Bolivia

boliviaintro¿Qué le ha parecido Bolivia?, me preguntó Eduardo, el dueño de casa, mientras comíamos plato paceño: papas cocidas con cáscara, habas con quepí, carne picada, queso blanco semi derretido. Faltó el choclo, dijo Alicia, no sé qué pasa que está tan difícil conseguir choclo en La Paz. Me gustó mucho Bolivia, contesté a Eduardo mientras miraba este dibujo culinario de formas curvas y colores verde, café, amarillo. ¿Por que?insistió Eduardo. Porque  Bolivia es de verdad. Yo vengo del país iluminado con la luz de neón y donde la disconformidad pulsa latente en los rincones escondidos de la vida del país.

Por Valparapata

En Bolivia en la primera mirada puedes verlo todo: sus problemas, sus debilidades y sus aciertos. La  raíz está a la vista, lo indígena es motivo de orgullo. No me imagino que en ese país escondan a los pobres, cuando hay algún tipo de cumbre internacional. Más de treinta  culturas, idiomas en el estado plurinacional que no solo es una denominación política, sino una ley de la que los bolivianos se enorgullecen.

Aprendí que la falda y el sombrero de la chola paceña no son iguales a la de Sucre o la de Oruro: una falda tiene más pliegues, es más colorida, la otra es más larga, un sombrerito más ancho, el otro baila sobre la cabeza y siempre permanece en su lugar. Me fascinó sentarme en las esquinas a tomar café destilado dulce con sándwich de queso blanco, comprar una piña de dos kilos, un tremendo almuerzo en diez bolivianos y conversar con las personas en esos puestos de fruta maravillosa.

boliviaintro2Me fascinó encontrarme con la gente, conversar con el doctor músico Gerardo Yáñez en el bus y que me mostrara su música en el iphone. Saber, por ejemplo, que el nivel de mortalidad infantil es muy alto y que ellos trabajan juntos con chilenos en Iquique para aprender de las buenas experiencias. Fue gratificante saber también que todo recurso explotado en Bolivia debe pagar al menos un 50% de impuesto al país, que la educación es gratuita.

Conversé con René, el guía de Tiwanaku. Nos tomamos un café después del paseo. Tiene tres hijos en la universidad gratuita en La Paz. El vive del trabajo como guía y de sus animales en el campo.

Pienso en mi chilito, en sus raíces, en los escondites de la pobreza, en las comunidades mapuches, en mi gente de Aysén que salió a la calle y hoy parece adormecida. Pienso en los miles que de ahora en adelante serán sedados por el mundial del 2014, pienso también en Bolivia, ese país que nos queda tan cerca, pero también tan lejos, en las fronteras que casi ya no existen.

Mirando el mar de este puerto querido que me acoge con tanto cariño, pienso en Bolivia y no o puedo evitar hacerme la pregunta: ¿cuándo?

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