Anoche murió un bombero

bomberosintroEse es el nombre del libro escrito por los investigadores David Piacenti y Ezio Passadore, perfilado como una investigación para difundir los funerales nocturnos de los bomberos de Valparaíso desde 1859 hasta nuestro actual 2013. El lanzamiento será el viernes 13 de diciembre a las ocho de la noche en la Tercera Compañía de Bomberos, “Bomba Cousiño y Edwards”, ubicada en Avenida Pedro Montt 2078.

Dos son los antecedentes que se tienen para explicar el origen de esta tradición bomberil que data, prácticamente, desde la fundación de los bomberos, en Valparaíso. Es precisamente en el puerto, el 12 de abril de 1859, cuando ocurre la muerte de un joven voluntario de la Tercera compañía de Bomberos, Domingo Segundo Espiñeira, como consecuencia de una desafortunada enfermedad. Como se vivían días agitados, previos a la Revolución de 1859, la Intendencia de Valparaíso negó el permiso para realizar el funeral pero los voluntarios de la Tercera se juntaron en secreto, para acompañar los restos del joven voluntario Espiñeiro. La hora fijada fue la una de la madrugada, y una vez reunidos, formaron para dirigirse al cementerio. Iluminaron la procesión con la luz de antorchas y faroles.

Otra razón es la que arguye Ernesto Mayer, también voluntario de la Tercera de Valparaíso, en la publicación Magazine Bomberil, de 1926. En el texto señala que “La costumbre era que los difuntos fuesen trasladados durante la noche al cementerio, para proceder a su sepultación durante la mañana y solo extraordinariamente, y ante funerales de gran pompa, dicho traslado se efectuaba durante el día, como aconteció meses antes del fallecimiento de Espiñeira, con los funerales del primer Mártir de Bomberos, Teniente 3° Eduardo Farley”.

La idea de trasladar los cadáveres durante las noches, tendría su esencia en la reglamentación que rigió al Cementerio General de Santiago, desde 1824. Dentro de las normas que ahí se establecieron, destacaba la siguiente idea:

“Antes que asome la claridad del día (hora también destinada para los viajes de la casa) harán el suyo los hospitales con los cuerpos de los que hubieren fallecido el día anterior, sin dejar alguno para después, a menos que lo impida causa extraordinaria, como una operación anatómica que no pueda hacerse en ese día…  “.

Aunque no estuvo exento de modificaciones, el horario en que se permitió el traslado de los fallecidos a los campos santos mantuvo una tendencia: Siempre de noche, después de las 12, y solo varió la hora de cierre, que dependía de la estación del año que se estuviese viviendo, pero que jamás se excedió de las 7 de la mañana. No existen certezas que permitan explicar el uso de estos horarios, aunque se estima que se debía a las creencias religiosas de la época, que no concebían la posibilidad de un sepelio a la luz del día, que pudiera ser observado por terceras personas.

Independiente del origen de esta tradición, está arraigado en la memoria colectiva que los voluntarios de los distintos Cuerpos de Bomberos del país, escolten a sus compañeros fallecidos -siempre al atardecer- vistiendo sus uniformes de parada. Acompañados por luz de una antorcha, rinden su último homenaje.

 

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