Chauchas, porque con maní baila el monkey

Sobre Fondart, evaluadores y cosas que se debieron decir en su minuto, en esta reflexión del siempre crítico dramaturgo Cristóbal Valenzuela.

Por Cristóbal Valenzuela

mono-sordera20 millones de pesos es una baratela para los beneficios que obtiene el estado por la creación y circulación de una obra de teatro que fomenta de la descentralización, impulsa la integración y permite el acceso a distinto número de audicencias(ex-beneficiarios). Trabajar por miseria y en condiciones indignas parece ser condición natural de los trabajadores de las artes que aún en el mejor de los casos posibles, o imaginables por el lector, (es decir en una sala de ensayos-o lo que se conoce como tal- con un equipo artístico completo-o lo que se entiende como tal-, con un estreno y temporada asegurada y sólidamente difundida, además de los honorarios-de explotación-, con la posibilidad latente de llenar la sala por un par de funciones, entendiendo esto como lo mejor posible) aún en este caso ideal, las condiciones laborales de los involucrados son precarias. Y no parecer ser motivo de preocupación o urgencia pues tal parece que nuestro oficio se hace por amor. Pero este amor es del amor de perro pateado, mal alimentado, amarrado y olvidado en un patio para cuidar la propiedad de un amo que es dueño y que no duda en bajar la calidad del alimento del animal cuando este ya esta más o menos criado o al menos aparenta no estar enfermo.

Los trabajadores de las artes (escénicas-teatro, entre otras) y la cultura (el engrudo que mantiene unida esta ficción de patria) tuvimos que organizar una pedida de apoyo al estado en formularios cada vez menos engorrosos, pero también cada vez menos generosos, para ser evaluados y escogidos por evaluadores y jurados secretos. Todo esto está en pleno giro de rueda y esto no va con la intensión de volver a decir las palabras dichas (aunque no  hay que dejar de decirlas a fin de no olvidarlas), sino que apunta hacia quienes tienen el rol de evaluar y jurar esta convocatoria. Es cierto que el fallo del modelo de subvención a las artes no cruje, ni hace aguas, solo ahí, en los mencionados jurados y evaluadores. Sin embargo lo anterior, me parece que hay ejercicios que debemos regular y fiscalizar. Como ciudadanos y no como clientes, aunque en este país sabemos mas del SERNAC que del CNCA.

El año pasado, en mi estadía en Magallanes, asistí a una escena patética de una miembro del jurado (desconozco su nombre) que alardeaba frente a sus “amigos” en Punta Arenas sobre el poder que tenía: en sus manos estaba permitir que se llevaran adelante un par de proyectos de personas que eran “conocidas” por ella y sus amigos. Se jactó de ese poder y de utilizarlo para “darle una lección” al postulante respecto de algo que ella estimaba no correspondía que el postulante hiciese como parte de su arte y que este, evidentemente, hacía recurrentemente por allá, cerca del estrecho. Este año me entero de otras conversaciones de los estimados evaluadores y jurados que me invitan a preguntar sobre este procedimiento tan delicado de destinar los dineros del estado para inyectarlos en una actividad que por lo demás tan lento logra avanzar entre cambio y cambio de mano(actividad que como toda actividad en etapa temprana, requiere del impulso del estado- Ha sido así con la minería, la ganadería, la agricultura, la silvicultura).

La pregunta es: por qué alguien se hace, o destina su tiempo, a evaluar fondos, a ser jurado de estas instancias? Sé de muchos que toman el rol a conciencia, se preparan para tales efectos. Sé de otros, por supuesto, que alegan que los que analizan con demasiada intensidad los aspectos sociales, estéticos o geográficos olvidan otros aspectos. El social olvida el estético, el estético el geográfico y el geográfico el social.  Por lo que prefieren “sentir” la fuerza del proyecto.

Escucho también regularmente que no hay una forma adecuada, ni estrategias totales. Sin embargo poco o nada se dice sobre honestidad. Y esta puede atravesar aspectos etnográficos, políticos, económicos y filosóficos. La honestidad de dejarse fascinar por una idea, así como también la honestidad de declararse incompetente cuando se es incompetente, de pedir ayuda, de dar el paso a un costado y mirar las cosas que pasan sin interrumpirlas por atarantado. Ser cómplices del delito de dejar nacer una obra de arte o circular una iniciativa que pretende, tal vez, algo que de momento me es invisible, en vez de cometer el crimen de atentar contra algo que no comprendo, que ignoro, que me sobrepasa. Lo digo por la conversación que oí y también por las que no he oído.

En Punta Arenas me quedé con la bala pasada por no exigirle a esa jurado/evaluadora que cerrará la boca, sobre todo en público, y que hiciese su trabajo, que es una labor de estado y que merece el cuidado del más delicado trabajo (Sin embargo ella creía hacer un favor, ser casi un héroe, porque tenía que leer 30 proyectos, porque trabajaba por poca plata/Por qué aceptó entonces/Porque los proyectos no la entusiasmaban/Ese es el fin de los proyectos?, entusiasmarle?/ Porque no tenía tiempo/ otra vez; Por qué aceptó?/ Porque no entendía la propuesta/Eso será problema del postulante? O de su incapacidad de interpretar el plano de un diseño, o acceder a lo abstracto/. Pero debí decirle: Cierra la boca, por último y no dije nada. Y digo cerrar la boca, por último, porque los jurados y evaluadores se mantienen en secreto hasta la entrega de los resultados de la convocatoria, de lo contrario presentemos la lista y sometámosla a una consulta ciudadana- o si se prefiere; de atención al cliente- y veamos a quienes objetamos para el ejercicio de ese rol, no por empatía o química, sino por pertinencia, competencia y confianza. Tenemos que crecer y eso implica modificaciones. Un jurado y evaluadores que sean elegidos por los postulantes no es una locura. Es un ejercicio sano y de apropiación(en el sentido de pertenencia y no de propiedad-CNCA no SERNAC)  de los procedimientos del estado. Evidentemente están por ahí los silentes trabajadores que aceptan y valoran esta función, fundamental en la cadena, en este período, y si están seguros de hacer su trabajo bien, pues no dudaran en someterla a este ejercicio. Una consulta sobre los evaluadores y jurados y que de una vez por todas las puertas de los edificios públicos se abran a las personas y organizaciones de cada uno de los sectores involucrados y se cierren a los memos, las circulares e instructivos. Qué los jurados y evaluadores conozcan el Territorio creativo así como también las características de las comunidades en las que esos territorios creativos se insertan. Menos voleo y más tino. Si no les gusta la idea, somos todos oídos. Pero esto así, es seguir bailando por chauchas, monkeys. Además, por nuestras propias chauchas.

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