Arelis Uribe, escritora: “La vida es demasiado injusta y triste como para malgastarla en palabras falsas”

Desde Nueva York y en plena pandemia, la autora de Quiltras y Que explote Todo nos cuenta sobre su recién fundada Editorial Negra, especializada en “zines” o poesía de bolsillo. También explica cómo el estallido social ha inspirado su literatura.

Por Sandra Rojas
Foto Yuwei Pan

Para Wikipedia, un zine es “una obra de pequeña tirada autopublicada de textos e imágenes originales o apropiados, habitualmente reproducidos mediante fotocopiadora”. Para Arelis Uribe, en cambio, es “un bicho”, “un fuego interior”. Con cariño, la escritora -que hoy vive en Estados Unidos mientras estudia escritura creativa en la Universidad de Nueva York- se refiere a este formato que le atrae desde hace más de diez años. Escritos a mano, en computador, a colores o en blanco y negro, los zines representan la simpleza -y rebeldía- de un mensaje sencillo, directo, muchas veces autoeditado.

Si bien en su círculo de amigos circulaban con regularidad, su primer acercamiento creativo fue en 2017. Arelis dio un taller de escritura con Plagio y aprendió a hacer zines de una página. Al año siguiente, creó el primero: Un poemario en el que incluyó una selección de sus tuits y que tituló Cosas que pienso mientras fumo marihuana. Allí, aborda reflexiones de temáticas diversas como capitalismo, tecnología y política. “Luego me vine a Estados Unidos y quise traducirlo para compartirlo con la gente que conocí acá y que no siempre habla español. Así nació la Editorial Negra: pocket poetry”, relata Arelis en un email desde su departamento en Brooklyn.  

Y agrega: “Me robé un poco de la Quimantú, también, la editorial de la Unidad Popular. Tenían esta colección de minilibros de bolsillo: publicaciones de literatura universal que podías comprar en kioscos al mismo precio que una cajetilla de cigarros. Y elegí la poesía porque en general es más breve que la narrativa y porque tengo ganas de adentrarme en ese mundo”.

¿Cuál es el valor de los zines como herramientas de expresión contingentes, considerando sus dimensiones que permiten mayor rapidez y autonomía en la publicación?

-Lo que más me gusta del zine es la idea gringa del Do It Yourself: hazlo tú misma. No necesitas que ninguna editorial te publique, lo puedes hacer tú. Puedes sacar fotocopias o imprimir la cantidad que quieras y regalar o vender. Me gusta también que el formato usa materiales sencillos, frágiles, como un mural de la calle: está hecho para desaparecer. Son perecibles. Es una hoja doblada con un corte al medio. Así de simple. Es como escribir una carta, algo que se construye únicamente con papel, lápiz y fuego interior.

De igual manera, dado su formato más pequeño y a veces artesanal, los zines se relacionan con la autopublicación, ¿Qué le dirías a quienes tienden a criticar este tipo de ediciones y ponen en duda la calidad de la obra?

-No sé, la forma evidentemente es parte del fondo. Elegir un formato frágil y pequeño también es un gesto político. A mí me gusta eso, tener sed de publicación masiva (porque publico de a 600 o mil unidades) de un texto chiquito como bicho. Nunca he oído a alguien decir que algo publicado en un zine no tiene calidad literaria, tú eres la primera que me lo pregunta. No existe la “calidad literaria”, lo que existe es la conexión con algo que lees. Y eso que lees y te hace vibrar puede estar en una edición de lujo de Shakespeare, en la puerta de un baño o en los poemas online de Cecilia Pavón.

“Nuestro fuego” es un zine de Editorial Negra basado en el levantamiento popular del 18 de octubre de 2019, ¿Cuál fue el proceso creativo tras esa publicación?

-Me gustó mucho el trabajo que hicimos para “Nuestro fuego”. Estalló Chile y yo quería hacer algo pero no lograba escribir. Entonces di un taller para ayudar a que otras personas pudieran escribir y, a la vez, abrimos una convocatoria para leer a quienes escribieron desde Chile. Recibimos 150 manuscritos. Con Macarena Araya leímos todo y Francisca Molina dio una edición final. Trabajamos en dos formatos: Maca eligió trocitos de poems favoritos y yo armé collages con mis frases favoritas. Esos textos fueron traducidos del español al inglés por Allison Braden, una traductora estadounidense. Todo el material lo diagramó Maritza Piña, quien también hizo las ilustraciones.

Compré papel amarillo y lo llevé a Endless Editions, un taller de risografía en Manhattan (muy cerca del New York Times) que da residencias para artistas. Imprimí 300 copias en cada idioma y luego me fui a mi casa, a doblar uno por uno los zines a mano. Los zines en español los enviaré a Chile cuando pase toda esta pandemia, su distribución será gratuita. Este trabajo fue adhonorem, lo hicimos gratis por amor al fuego de nuestra gente. Por eso también liberé el pdf y se puede descargar e imprimir desde acá: bit.ly/2QUrjNy.

¿Cómo consideras que ha cambiado o cambiará la literatura desde el estallido social? ¿Te influyó de forma personal?

-Me influyó más desde el qué escribir que desde el cómo escribir.  Me confirmó que si alguna vez hay que sacar la voz, que sea para decir algo valioso, algo que contribuya a la vida de la gente, que sea honesto, limpio, de corazón. La vida es demasiado injusta y triste como para malgastarla en palabras falsas.

En época de aislamiento o cuarentena, los zines surgen como una opción bastante práctica para transmitir o recibir ideas, ¿Qué se necesitan para partir en este formato?

Papel, lápiz, tijeras y tutoriales de youtube.

¿Cómo te ha tocado vivir el encierro? ¿Eres de la idea de aprovechar el tiempo para producir constantemente o descansar y reflexionar?

-Soy de la idea hagan lo que necesiten para estar bien. A veces eso implica escribir por gusto o escribir por deber. Hay que oscilar entre las dos.

¿Cómo podemos conseguir un zine de Editorial Negra? ¿Se viene algún otro taller online?

-Desde ahora hacemos delivery a todo el mundo. Sólo envíennos un mensaje a través del instagram @editorialnegra y se los hacemos llegar. Quizá dé un taller en junio o julio, dependerá de cómo sigue la vida, la pandemia y el sol.

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