Crónica de un aparecido. En torno a los orígenes de Worm y su primer año de vida

worm-galería

Por Francisco Gabler L.*

La historia detrás de cada proyecto resulta, no pocas veces, ser tan importante como la iniciativa misma. Es por eso y en vista de que en abril pasado se cumplió un año desde que entró en escena Worm, nos llama en estas líneas hacer una pequeña visita al panorama, ideas y sensaciones que conformaban el ambiente cuando llegamos a nuestro espacio.

Mediados del año 2012 significó para algunos de nosotros, no sólo el reencuentro entre viejos amigos, sino también pares. Luego de cierto tiempo sin vernos, un par de años a decir verdad, de pronto nos hallábamos viviendo bajo el mismo techo (pues yo venía llegando de la vecina Viña del Mar) un escritor/músico, un artista visual y alguien con planes de serlo. Todos teníamos en mente hacernos un espacio en el plano cultural y artístico de Valparaíso, pero no sólo con ganas íbamos a lograrlo. De hecho, a pesar que los dos primeros se las habían arreglado para tener cierta presencia en el medio, uno con un Fondart para un libro-objeto y otro con muestras en el Centex y Casa E, tenían la agridulce sensación de que sólo eran coqueteos furtivos y esporádicos con la institucionalidad. Y es que los espacios de exhibición en aquella fecha no eran numerosos y su agenda estaba copada en gran parte por artistas que provenían de Santiago, consagrados y no tanto, o por los que ya no calzan en la categoría emergente ¿Por qué no había más cabida a proyectos y artistas locales dada la cantidad de espacios formativos en la región? Nos preguntamos.

Mientras tanto, la suerte de muchos era mantenerse en las mismas escuelas de arte de la que habían egresado, en ayudantías, guiando el trabajo de los estudiantes que estaban ad portas de titularse (prontos a  ingresar a un panorama que no era en lo absoluto alentador). Y no era sólo nuestra intuición o lo que simplemente nos había tocado.

¡El que no expone cuando esta estudiando está frito! Era la sentencia lapidaría de un artista visual y galerista local cuando hablaba del sistema y la formación artística.

Fue como una bofetada, pues podía ser algo muy sintomático de las condiciones que observábamos en esta región y en ciertas escuelas. Y al parecer, exponer alguna vez en los recintos de promoción de arte contemporáneo con  presencia y legitimidad eran garantía de nada. Para revertir la situación necesitábamos hacer algo, y lo necesitábamos pronto.

wormFinalizado el 2012, fuimos seis* los que dimos inicio a Worm y la coyuntura era la siguiente: queríamos acceder a la visibilidad del circuito en calidad de artistas, pero éste carecía de apertura suficiente hacia la producción local ¿Cómo hacer para que esas condiciones se volvieran favorables? Si estábamos compelidos a actuar ¿por qué no lo hacíamos del mismo modo que la institución? ¿Por qué no crear una galería?

No obstante un interrogante salía al paso ¿Qué hacíamos con nuestra posición dentro de Valparaíso? Y no nos referíamos sólo a nuestro lugar dentro del circuito, sino respecto a nuestra ubicación en el plan (o sea el centro de la ciudad en jerga porteña). Había ya un polo bien definido de difusión cultural que iba de la mano al desarrollo turístico de la ciudad en torno al puerto mismo (Cerro Alegre). No era necesario replicar ese modelo ya que tenía su propio funcionamiento. Era tiempo de hacerse cargo de los factores que signaban nuestra producción: nuestra circunstancia era vivir en un barrio periférico a los enclaves culturales, lo que significaba vivir al margen de sus estrategias. Pues bien, levantemos nuestro espacio cotidiano dijimos, nuestra casa como lugar de experimentación artística, expresión manifiesta de lo contemporáneo: la cultura en la simultaneidad de aristas según cada contexto. Aquí es donde vivimos, aquí es donde producimos. Y esa experimentalidad se vive diariamente, pues si bien es parte de nuestro plan que la galería dialogue con este (su) territorio, sería ingenuo pensar su presencia sin ningún tipo de resistencia, ya que para el barrio es algo que no está dentro de su horizonte de posibilidades. Y es justo ese hiato el terreno donde generar nuevas formas de diálogo entre la ciudad y la cultura.

Quizás la última palabra la tiene el despliegue de la propuesta en su campo de acción conjugándose con el contexto para dar cabida, mantener e incluso cerrar cada espacio (si es que lo hay). Por lo demás, no somos sólo nosotros, sino muchos más: Espacio-G, Galvez inc, Casa NEKOe, La Pan Galería, Vicente Vargas Estudio y Áncora; o en su versión asociativa CED (Circuito de Espacios Domésticos). Todos estos espacios existen porque responden a los vacíos del sistema con las características de su entorno directo, buscando generar sus propias condiciones.

Si hay algo que queda demostrado con esto, es cómo se abren las posibilidades a pesar de un panorama desfavorable. Y eso es algo que nunca se cierra.

*En la actualidad Worm está formado por 11 personas, entre colaboradores, residentes, además de una amplia red de cercanos que nos ayudan a levantar este espacio.

*de Worm, cantera de arte independiente, integrante de la asociación CED | Circuito de Espacios Domésticos.

Wormgallery.tumblr.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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