AGUDA CONVERSACIÓN ENTRE AMIGAS

“Mi vida ha sido hecha prácticamente de intemperie, y el desorden y la irreverencia son los lujos que me he podido dar”

Stella Díaz Varín

Y me hice mujer.
Al devenir poeta.
Y agradecí
por habitar un mundo venidero.

De Edades Principios y Finales, Stella Díaz Varín
Por Sandra Bustos G.

La liviandad y profundidad de una charla entre mujeres, los saltos de lo cotidiano a lo político, el cariño incondicional y la tensión de quien se sabe conocida por una interlocutora sagaz.  Ese es el principal mérito de “La palabra escondida: conversaciones con Stella Díaz Varín”, publicado este 2021 por Ediciones UDP.

Resulta fácil y agradable imaginarse a Claudia Donoso con Stella, juntas en la cocina a eso del mediodía con una copa que ameniza la preparación del almuerzo, conversaciones que a fines de los 90 deciden empezar a grabar como un registro de la historia de la poeta y de su época. Y quizás, sin quererlo, como testimonio de la amistad entre dos mujeres que pasaron el medio siglo de vida y que comparten una poderosa sensibilidad artística.

“Tanteando en la penumbra, dimos con las barandas de la primera y la segunda escaleras, pero enfrentadas al último tramo decidimos no tomar riesgos y bajar sentadas”, cuenta Donoso sobre la primera entrevista que le hizo a Stella en la Sociedad de Escritores de Chile y donde, por supuesto, hubo una no despreciable cantidad de alcohol. En esa oportunidad nació una amistad que duró siete años, hasta la muerte de la poeta, a quien la misma Claudia llevó al hospital casi a regañadientes pese al avanzado cáncer que tenía y que nunca se trató.

Gracias a Donoso nos enteramos del gusto por la cocina de Stella apodada la “Colorina”, quien con pocos ingredientes podía preparar un festín, y compartir datos de tradición popular sobre cómo hacer que los limones duren más o mantener las flores durante un tiempo prolongado.

“Éramos así: exquisitos teatrales y producidos”, dice Stella sobre Jodorowsky y ese grupo de amigos escritores con los que se reunía en la bohemia de El Bosco en Alameda. En sus recuerdos están Jorge Teillier, José Donoso, Enrique Lihn y Parra, entre muchos otros artistas. La colorina es irónica, certera en su opinión de sus amigos poetas, lapidaria a veces.

Hay episodios de su vida que relata en estas conversaciones que explican su rudeza, al menos esa aparente por la cual se hizo conocida como la Bukowski chilena o la poeta boxeadora. Son dolorosos momentos personales de abuso, persecución, violencia,  pobreza y pérdida. No fue fácil ser Stella.

Pero también momentos reflexivos que develan su fuerte simbiosis con el país. A Stella le dolía Chile y fue consecuente con ese sentir en su actitud: rebelde y contestaria. “En realidad, para mí el fin de la utopía empezó poco después de llegar a Santiago, cuando descubrí que por desgracia no había hueco posible para el hombre creador ni para el individuo que duda y piensa por sí mismo. Eso siguió siendo así, pero yo tenía esperanzas, la ilusión más grande con la posibilidad de crear al Hombre Nuevo, y lo único que logramos crear fue el Nuevo Cerdo, así, con mayúsculas”. Más adelante agrega que si bien sigue siendo marxista, fue una activa militante comunista, está decepcionada del ser humano.

En este relato construido de la transcripción de decenas de cintas, hay hermosos momentos de intimidad como cuando habla de sus nietos que la conectan con los afectos profundos o cuando reconoce: “Me he farreado el tiempo. Debí publicar más libros”. También cuando le manifiesta su molestia a Donoso porque indaga sobre temas de los que ella no quiere hablar, los dolorosos.

La complicidad entre entrevistadora y entrevistada permite desmitificar a esta poeta “galáctica” y acercarnos sin prejuicios a su biografía y a su visión de la poesía.

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