Crítica Teatral. “Los Cimientos”: terrorismo cotidiano en la urbe contemporánea

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Por Hilda Pabst

Lo único que sabemos cuando parte la obra Los Cimientos es que hay, hubo o habrá un atentado explosivo (a menos claro, que hayamos leído el texto del actor y dramaturgo alemán Jan Neumann). Todo lo demás se devela en el camino. Cinco narradores, que semejan conductores de un extraño estelar de TV, nos sitúan en una urbe, con ágiles saltos sobre un trazado que evoca con simpleza y efectividad azoteas de impersonales edificios, donde revolotean las típicas palomas de ciudad; una mirada cenital que tiene algo de cinematográfico.

Desde que aparece el primer personaje en escena, un atípico judío-alemán, con una verborrea sin pausa, esperamos que algo suceda, sin embargo, la acción se escabulle a propósito y los personajes siguen apareciendo para ir configurando ciertos planos de detalle sobre sus vidas que confluyen inevitablemente al desastre: un estudiante que busca comprometerse con alguna de las infinitas causas de un mundo que sea cae a pedazos; una madre de familia y asalariada que intenta dar sentido a una vida estandarizada y regida por el status quo, una mujer madura cuyo padre agoniza y un exitoso hombre de negocios. De algún modo conocemos el final, pero eso no importa, es preciso recorrer un poco estas vidas, presenciar cuánta insatisfacción, desasosiego, absurdo, vacío, angustia, ridiculez e ingenua rebeldía son capaces de transitar… como en una sala de espejos las historias se reflejan y contraponen, crecen y se achican, deformadas en su multiplicación.

Conocemos a los personajes, los hemos visto en la micro, el restorán, el vecindario, el metro, la propia vida, el ascensor; existen en Alemania tanto como en Playa Ancha o Aníbal Pinto. Quizá por eso, las directoras del montaje escogieron no adaptar ni modificar el texto original. Y funciona. Un texto crítico, mordaz, con humor negro, pero con capacidad de generar empatía con los espectadores. Pese a su intensidad, contundencia y escasa tregua al oído, la dramaturgia se plasma en una puesta en escena que logra sostenerse sin decaer: actuaciones sólidas y bien templadas; una dirección honesta, con conciencia del público y sin pretensiones desmedidas; recursos estéticos simples, limpios y bien utilizados; equilibrio entre la tensión de los textos y la distensión del pulido trabajo actoral.

Y seguramente, sin siquiera proponérselo demasiado, el trabajo calza, hoy por hoy, con ese delirante y sobrexplotado terrorismo cotidiano… un bombazo en el metro de Santiago nos recuerda que estamos conectados a la demencia del resto del mundo por un paquete que alguien puso en horario prime. Y de golpe somos portada en diarios extranjeros y de porrazo se habla de terrorismo en Chile. Sin embargo nada se dice de la brutalidad del minuto a minuto, del malestar social que recorre las calles, de la esquizofrenia de un modelo de desarrollo que depreda los recursos que son de todos, en fin de las pequeñas y enormes desigualdades que avalamos día a día, con la conciencia aturdida en el voyerismo-exhibicionismo de las infinitas interfaces de las redes sociales.

Afortunadamente el teatro está ahí, a la altura de los delirios de una realidad que se propaga eludiendo fronteras, aun inclaudicable con obras como esta, para permitirnos escarbar y mirar en lo más sinuoso de nuestros propios cimientos.

Proyecto Fondart 2014

 

Ficha Ténica

Dramaturgia: Jan Neumann

Co- Dirección: Alexandra Farías y Javiera Valdivia

Intérpretes: Daniel Álvarez, George Casanova, Gonzalo Díaz, Mileva Reyes y Javiera Valdivia

Escenografía: Mauricio Desidel

Vestuario: Isadora Díaz

Música y sonido: Rodrigo Ríos Zunino

Audiovisual: Carola Quezada, José Bahamondes

Iluminación: Jorge Espinoza

Diseño gráfico: Gonzalo Olivares

Fotografía: Jorge Villa

Asistente de producción: Javiera Valdivia

Producción general: Alexandra Farías

 

 

 

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