Carla Zúñiga, dramaturga: “Es una decisión política que los protagonistas de las obras dejen de ser ese varón blanco, heterosexual, cisgénero”

Dramaturga, actriz y docente, Carla Zúñiga es considerada una de las voces más agudas e inagotable de la escena del teatro chileno actual. Tras el cierre de la etapa creativa con La niña horrible, y en medio de las huellas de la pandemia, la escritora profundiza en esta entrevista sus nuevos proyectos y cómo la escritura la salvó del encierro. Con un universo creativo fuertemente marcado por el enfoque de género y disidencias, el próximo 8 de septiembre ofrecerá la clase magistral “Roles femeninos en la dramaturgia universal”, en el marco de la Escuela Crítica de Valparaíso.

Por Constanza Yévenes Biénzobas

Jugábamos toda la mañana. Yo le enseñaba sobre la normalidad del travestismo. Travestíamos distintas cosas de la casa. Como el azucarero, por ejemplo, que ahora es florero. O el basurero es donde guardamos las galletas. A un loro que teníamos lo vestíamos de perro”.

Alma en El amarillo sol de tus cabellos largos

¿Cómo se han configurado los roles femeninos en la dramaturgia? ¿Cómo influyen las ficciones en la construcción de los grandes paradigmas culturales? ¿De qué manera aparecen las desigualdades sociales en la dramaturgia? Son preguntas que perfectamente podrían definir la reflexión que subyace en la escritura de la dramaturga Carla Zúñiga, y que sirven como puntos de partida para profundizar en la clase magistral “Roles femeninos en la dramaturgia universal”, que se realizará en el marco de la Escuela de Crítica de Valparaíso este miércoles 8 de septiembre, a las 19.00 horas, a través del Facebook Live de La Juguera Magazine. 

Actriz, dramaturga, docente y recientemente explorando el rol de directora, Carla Zúñiga es una de las voces más potentes, incisivas y particulares de la escena del teatro chileno contemporáneo. Formada en la Universidad ARCIS, ha desarrollado una escritura autoral, influenciada por Juan Radrigán y las mútiples fuentes de inspiración que encuentra en sus pares, el feminismo, las disidencias y, en definitiva, las relaciones humanas y roles sociales de un sistema patriarcal heteronormado, plagado de injusticias y violencias. Con una veintena de obras estrenadas, forjó gran parte de su dramaturgia junto a Javier Casanga y la emblemática compañía La niña horrible, con quienes creó un lenguaje único, cargado de estéticas barrocas, del grotesco, la comedia negra y referencias pop que, por siete años dieron forma a seis obras entre las que se encuentran Sentimientos, Historias de Amputación a la hora del té, La trágica agonía de un pájaro azul y El amarillo sol de tus cabellos largos.

Sin embargo, Carla Zúñiga no se ha detenido ni limitado su rol a ese periodo. Desde hace años, su universo creativo también le ha permitido colaborar con otros creadores como Manuel Morgado, quien dirigió su texto Yo también quiero ser un hombre blanco heterosexual (Premio a las mejores obras literarias del año 2019), Un montón de brujas volando por el cielo (Obra premiada como Mejor Dramaturgia por el círculo de críticos 2020) y El terror de vivir en un país como este, obra de teatro online que codirigieron juntos en 2020, pese a su crítica y desconfianza con el formato. También ha trabajado con Jesús Urqueta (Prefiero que me coman los perros, reconocida como Mejor Dramaturgia por el círculo de críticos 2018; y Nunca nadie va a llorar por mujeres como nosotras, inspiración libre de La casa de Bernarda Alba), Juan Pablo Peragallo (María, 2020) y la Patogallina (20218, Tragedia Futurista), entre otros.

Este “hermoso proyecto de oscuro derrumbe”, como definió Juan Radrigán la escritura de Carla Zúñiga, se abre hoy a nuevos horizontes. Por eso, en esta entrevista hablamos de la certeza que le dio la escritura en medio de la pandemia, la intensidad de la maternidad y la rabia como sentimiento que impulsa su trabajo. Además, de la poderosa escena de mujeres dramaturgas que hoy están creando y las brechas que aún existen en el teatro chileno.

