en la misma situación en Chile como consecuencia de la pandemia. 

“Compramos de todo un poco, la verdad –cuenta Manuela, diseñadora de vestuario e ilustradora–. Yo compré un vibrador de 20 centímetros, porque tenía uno más chico y ya ni lo usaba. También lubricantes con sabor y condones, además de lo que se compró Gonzalo, que está buenísimo. Todo lo otro que te nombré es un condimento muy rico en una comida, pero con lo que estamos jugando ahora, uf, te cambia el menú completo”.  

Gonzalo muestra orgulloso a la cámara su nuevo juguete: es un Bootie Ring, cuenta, un anillo para el pene que intensifica la erección y que al mismo tiempo masajea con la parte posterior el perineo, zona de muchísimas terminaciones nerviosas que estimulan la próstata. El placer anal y prostático sigue siendo un terreno inexplorado entre hombres heterosexuales, al menos públicamente. “Una vez lo conté entre amigos muy cercanos y solo recibí burlas”, recuerda Gonzalo ahora. 

“El occidentalismo nos ha enseñado a los hombres a creer que el placer solo lo tenemos al eyacular. Bueno, a los que lo sigan creyendo les digo que no tienen idea de lo que se privan al no conocer su próstata —agrega. Llegar ahí para un hombre hetero está prohibido; si lo haces, eres gay o curioso, y no tendría problema en decir que soy gay pero me identifica más lo último. Yo descubrí un punto de placer fundamental en mi cuerpo, y no lo habría hecho de no ser por este aparato que bien llaman juguete sexual, porque a lo que te obliga es eso, a jugar. Antes de acostar a mis hijos todas las noches juego con ellos. Cuando se duerme, es nuestro turno”. 

Un negocio en llamas

Ya no son extraños en casa, ni duermen durante meses en el velador. 

Erick (27) y Claudio (28) llevan casi 5 meses pololeando. Viven juntos en el cerro Santo Domingo de Valparaíso, y acostumbrarse el uno al otro y en medio de un encierro obligado no les ha sido fácil. 

“Compramos anillos vibradores, aceites y lubricantes raros, más que nada dilatadores anales. Ya teníamos un dildo más o menos grandecito, pero esta vez lo hicimos para desestresarnos y variar un poco”, cuenta el primero de los dos. “En cuarentena no hay mucho más que hacer, así que el sexo es muy buen pasatiempo, sobre todo si es con tu pareja. Hay varias cosas que nos gustaría hacer más adelante también respecto a esto mismo, como tríos por ejemplo. Ambos lo hemos hecho por separado, pero nunca juntos. Ya habrá tiempo, pero mientras tanto los juguetes nos salvan y evitan que uno se aburra o caiga en la rutina”, agrega.

La plataforma de investigación Civic Science realizó una encuesta reciente a 6 mil adultos en los Estados Unidos, y descubrió que más de una cuarta parte de ellos usa más juguetes sexuales desde que entraron en cuarentena. El 23% eran mujeres, el 30% hombres. Otro estudio del sitio Tracy Dog, de una muestra de 3 mil personas, arrojó que el 57% de los encuestados planeaba comprar juguetes durante el confinamiento. Según un informe de Los Angeles Times, en ese país hubo entre un 30% y 100% de aumento en las ventas del rubro desde enero pasado. Nada mal para una industria que reportó ganancias de 32 mil millones de dólares durante el 2019. 

En Italia, otro de los países más arrasados por la pandemia, las ventas de artículos sexuales crecieron en un 60%, y en Canadá en un 135%. No todos los negocios están cayendo como efecto de la crisis del Covid-19, y este es uno de ellos. Chile no es la excepción: si bien las cifras son menos claras y oficiales, algunos de sus principales puntos de venta a nivel nacional están sacando también cuentas alegres. En ciertos casos, hasta el 200% más de lo recaudado en años anteriores. 

El fenómeno no solo atrajo dinero, dicen, sino a toda una nueva camada de clientes. 

