Andar: aproximación a la ciudad desde la calle

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Pintura de Jacek Yerka

Por Diego Valenzuela*

Atravesamos diariamente muchos paisajes cuando andamos por la ciudad. Los paisajes son tornasoles, tienen una magia particular cuando nos concentramos, y si estamos atentos podemos descubrir mundos y relaciones antes desconocidos de tan solo participar de las percepciones profundas. El andar es un llamado a la libertad, nos permite la reflexión andante, donde se da el flujo de la vida, flujo que avanza y persigue los deseos creadores de cada uno. El andar inspira, respira y transpira al ritmo de los pensamientos ambulatorios pero, ¿dónde reside la importancia del acontecer? digo, ¿dónde habita o cuál es el domicilio interno de lo que deviene, lo que da sentido al actuar, moverse? Ciertamente nadie puede establecer certeza frente a tal cuestión, no hay certeza alguna en la acción, la acción por sí misma es abrirse paso por la selva de lo preconcebido. Es como si lo supiéramos todo con solo mirar, como si las respuestas se cruzaran enfrente de la nariz sin verlas solo porque la distracción natural está siempre anticipando cualquier intento de determinación de las cosas. Se va de un lado a otro “a través de”. Cuando tomamos el rol de transeúnte, cuando usamos el disfraz de anónimo, nos vestimos de Quidam o de Flâneur y así deambulamos sin principio ni destino, navegamos con la incertidumbre y curiosidad de lo posible. El andar siempre puede ser acompañado, en la calle los sonidos orquestan la ruta, los perros callejeros animan los pensamientos, los colores y formas particulares del entorno pintan de emociones en los pasos que nos llevan de la casa a los infinitos rincones que compone las tramas de las ciudades. El valor de caminar reside en la importancia de imaginar, es un motor de ideas. Caminando resolvemos, planeamos, cantamos, lloramos y reímos. Es increíble lo versátil de esta práctica, posee infinitas ventajas, imagino al errante y pienso en el error ¿Quién dijo que errar era un error? Me encuentro con una carta del poeta Soren Kierkegaard a Jette que dice:

“Sobre todo, no pierdas tu deseo de caminar: Todos los días camino hasta encontrarme en un estado de bienestar y para evitar cualquier enfermedad; caminando he logrado mis mejores ideas, y no conozco pensamiento alguno, por gravoso que sea, del cual uno no pueda librarse caminando… si uno se sienta y se queda inmóvil, más posibilidades habrá de que se sienta enfermo… De manera que si uno sigue caminando, todo estará bien”.

Andando vamos cociendo historias en el espacio, creando lugares con nuestro paso, como el caracol que deja su huella tras su paso lento, como el barco en el mar, o las huellas que dejamos al caminar por la playa, me pregunto por la relevancia de la huella, sobre el camino recorrido. Esta costura también cose dominios, como un acto de conquista y de extensión de nuestro campo de acción, solo por el hecho de andar por lo no andado, lo no explorado. O sea, andar es conocer y experimentar, conocer en los limites es descubrir y descubrir es crear, entonces, ¿qué esperamos para salir a andar?.

*Estudiante de Arquitectura, Universidad Técnica Federico Santa María.

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