Crítica Teatral: “Nacimos para ser estrellas, docu-teatro de la vida cotidiana para olvidar”

Afiche aplicado a web

Por Hilda Pabst

Con una estética rockabilly ultra pop en la indumentaria del team de actores-personas-reales; con un repertorio de canciones que van desde el canturreo de fogata, hasta alguna lirica punketa; con un uso insistente de dispositivos visuales para acreditar el carácter investigativo y docu-real del montaje; con un relato dinámico de pequeños y grandes hitos, deseos o recuerdos en la vida de cada persona-actor; con textos ingeniosos pero incapaces de impregnarse en nuestra memoria más allá de la butaca, en fin, con una diversidad de recursos para evidenciar el mecanismo creativo de la propuesta, “Nacimos para ser estrellas”, resulta un ejercicio teatral muy contemporáneo y eficiente pero altamente olvidable.

O dicho de otro modo, nos hace recordar con profunda intensidad ese notable montaje llamado “El año en qué Nací” donde la dramaturgia tiene realmente algo que decir y donde los recursos visuales (similares a los de este montaje) están al servicio de cada texto y de los “actores”, que en realidad no lo son, pero que logran magníficamente dar con un tono actoral al exponer sus vidas, hasta el punto que el espectador duda si son actores o personas comunes.

A diferencia de ese referente de dramaturgia documental, es bastante poco probable que quien asista al montaje teatral “Nacimos para ser estrellas”, se quede con alguna sensación muy clara o con una evocación potente de los relatos, aparte de conocer algún dato biográfico de los actores-personas-reales en escena y de, tal vez, identificarse vagamente con alguna de las anécdotas que circulan en el escenario.

Aquí el texto español fue adaptado, eliminando todas las referencias a la caída del muro de Berlín, al desencanto de los 90 y a la caída de las torres gemelas, que eran el marco contextual del argumento original, dejando sólo un esqueleto de señas personales e historias íntimas, construidas, según parece indicar la evidencia audiovisual en escena, en una suerte de laboratorio teatral investigativo. Conservaron, como dice la promisoria directora del montaje, Antonella Marín,  “los textos  que hablan del fracaso en el amor, en la familia” y eso está muy bien porque de ese material emotivo e inflamable estamos todos repletos, pero el montaje hace de eso su bandera, permitiendo que abunden hasta el bostezo.

Lo que parece escasear en esta especie de diario de vida escenificado es, precisamente, una trama que de cohesión y que ancle el caleidoscopio de microvivencias a una historia más contundente, que logre resonar en nuestra retina por más tiempo que el destello de las tachas de lentejuelas y brillos de las chaquetas de mezclilla del elenco.

Dramaturgia: Basado en “Años 90: nacimos para ser estrellas” de Pablo Fidalgo y Celso Giménez / Dirección: Antonella Marín Quintero / Asistente Dirección: Génesis Irribarra Riquelme / Compañía: Teatro La Musa / Intérpretes: Daniel Álvarez Leyton, Nely Carrasco Valdés, Pedro Fuentes Cancino, Andrés Hernández Hidalgo, Francisca Zúñiga Miquelin / Diseño Integral: Teatro La Musa / Arte: Loreto QuinteroMoreno / Escenografía: Miguel Alvayay / Fotografía: Enrico Marín Quintero / Audiovisual: Gabriel Bravo Cobb / Producción General: Antonella Marín Quintero y Génesis Irribarra. / Duración: 60 Min.

 

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