“Los que la están llevando y corriendo más riesgos hoy son las parejas”, comenta Jane Morgan. La ingeniera comercial llegó hace 18 años desde Estados Unidos, y en 2006 creó la conocida tienda Japi Jane, pionera en el rubro de la venta de artículos sexuales en Chile. “No me gusta hablar de cifras porque se malinterpretan de muchas maneras, pero sí te puedo decir que, generalmente, marzo y abril son los peores meses del año en ventas para nosotros, y este marzo y abril fueron como Navidad; los mejores meses del año”, agrega.

Una joven que trabaja como repartidora en una cadena de delivery en convenio con Japi Jane, cuenta que el 23 y 24 de marzo pasado, a horas de comenzar la primera cuarentena total en la Región Metropolitana, hizo un total de 41 despachos en seis comunas. “Después de eso las ventas se dispararon mucho más –asegura-, y tienes que considerar además que los repartidores somos varios por zona, más de 10. Yo la verdad comenté esto como anécdota entre amigos, pero al parecer algo más profundo estaba pasando con el tema sexual”.  

Japi Jane

“Todo lo que tenía que ver con sexo se prestaba para el chiste, el doble sentido. Era una manifestación del pudor, evidentemente, y muy pocos tomaban la sexualidad en serio, pero eso ha cambiado” —retoma Morgan. “Hoy muchos lo consideran una parte fundamental de la salud, y tener una buena sexualidad es señal de una buena salud también. Antes no estaba ni siquiera en el mapa de cosas importantes de la vida, y ahora es un asunto transversal del que muchos se hacen cargo. Nosotros decimos que nuestros clientes son mayores de 18 años, de toda clase social y rango profesional, y pueden llegar fácilmente hasta los 70, o más. Vienen solos, en pareja, con amigos con ventaja. Años atrás esto parecía imposible”, añade. 

Radicada en Chile hace cuatro años, la médica de origen venezolano Luisángela Fermín (30) abrió también su tienda virtual Ola Placeres Shop en noviembre pasado, a pocas semanas del estallido social. Un viaje a Barcelona la hizo poner sus ojos en este negocio, cuenta, y a diario lo complementa con sus estudios especializados en sexología. Al comienzo, recuerda, las ventas iban bastante lento: en una semana hacía cuanto mucho dos envíos, pero en cuarentena pasó de dos semanales a uno diario, luego a tres y actualmente a siete pedidos por día. 

Los productos favoritos se repiten en casi todas las tiendas: vibradores, estimuladores de clítoris y próstata, huevos masturbadores para hombres, lubricantes, aceites y hasta juegos de mesa. Uno de los más vendidos es el We-Vibe Sync, un vibrador diseñado para ser usado en pareja y cuya intensidad se controla a través del teléfono. 

“El uso de juguetes se ha incrementado y diversificado muchísimo. Cuando declararon cuarentena total la gente empezó a llamar desesperada. La mayoría dice que no quiere pasar la cuarentena solos. Fue un impacto para mí”, comenta Fermín. Y agrega: “Siempre me toca prestar una especie de asesoría a mis clientes, y es lo que más me interesa hacer, promocionar e inculcar los beneficios del autoplacer para la salud. Todas las personas deberían ejercerlo. En el caso de los que tienen sus parejas estables, lo hacen para variar la rutina. Incluso en las relaciones más ‘sanas’ tienes que hacerlo, y la cama es un buen lugar para partir. Hay un avance en ese aspecto de la sexualidad, una nueva curiosidad, pero hace falta mucha educación al respecto”.  

Otra tienda que ha expandido su caja de ganancias es Sexo Sex Shop, que después de octubre tuvo que cerrar forzadamente las puertas de su pequeño local en un segundo piso a pasos del Metro Cumming, en Santiago. Así y todo, Pedro Vergara (38), su dueño, dice que las ventas por internet han aumentado considerablemente a partir del año pasado, y más en confinamiento: “Me he dado cuenta que hay algunos clientes que están, no sé, desesperados. Uno nos dijo el otro día: ‘Lo único que puedo hacer es tener relaciones con mi pareja, necesito comprarles algún producto (ríe)’. Creo que lo que él dice va a lo más esencial del asunto: la independencia del placer”.

