Construyendo una imagen de la violencia ginecológica y obstétrica en Chile

Por: Carmen García N.

El año 2018 un grupo de activistas feministas de Valparaíso conformamos la Colectiva contra la Violencia Ginecológica y Obstétrica. Varias de nosotras habíamos recibido denuncias de experiencias de violencia en el contexto de consultas ginecológicas y obstétricas. Dichas historias sumadas a nuestras propias vivencias, nos convencieron de la necesidad de visibilizar y denunciar esta forma específica de violencia, que es parte del continuo de violencia a las que estamos expuestas a lo largo de toda nuestras vidas, en particular, porque la ginecología es una disciplina médica dirigida únicamente a las personas asignadas al nacer como mujeres, a la que acudimos a lo largo de toda nuestra vida, que se desarrolla en un marco de mayor vulnerabilidad y exposición que en cualquier otro tipo de atención médica, patologizando y medicalizando nuestros procesos naturales. 

El proceso de construcción de la encuesta duró más de un año e implicó un profundo trabajo de reflexión colectiva sobre qué constituye la violencia ginecológica y obstétrica, pero sobre todo respecto de cómo esta violencia impacta en nuestras vidas, cuerpos y sexualidad, así como en nuestra relación con lxs demás. Asimismo nos significó un gran trabajo definir lo que se quería consultar, y de qué manera para poder ahondar en las distintas dimensiones en que se expresa la violencia en la consulta ginecológica y obstétrica, por ejemplo en la posibilidad o no de elegir, en la falta de acceso a información, en el prejuicio en torno a la situación de aborto, en el ser juzgadas por nuestras prácticas sexuales y mas aún si desbordan la heteronormatividad que rige a la ginecología y obstetricia (como es el caso de las compañeras lesbianas, por ejemplo), entre otras cuestiones. Aprovechamos de agradecer la lectura atenta y los comentarios realizados por distintas activistas y colectivas, que aportaron retroalimentando dicho proceso.

Nuestra encuesta estuvo dirigida a personas mayores de 18 años, cuyo sexo asignado al nacer fue de mujeres y que hubiesen asistido al menos una vez a servicios de ginecología u obstetricia (públicos o privados) en el país. En total participaron 4552 personas entre diciembre de 2019 y mayo de 2020. Los resultados que obtuvimos son alarmantes y demuestran la gravedad del problema de la violencia ginecológica y obstétrica.

Un 67% vivió alguna forma de violencia ginecológica, un 79.32% reporta haber sufrido alguna forma de violencia obstétrica, y un 17.45% sufrió violencia sexual durante sus atenciones ginecológicas y/o obstétricas.

Pudimos constatar que el espacio de la consulta es sumamente autoritario y jerárquico: un 37.3% se sintió infantilizada por el personal de salud al realizar consultas sobre su salud ginecológica, y un 33.8% sintió que sus preguntas no eran apropiadamente atendidas. Un espacio en donde no tenemos voz y que nos juzga constantemente, por ejemplo, un 26% recibió retos o amenazas y 21.4% afirma que juzgaron sus prácticas sexuales. En el que nuestra apariencia y nuestro cuerpo es constantemente evaluado, discriminado y criticado: 17.8% recibió comentarios impertinentes referidos a su físico, vestimenta o higiene, 17.6% tuvo que escuchar comentarios inapropiados de índole sexual referidos a su cuerpo o sus genitales. Un espacio medicalizante que no da cabida a nuestras dudas: 20.8% afirma que se le medicó bajo presión o sin tener claridad de qué modo dichos medicamentos pueden tener utilidad en su salud ginecológica.

Desgraciadamente constatamos que, prácticas hace ya largo tiempo cuestionadas e incluso prohibidas (Kristeller, presión del abdomen al momento de los pujos 37,7%), siguen siendo habituales en las salas de parto. En síntesis, la imagen que conformamos de la consulta a partir de los resultados de nuestra encuesta, es la de un espacio caracterizado por el juicio y control permanente, la imposibilidad de decisiones autónomas e informadas, donde se nos presiona para optar por ciertos tratamientos (hormonas) y procedimientos (cesárea 52,39%, episiotomía 43,3%) y la violencia es un componente habitual, todo esto dentro de un contexto en que el consentimiento informado es casi inexistente (sólo un 46.8% afirma que firmó consentimiento informado durante el trabajo de parto, y un 45.9% manifiesta que le realizaron procedimientos sin pedir su consentimiento o sin explicar por qué eran necesarios).

Para terminar, a pesar de esta tan desalentadora imagen de la ginecología y la obstetricia en el país que juntas construimos a partir de la encuesta, nos gustaría compartir que durante el período de encuestaje, muchas mujeres nos escribieron para decirnos lo mucho que agradecían la posibilidad de expresar su experiencia (aunque fuese de este particular modo), muchas nos hablaron de cómo a través de este ejercicio encontraban un nombre para designar aquello que les ocurrió y explicarse el malestar que sentían cada vez que debían volver a la consulta.

Así fue como la fueron compartiendo entre sus amigas, sus tías, sus madres y abuelas. Queremos pensar que tal vez permitió abrir conversaciones largamente eludidas, y que tal vez -al calor de esa conversación- se ha ido tejiendo una red de complicidades y cuidados que va aprendiendo poco a poco a reconocer y nombrar sin temor una vivencia colectiva, propia de quienes nacemos como mujeres en esta sociedad heteropatriarcal y racista.  

Descarga acá la Primera Encuesta Nacional sobre Violencia Obstétrica en Chile.

Resultados-GinObs-2019-2020_julio

Autoras: Carmen García Núñez, Stella Salinero Rates (Licenciada en Teoría e Historia del Arte, Universidad de Chile) y Thania Guzmán (Psicóloga de la UV).

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