10 ideas para mejorar los Fondos de Cultura

Por Cristian Venegas Barrientos*

Foto: @noiser_fm

Luego del revuelo causado por la publicación de los resultados del Fondart 2015 y a propósito de la polémica adjudicación de fondos a un proyecto vinculado a CorpBanca (que hizo estallar certeros y oportunos análisis sobre las falencias y problemáticas del principal instrumento público que tiene el Estado para fortalecer la cultura) resulta sensato hacer una propuesta que aporte desde la sociedad civil a mejorar un sistema que requiere una profunda transformación para modernizar y actualizar sus propósitos. Las recientes declaraciones de la ministra de Cultura Claudia Barattini anunciando una completa reingeniería de este programa público, son una clara señal de que existe una voluntad política para llevar a cabo cambios profundos, e implican una oportunidad única para perfeccionar un sistema de financiamiento que esperamos sea diversificado, descentralizado y sobre todo innovador. Esa es la gran apuesta a nuestro juicio a la llamada Reforma a los fondos de Cultura, luego de 25 años desde su creación.

Aquí nos atrevemos con las primeras (esperamos) 10 ideas para mejorar los Fondos de Cultura, con el ánimo de sumar al debate más insumos para discutir y reflexionar.

1. Proyectos bianuales. Salvo contadas excepciones, los Fondos de Cultura debieran propiciar la estimulación de procesos creativos, artísticos y culturales en el mediano y largo plazo. Hoy la mayoría de los proyectos tiene la restricción de postular sólo a 12 meses para su ejecución (que en la práctica resultan ser 10). Esta extensión permitiría, entre otras cosas, tener tiempo suficiente para medir y evaluar el impacto de los proyectos en los territorios, y promovería (a su vez) la incorporación de nuevos agentes culturales.

2. Descentralizar las decisiones. En la actualidad las regiones reciben una serie de indicaciones territoriales desde el nivel central (% población, índice pobreza, % de postulaciones, etc.) que influyen en los montos, orientaciones y las prioridades de inversión que deben hacer éstas en materia cultural. Resulta evidente más que nunca que hoy sean las propias regiones las que definan, reorienten y prioricen la forma más idónea de invertir a través de los Fondos de Cultura, de acuerdo a su realidad y contexto. Para eso, cada Consejo Regional de Cultura debiera tener un rol más protagónico en esta materia. Por lo tanto, esta sería entonces una señal concreta de traspaso de poder (y confianza) desde el nivel central, representando así un gran reto para los equipos regionales de Cultura.

3. Vincular los Fondos a las políticas regionales de Cultura. Cada región de Chile cuenta con una política regional de cultura vigente hasta 2016, la cual contiene propósitos, acciones y establece una estrategia detrás, con miras a fortalecer y mejorar el desarrollo cultural. Sin embargo, al momento de instaurar acciones que signifiquen inyección de recursos, gran parte de esta misión se traspasa en responsabilidad a terceros, los cuales deben presentar proyectos para acceder a los fondos concursables de cultura. ¿No es hora entonces ya que las políticas culturales , tanto regionales como nacionales, tengan su correlato asociado a mayores recursos para así implementar desde el Estado una correcta política pública? No podemos tener políticas culturales por un lado, y por otra parte falencia de recursos para implementarlas.

4. Simplificar el proceso de postulación (pero en serio). Es cierto que se ha avanzado en este punto, al contar hoy con una plataforma y logística digital que mejora la postulación. Sin embargo, es necesario que los Fondos de Cultura nivelen las exigencias y no exageren en solicitudes que hacen que el proceso finalmente sea poco inclusivo. En concreto, la postulación a los Fondos no se puede transformar en una proceso tecnócrata donde sólo unos pocos expertos con experiencia conozcan las “mañas” del sistema y puedan acceder a estos recursos públicos.