Seguir con el negocio, sin embargo, no ha sido fácil. Acceder a su propia bodega en la comuna de Independencia se ha vuelto cada vez más difícil, cuenta. Los tiempos de entrega se han alargado, por tanto, y ha tenido que desechar encargos. Lo mismo con ciertos envíos a zonas en cuarentena. Sin embargo, Vergara advierte que la peor falta que se puede cometer en este negocio sigue siendo la de romper códigos de privacidad con sus clientes. Aun en tiempos de cuarentena y desesperación, romperlos es romper también con su confianza.

“Antes de comprar quieren saber cómo les va a llegar el producto, quién lo va a traer, qué dice la etiqueta”, revela. “Buscan puntos de confianza para que nadie sepa lo que están comprando, y esto pasa tanto con hombres como con mujeres, y de todas las edades. Piden que les cierren la tienda solo para ellos, o que los atiendan personas de su mismo género, porque les da vergüenza. Ayer nos compró un chico de 20 años y le daba mucha plancha comprar porque no sabía en qué condiciones le llegaba el producto a su casa. Otro nos pidió que viniera muy bien envuelto y que la entrega fuera ‘discreta’, porque él mismo lo iba a recibir en conserjería. Cosas como esas suceden siempre y creo que es porque no se ha perdido tanto el pudor como dicen”. 

Para el sexólogo chileno y autor del libro Me aburrí del sexo, Rodrigo Jarpa, el explosivo y reciente interés por los juguetes sexuales responde a una mezcla de factores: “Obviamente, el principal es el contexto de distanciamiento físico y la búsqueda del placer auto-gestionado, para el que los juguetes pueden ser un tremendo aliado. Pero también se junta con la mayor apertura que se viene dando desde hace tiempo con el consumo de estos productos”, señala. 

“Por otro lado, la visibilización del aumento de ventas genera un circulo virtuoso, y en ese escenario muchos solteros y parejas que por estos días han comenzado a mirarse buscando potenciar el placer compartido o solos, ven en los juguetes o elementos externos una alternativa. El placer sexual es un derecho, y es muy positivo que haya quienes estén convencidos de eso”, agrega.

Esto es mejor que mi mano

El primer juguete sexual fue creado en 1869 por el médico estadounidense George Taylor. Era un vibrador a vapor y se usó para curar la “histeria femenina”, supuesta enfermedad que volvía locas de deseo sexual a las mujeres. Los primeros juguetes, sin embargo, datan del año 23.000 a.C; los más comunes estaban hechos de piedra y madera, y fueron populares en las antiguas civilizaciones. En el Antiguo Egipto, por ejemplo, se decía que Cleopatra usaba una especie de forro de cuero fino lleno de abejas, y que al zumbar sentía placer. Otros decían también que tenía un consolador de oro macizo, obsequio de su amante romano Julio César. 

Esa clase anécdotas y mitos le fascinan a Claudia (28). Días atrás tuvo que contarle las mismas historias por videollamada a Patricia (50), su madre, para convencerla de darle al menos una oportunidad al vibrador de 15 centímetros que le regaló hace ya casi un mes. Lo encontró en un sex shop por internet, no le preguntó nada a nadie y se lo envió de regalo por correo a su departamento en el centro. Apenas lo recibió y desenvolvió, su madre la llamó por teléfono.   

“Al comienzo la noté un poquito descolocada, pero al rato se estaba riendo y diciéndome que yo estaba loca”, cuenta Claudia. “Mi mamá se separó muy joven y ha sido siempre muy polola, pero está soltera hace rato. Yo sabía que estaba que cortaba las huinchas, porque su vida sexual es bien activa, no te creas que no, entonces pensé que un regalo como este podía serle útil, algo novedoso. Mi mamá nunca fue de masturbarse, ni de joven, pero yo sé que lo ha usado. Me contó. Obviamente, se moriría de vergüenza antes de darte una entrevista. Yo le hablé de tu artículo, en todo caso, y mandó a decir, en pocas palabras, lo mismo que me dijo a mí: ‘Esto es mejor que mi mano, mejor que un hombre incluso’.  

A fines de marzo pasado, y como difusión del Mes de la Masturbación, mundialmente celebrado en mayo, el Departamento de Salud de Nueva York emitió una guía con consejos para “disfrutar del sexo y evitar la propagación del Covid-19”. La recomendación es tener relaciones sexuales con ellos mismos y con quienes vivan. “Usted es su pareja sexual más segura –se lee en el texto.–La masturbación no propagará el Covid-19, especialmente si te lavas las manos (y cualquier juguete sexual) con agua y jabón al menos 20 segundos, antes y después del sexo”.

