Brote, afuera del invernadero

Por Hilda Pabst Aldoney

Laboratorio de creación, ecofeminismo, site specific, tiempo real, performance, espacio público, instalación escénica, dispositivo, son algunas de las etiquetas adheridas a la obra Brote, estrenada el 8 de marzo en el contexto de la conmemoración del Día de La Mujer e instalada hasta el 9 de marzo en la plaza Sotomayor.

Ya de entrada, e incluso antes de verla, la propuesta está repleta de una discursividad que la sitúa a una distancia conceptual que no resulta tan fácil de atravesar, sin embargo, la visualidad funciona como puente y como tenue imán.

Luego, al estar ahí, se aprecia el minucioso trabajo estético y escenográfico de un universo botánico, con vestuarios que incorporan lo vegetal, además del elemento tierra, invocado en cada detalle. Las intérpretes escenifican una suerte de “habitar” el “dispositivo” en “tiempo real” , lo cual, traducido significa que están ahí todo el día, se mueven, hablan, interactúan entre sí y con la estructura, mientras el sector vive su flujo cotidiano. Efectivamente, da la sensación de un invernadero, o un terrario gigante, con humanas a modo de experimento, instalado en medio de una plaza desprovista totalmente de vegetación, en lógica de vitrina.  

Eso en una simple mirada transeúnte, que no pretende nada más que pasar la vista. Urge eso si no perder la perspectiva de que el estado de shock de la ciudadanía y la violenta precariedad vital a la que nos someten los dueños de la realidad, posiblemente impiden algún tipo de lectura de la propuesta, desde esa participación tan transitoria. Pareciera que nadie ha pensado en públicos o en espectadores: el que pase, que vea y el que entienda, que permanezca.

Así, la puesta en escena devela corporalidades en tensión, expansión, búsqueda, rebeldía, incitación, provocación y constante reivindicación de la ancestral lucha de las mujeres, escenificada en un elenco transgeneracional, donde el movimiento y la danza contemporánea cobran una presencia gravitante. La creación sonora es una inmersión delicada y envolvente, que por sí sola bastaría para prestar atención y dejarse atrapar por una atmósfera entre sideral e íntimamente cotidiana, a ratos pulsante, primaria, incluso hipnótica. 

Los textos reiteran el discurso reivindicativo, antiextractivista y ecofeminista al punto de volverse un gran loop de repeticiones, frases de consigna del 8M, expresiones un tanto cliché de sororidad e interacciones exentas de masculinidades en un hipotético universo únicamente femenino y vegetal. Mientras, la capa sonora, la visual y la textual no acaban de fusionarse, la atención se fuga y sobreviene el tedio.

Por supuesto nadie pone en duda que el fundamento político de Brote es absolutamente imprescindible, ético e irrefutable, sólo que, en medio del 8 de marzo del 2021 es como subirse a un carro que ya lleva varias décadas andando, mientras esta realidad distópica (que nos inyectan como inmunización contra nuestra propia libertad), se socava y autodestruye a cada instante, para volver a rearmarse un poco más monstruosa cada vez.

Lo que ocurre, al fin y al cabo, es que queremos sentir, que nos pase algo o que estar ahí nos conmueva, nos estremezca, nos rapte, nos saque de la vida que llevamos y nos haga navegar por alguna tormenta, nos arrastre hacia la sutil nostalgia o nos inunde la rabia… queremos incendiarnos de agitación o arrebatarnos sin pausa hasta entrar en la piel misma de la creación, queremos vibrar, latir agitadxs y sollozar, por qué no, queremos reír a carcajadas o, al menos, sonreír con ironía; no queremos discursos perfectos, no queremos que no nos suceda nada… queremos volvernos adictxs por lo que dure la escena, queremos la antiquísima droga de la katharsis anegar nuestras venas… no vamos a ver teatro para volver igual, no queremos retornar a nuestras vidas sin un mínimo fulgor en la mirada, queremos ser y sentir desde adentro, no queremos quedarnos afuera y nada más vagar alrededor de una estructura como almas sin purificar por el fuego incandescente de la emoción. Que alguien me diga si es mucho pedir.

Dirección y dramaturgia: Stefany Duarte / Investigación etnobotánica: María Balbontín / Intérpretes: Pita Torres – Irina Gallardo – Adriana Butoi – Daniela Alcaide – Carina Aspillaga – Valentina Puig – María Balbontín – María Leal – Nury Ortego / Producción General: Cristian González / Asistente de producción: Camila Alarcón / Universo Sonoro: Rodrigo Ríos Zunino / Registro Audiovisual y Fotográfico: Guillermo Nova – Fernanda Peñailillo / Diseño Escénico: Tamara Figueroa AS / Realización Escenográfica: Williams Luttge – Taller El Litre / Jefe de Montaje: Carlos Luttgue / Luminotecnia: Viktor Zúñiga y Equipo Dique5 / Equipo de Montaje: José Farías, Kevin Morizur, Panxo Jiménez, Felipe Gonzales, Eduardo Hinojosa / Asesoría en Técnica Aérea: Mario Núñez / Vestuario: Julio San Martín Cortés, Irina Gallardo / Diseño gráfico: Gonzalo Olivares / Gestión Periodística: Andrea Córdova / Asistentes: Giselle Melo – Carlos Bustos.

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