5. Fortalecer la condición del trabajador cultural. Hace poco el proyecto TRAMA presentó un inquietante informe donde se confirmaba la precaria situación en la que se encuentra gran parte de los trabajadores de la cultura en Chile. Los Fondos de Cultura debieran asumir esta problemática y establecer en sus bases un protocolo mínimo para fortalecer los derechos labores. Entre otras medidas se debiera partir por establecer honorarios con valores de mercado, y exigir por bases la contratación formal de artistas/creadores/gestores con pago de impuestos asociados. Un buen ejemplo de esto es lo que hace el Fondo de Fomento Audiovisual del CNCA, que promueve desde hace varios años una correcta aplicación de la legislación laboral en sus proyectos.

6. Crear fondos sectoriales regionales. Para los que no lo saben, los Fondos del Libro, Audiovisual, y de la Música no tienen un símil regional como Fondart, que cuenta en forma separada con recursos para las regiones. Si bien estos fondos (que se manejan con el VºBº de Consejos sectoriales asociados a la Industria Cultural en Chile) cuentan con líneas y sub modalidades de carácter regional, pero que en la práctica no manifiestan una priorización regional en sus criterios, ya que suelen concentrarse los recursos en proyectos asociados a la Región Metropolitana, donde se aglutina la industria cultural del país.

7. Crear unidades de acompañamiento. Es de conocimiento público que quedar seleccionado en algún fondo resulta significa también adquirir una alta responsabilidad y carga administrativa para la ejecución y rendición de los proyectos. Es muy necesario establecer profesionales de apoyo para guiar, orientar y supervisar en forma continua la implementación de las iniciativas ganadoras. Esta Unidad además podría desarrollar un trabajo cualitativo de seguimiento y de evaluación de impacto de la inversión pública en cultura.

8. Crear un Fondo/Programa especial de Emprendimiento Cultural. Esta medida permitiría descomprimir la demanda actual que tienen los Fondos asociada a iniciativas que tienen relación con el lucro o el emprendimiento creativo y cultural que tienen lógicas y orientaciones distintas a las de proyectos de creación o intermediación artística. Clave será lo que ocurra con el Plan Nacional de Economía Creativa, recientemente anunciado el cual contará con cerca de 900 millones de pesos para 2015.

9. Menos pero mejores evaluadores.  Uno de los temas que más genera discusión y debate es el diseño del perfil y logística para establecer los evaluadores que cada año deben seleccionar a los proyectos ganadores. Entre otras medidas es fundamental establecer un grupo diversos de perfiles, donde incluso (¿por qué no?) se podrían incluir a los propios funcionarios capacitados del CNCA (otros instrumentos públicos de financiamiento lo hacen), o establecer honorarios acordes al mercado para motivar la incorporación de mejores perfiles en los procesos que vienen.

10. Buscar nuevas alternativas de financiamiento público. Resulta ineludible asumir que, a estas alturas, un sistema de financiamiento como el actual no da abasto a la gran demanda de recursos que requiere el desarrollo cultural en todo Chile. De ahí la necesidad de crear nuevas vías de financiamiento que apoyen, por ejemplo, a iniciativas culturales de relevancia regional (festivales, espacios culturales, agentes con trayectoria). Aquí se pueden generar alianzas/programas con los Gobiernos Regionales y los servicios públicos de la cadena productiva creativa (Corfo, Sercotec, Fosis). Y si bien próximamente se anunciará el nuevo programa de Servicios de Intermediación Cultural CNCA, que financiará en forma directa (sin concurso) a 30 iniciativas/proyectos/agentes en todo Chile, resulta una medida totalmente insuficiente ante la alta demanda y expectativa que generará una iniciativa como esta.

 

*Gestor cultural y productor. Editor plataforma de contenidos Caja Cerebro. Ha sido seleccionado, evaluador, miembro del comité de especialistas, y jurado en distintos procesos de los Fondos de Cultura CNCA a lo largo de una década. Además, fue miembro del Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, región de Valparaíso.

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