En días como los que corren, usar juguetes en la cama se ha vuelto más seguro que tener relaciones con la pareja o el amigo sexual más cercano. Y hay quienes toman esos resguardos. 

“Está complicado invitar gente a la casa o ir uno a la casa de otro por el tema del virus y el riesgo que corremos. Yo vivo con personas de tercera edad; mi madre tiene 80 años, y mi padre 71, no puedo ser irresponsable. Yo nunca había tenido un juguete, y para peor estoy soltero, así que busqué uno hace poco. Le compré un vibrador de 21 centímetros a un chico que es dueño de un sex shop acá en el norte. El descubrimiento ha sido bacán”, cuenta al teléfono Juan Pablo Navarro (32), un trabajador de la mina Radomiro Tomic, ubicada a 25 kilómetros de Calama. 

“El juguete tiene además sus ventajas”, prosigue: “Es más grande y no se cansa. Yo veo porno, fumo yerba y juego. Quedo loco conmigo mismo (ríe), y me ha servido mucho para conocerme. Me independicé de la idea de la necesidad de otro siempre. La imaginación despierta estando solo, y uno empieza a tensar sus propios límites y a ver qué le gusta, qué no, hasta dónde llega. Es más placentero que cuando eres pasivo y dejas que te la metan. Es más higiénico también, y juegas como quieres, sin depender de otro”.

Japi Jane

Elsy (32) también es una novata en el consumo y uso de juguetes. Sus amigos le decían insistentemente que se comprara uno, que no sabía de lo que se estaba perdiendo. La cuarentena la convenció como a tantos otros y compró por internet un vibrador estilo “conejito”, muy popular entre mujeres jóvenes. Llegó a su casa a principios de abril y lo recibió su mamá, cuenta.  

“Yo no tenía tan resuelto el tema sexual conmigo misma, y después de probar un poco me puse a averiguar más. Y claro, no existe solo el orgasmo del clítoris, está el punto G y también otras zonas. Muchas mujeres como yo no tienen idea de esto. En el sexo también siempre fue algo más superficial y a nivel del clítoris, que según yo es lo más fácil de estimular, pero con esto sentí algo completamente distinto, mucho más profundo. Vi una galaxia, las estrellas. Nunca lo sentí cuando me masturbaba, ni con ningún otro hombre, y eso sí puede ser un problema; que la vara quede muy alta y ya no quiera hombres sino juguetes cada vez mejores”, agrega. 

Ni un artículo sexual reemplazará el contacto con otra persona, opina Luisángela Fermín. “Son más bien un complemento, un auxiliar. En sexología se recomienda el uso de juguetes o auxiliares para las terapias de algunos tipos de patologías, como la anorgasmia en mujeres. Y se hace justamente para salir de la rutina, cambiar ciertas ideas en sus pensamientos, y nunca-nunca para suplantar a una persona. Es igual con los succionadores de clítoris; muchas mujeres creen que después de usar uno no sentirán lo mismo cuando las penetre un hombre, y no es así. El cuerpo tiene memoria, y si se desarrollan ciertas parafilias hay que trabajar y estimular otras áreas sensitivas del cuerpo, que las hay de sobra”.

Jane Morgan concluye: “En esta pasada, yo me quedo con la aparición de todas esas mujeres que valoran más que nunca el autoplacer. Siempre fue algo secundario y ahora, por distintos motivos, tienen espacio y las ganas de que sea más importante en su rutina de autocuidado. Muchas ocupaban Tinder o tenían amigos con ventaja, y en este tiempo que están sin todas esas opciones se dan cuenta de que pueden autosatisfacerse y que puede ser increíble hacerlo. No es necesario depender de otro. Yo espero que estos hábitos se mantengan después, porque autoatenderse siempre va a ser elemental. Por lo que hemos visto, al menos, este tiempo raro va a reafirmar lo que muchos ya veíamos, y es que los juguetes sexuales ya son parte de nuestras vidas, pero que siempre pueden serlo aún más”.

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