– Revuelta, pandemia y crisis en el sector cultural. ¿Cómo crear en tiempos de incertidumbre? 
-Ha estado difícil para mí difícil, así como para todas las personas, me imagino. Sé que tengo ciertos privilegios que me han permitido seguir trabajando en esto, no parar de escribir. Lo que me salvó mucho fueron las clases, hacer talleres. Estuvo también emocionalmente difícil, muy agotador. Mucha autogestión, cero ayudas y todo lo que significa. Creo que quedó al descubierto todos los reclamos del estallido social, que con la pandemia queda expuesta la precariedad que había. Cuando fue el estallido social estuve bloqueaba mucho rato, pero con la pandemia pude escribir, porque lo hacía en mi casa y me tomé ese tiempo. Había muchas sensaciones.

-¿Con todo lo que ha pasado, aparecieron nuevos temas o lugares en tu dramaturgia?
-Es que yo creo que es lo mismo. Siento que se agudizaron todas las temáticas de las que hemos estado hablando, o al menos, a las que a mí me han interesado desde siempre, como el tema de la salud mental y qué significa encerrarnos. Se agudizó la violencia intrafamiliar, lo precario del arte, que nadie tenía plata ni tenía trabajo; con el teletrabajo encuentro que apareció todo un portal para la explotación y lo mismo en la educación… Aparecieron temas existenciales como la muerte, el miedo a enfermaros. Todo ha sido muy brutal, pero insisto que no ha sido igual para todo el mundo. Hay gente que nunca estuvo encerrada y tuvo que salir a trabajar igual todo el tiempo. O yo, que tengo dos guaguas, no tengo oficina y para trabajar tengo que esconderme en mi pieza. Hay muchos sentimientos y creo que, a partir de eso, empecé a escribir no más. Necesitaba escribir para no enloquecer y para pensar en un futuro; me servía imaginar que en algún momento vamos a volver a lo presencial y vamos a estrenar esto. Me ayudó a pensar en futuro positivo. 

-Tras siete años y un fértil periodo de creación con La niña horrible, deciden disolverse como compañía ¿Cómo ha sido ese proceso de cierre para ti? 
-Tengo sentimientos encontrados. Con la compañía tuvimos un proceso muy bonito e hicimos hartas obras, pero tener una compañía significa muchas cosas que, a veces, una no piensa. Finalmente seguimos trabajando con Javier (Casanga), las actrices son de la compañía, somos como el mismo equipo, pero, claro, tener este nombre compañía significaba que si había un abusador entre mis actores yo tenía que responder por él. Era algo súper injusto, porque en el fondo éramos todos iguales. Aparte, no solo era manejar a un grupo humano, sino que también teníamos que sostenerlo, pagar, hacer los Fondarts, todo.  Fue muy agotador, sobre todo para Javier y para mí.

-Y a nivel creativo, ¿sientes que este cierre abre paso a nueva etapa en tu escritura? ¿Te da más libertad para crear?
-Sí, yo creo que cerró un ciclo también creativo. Yo empecé a escribir diferente y el Javier a dirigir de otra forma, también. De hecho, esta obra (La violación de una actriz de teatro) es muy distinta a lo que habíamos hecho siempre. Y es verdad que, tal vez, con la compañía sentíamos que estábamos encerrados en una forma y que no podíamos romperla. Ahora estamos en la experimentación de cosas y tenemos varios proyectos juntos con Javier, que yo creo que son para traspasar nuestros propios límites y de empezar de nuevo. Yo creo que estaba esa necesidad no sólo emocional, sino también creativa, de explorar otras cosas. Así que también estoy bien contenta. 

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No sólo ha colaborado con diferentes artistas, sino también sus textos han sido llevados al online, el radioteatro o al formato tradicional, y ella misma ha explorado la dirección (Amiga date cuenta) y codirección (Es terrible vivir en un país como este). “Siempre he querido dirigir y siempre me ha dado mucho nervio, pero, tal vez, como no estaba tan clara la idea si era o no teatro, me atreví”, agrega la dramaturga que ya había tenido la experiencia como asistente de dirección de La niña horrible. Además, hace un tiempo, en su Instagram, imaginó cómo sería llegar a tener el récord Guinness de ser la persona con más obras escritas. La tarea no era sencilla, porque el desafío es alto: Lope de Vega habría escrito más de 1.500 obras. “Seguro, no tenía hijos”, recalca riendo Carla Zúñiga. Como sea, es incuestionable que hoy ella es una de las dramaturgas más activas, en permanente creación. De hecho, tiene en espera varios proyectos que quedaron pausados por la pandemia, entre los que se encuentra colaboraciones con Manuel Morgado, Víctor Carrasco, Isidora Stevenson, un egreso que va dirigir Andrea García- Huidobro y una obra que Cheril Linett, creadora del proyecto Yeguada latinoamericana, llevará a escena.

