Ygdrasil, el re-imbunchaje

Balmaceda Arte Joven

El imbunche

El imbunche

Por Gabriel Ribet A.

Jorge Baradit, diseñador gráfico de profesión y escritor por oficio -connotado narrador de fantasía- inaugura su carrera con Ygdrasil (Norma, 2005), una novela que presenta una relectura fusionada del ciberpunk y el realismo mágico.

El relato sucede en un México futurista, pintado con tecnologías que ‘superan’ el imaginario común de la ciencia ficción, despegándose de la arquitectura tecnológica común -engranajes, chips, combustible fósil, agua, roce, etc- proyectando el avance técnico-científico hacia una propuesta orgánica-espiritual, que convive con la electrónica actual.

En este paisaje se desarrolla la aventura de Mariana: mercenaria marginal contratada -gracias a sucias artimañas- por militares del D.F.  con el fin de infiltrarse en una transnacional para robar tecnología secreta. A través de heterogéneas peripecias y extrañas compañías -el alma de un soldado de la segunda guerra mundial y un ser de complejidad metafísica más allá del entendimiento humano-, ella logra concretar lo que esperan los poderosos, no sin antes estar obligada a dejar de lado su identidad.

Si bien, podemos encontrar un sinfín de citas a culturas ancestrales -conceptos como chakra, nominalizaciones como selknam, samuráis, chamanes, yahveh, etc- que por el vaciamento con que se tratan y por el engranaje entre sí, parecen extraídos de Wikipedia, hay un punto altamente rescatable dentro del revoltijo en el que se puede transformar la novela: el imbunche.

Baradit ha explicitado su intención de releer la mitología chilena. Esto lo logra con la resignificación del mito chilote, tratado en dos hitos de la literatura chilena: Don Guillermo (1860) de J.V. Lastarria -puntapié inicial de la fantasía chilena-, y El obsceno pájaro de la noche (1970), de José Donoso, canonizada por la crítica gracias a su rupturista construcción estética. En ambas se retrata  al sujeto/sociedad del contexto de producción: discursos contra-hegemónicos silenciados y cercenados por los poderosos de turno.

El giro que se da en Ygdrasil es importantísimo, el imbunche es líder de una nación independiente descolgada de una transnacional (Chrysler), configurado como sujeto del ‘discursear’ quien enceguecido por su narcisismo, se observa inconsciente de los hilos que coartan su identidad. No comprende que su rimbombancia retórica y liderazgo está siendo ‘imbunchado’, pero esta vez, no es necesario silenciar significantes… sino vaciar significados.

Así mismo la obra parece pisarse la cola y autoimbuncharse, al utilizar superficialmente conceptos llenos de una mochila cultural. Pero a ratos eso que parece falencia re-significa/actualiza creativa y críticamente conceptos/ideas/costumbres automatizados(as).

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