¿De dónde nace tu impulso por la escritura?
-Creo que soy muy buena estudiante de Juan Radrigán. Él escribió mucho y siempre me decía eso: “escribe, escribe, escribe mucho”. Me parecía un súper buen ejercicio ese. Aparte a mí me gusta mucho escribir, es lo que más me gusta en el mundo y también me gusta mucho el teatro. Porque, a pesar de que a veces hago tallas, es lo que más disfruto. Me ayuda a canalizar mi rabia, ya que todo me da rabia, todo es tan injusto y terrible. Entonces, no se agotan las ideas o la inspiración, porque siguen pasando cosas horrendas en el mundo. Y creo que es a partir de eso, de mis ganas, de mi deseo, de inventar cosas, de inventar otros universos. 

-El último tiempo ha habido una visibilidad mayor a una escritura crítica sobre la maternidad. En tus obras también ha estado muy presente ¿cómo abordas o resignificas la maternidad en tus obras?
-Siempre ha estado presente. Desde mi rollo con mi mamá he estado escribiendo sobre eso y, ahora, yo desde otro lugar. Si una es mamá, creo que es inevitable hablar de eso, porque se te abre otro portal de la maternidad, que en el patriarcado está lleno de injusticias y cosas terribles que están muy normalizadas. También pienso en mis amigas qué son madres, que siguen trabajando y hacen teatro. Una se encuentra en conversaciones sobre lo que nos pasa y por qué pasa. Además, es tan intensa la maternidad, que es obvio hablar de eso. De hecho, a principios del próximo año estrenamos una obra con Isidora Stevenson que, junto a un grupo grande de mamás, hablamos de la violencia hacia el rol de madre.

-Entre el mayo feminista y la mirada crítica al sistema patriarcal en diversas dimensiones de la vida, han surgido nuevas escrituras con perspectiva de género en el teatro. ¿Cómo ves la escena de dramaturgia actual escrita por mujeres en Chile? 
-Yo creo que hay muchas más mujeres escribiendo y dirigiendo que hace 10 años. También porque se han armado compañías de mujeres, mujeres que se agrupan y trabajan juntas, y eso lo encuentro muy bacán. Yo que hago varios talleres, hay unas jóvenes que escriben increíble, la raja, muy potentes y muy autorales. Eso lo encuentro hermoso y creo que cada vez van a haber más y más mujeres escribiendo. Lo que sí, creo que en cualquier lugar donde hay hombres en el poder cuesta que entren mujeres ahí. Como pasa con los premios nacionales, que casi siempre son entregados a hombres y que la diferencia es brutal. Entonces, si bien creo que hay muchas mujeres escribiendo, siento que los espacios no están tan abiertos a que todas las que están escribiendo entren. Hay mucho trabajo por hacer.

-¿Y dentro de ese escenario, qué escrituras te parecen interesantes?
-Soy fanática de la Leila Selman, que es de Concepción y escribe precioso. Manuela (Infante), que la amo mucho. Ana Luz Ormazábal, María José Pizarro, Nona Fernandez, Ximena Carrera, Isidora Stevenson. De las más jóvenes está Amparo Saona, la Nicole Mancilla también escribe muy bien; Amatista Saveedra, que ha estado en mi taller y ha escrito unas obras que son impactantes. Daniela Contreras escribe hermoso; y Luisa Ballentine también. Así que muchas, muchas y podría seguir nombrando, ya que hay muchas mujeres de todas las edades escribiendo bacán. 

La violación de una actriz de teatro

-¿Crees que podría empezar a hablarse de un teatro feminista?
-Me ponen un poco nerviosa todas las categorizaciones, pero sí creo que son mujeres escribiendo de sus experiencias y desde sus perspectivas sus vivencias. Entonces, obvio, que inevitablemente algo de eso hay. De cualquier manera, son historias contadas por mujeres y eso ya es distinto. Pero aún falta mucho. También es muy binario pensar que escriban solo mujeres y hombres, porque también faltan las disidencias escribiendo. Faltan espacios para escritoras mapuche, escritoras afrodescendientes, etc. Creo que, si bien, se abren algunos espacios, hay otros que siguen absolutamente cerrados. Aparte, es muy difícil también, porque este país es muy clasista, academicista; debes tener antes acceso a la educación en el arte para que te pesquen. Ahí también hay otro gran tema, cómo funciona la educación artística, qué tan inclusiva es. Son temas muy profundos en donde hay que cambiar muchas cosas. 

-Tu dramaturgia tiene esa mirada crítica a las estructuras y propone otras perspectivas ¿Por qué es importante para ti abordar estos temas?
-Porque durante siglos los protagonistas siempre han sido un varón blanco, heterosexual, cisgénero. La importancia de ir a ver una obra, ver una película, leer un libro y no encontrarte en esas historias que nos han contado durante tanto tiempo. Qué significa eso, por qué llevamos años y años conmoviéndonos solamente en su mayoría con historias de varones que lo pasan muy mal y dónde queda el resto del universo. Entonces, es importante la decisión política de que las o les protagonistas de las obras dejen de ser ese varón blanco, heterosexual, cisgénero que llevamos leyendo durante millones de años. Nada en contra de ese rol, pero es muy importante que se abran esas historias. Incluso que lo femenino se empiece a pensar desde lo femenino y la importancia de que los varones hablen de sus masculinidades también. 

-Lo interesante del teatro es que es un tejido de experiencias, referencias y saberes compartidos. Te has formado con maestros como Juan Radrigán, y hoy tú también acompañas el proceso de otros y otras creadoras. ¿Cómo te sientes en ese lugar?
-Antes, cuando empecé, me cargaba hacer clases y con el tiempo me fui encantado y ahora me gusta mucho hacer talleres. Creo que como a mí me encanta escribir, quiero que todas las personas escriban y hagan su obra también. Siento también que siempre está la pregunta sobre cómo se enseña y desde dónde se enseña dando vueltas, y, al menos a mí, me ayudó mucho mi experiencia con Juan Radrigán, que era: no te enseño a escribir como escribo yo, sino a tratar de descubrir cómo escribes tú. Yo estudié en el Arcis, donde estaba absolutamente normalizado esta educación de “te trato mal para que las cosas salgan bien” y que eso hace tan mal. Esto sigue pasando, entonces para mí es súper armar un grupo donde todas nos sintamos cómodas, que podemos escribir desde nuestro lugar. Es como palparse, cómo escribo yo y dónde me resuena. Ese ejercicio es necesario para que se abran no sólo las voces, sino también las formas. Es lindo pensar que todas las personas pueden escribir y alejarse un poco de este elitismo que está presente en la educación. 

-Tu última obra, La violación de una actriz de teatro, es dirigida por Javier Casanga y actuada por actrices que fueron parte de La niña horrible. ¿Cómo surge esta creación? 
-Creo que esta obra nace a partir de mi propia historia con el abuso sexual y mi historia con personas que amo que fueron abusadas sexualmente, y cómo eso me ha provocado mucho dolor y mucha rabia. Nace también a partir de la rabia del silencio que existe sobre esta temática, sobre cómo no se puede hablar de eso, sobre cómo está mal visto, sobre cómo la gente odia las funas, porque en el fondo también odia escuchar estos relatos; y porque también hay voces que tienen más credibilidad que otras. Es la necesidad que siento de que se nombren ciertas cosas, que se nombren sin tanta poesía. Por eso el título, dejar de poetizar y sublimar un tema que hay que conversar, que hay que escuchar, creer. Me sigue violentando que haya tanto miedo a que a nosotras nos abusen, pero no que tu hijo abuse, por ejemplo. O incluso en mi familia, hay mucho más miedo que mi hijo sea homosexual a que sea un abusador. Eso tiene que cambiar, pero socialmente está instaurado de manera muy profunda. También es una gran reflexión sobre cómo se habita estos temas en el arte, y no sólo a nivel de temática sino en el proceso artístico de un equipo y cuál es mi rol como artista para hablar de estas cosas. 

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