Y la culpa no era mía

Por: Valentinne Rudolphy
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“De la Cisterna a Nueva York”, tituló CHV en su web una nota sobre el colectivo Lastesis, que durante las últimas semanas se ha transformado en un fenómeno sin control después de una primera performance de “Un violador en tu camino” en el sector de Aníbal Pinto. Algo pasó con este beat, estos pasos y letra, que explotó. Como una bomba, en el centro de Valparaíso.

Lastesis es viral. Una performance teórica under porteña es viral, se replicó en el mundo. ¿Por qué? Una apropiación del espacio público que nos ha sido prohibida a las mujeres, pero sin decirlo. Porque el espacio público la mujer chilena no lo habita, lo resiste. Lo esquiva, por sus peligros. No es un lugar seguro nunca.

Este viernes 29 de noviembre, junto a muchísimas otras mujeres, fui parte de la performance convocada por las cuatro jóvenes en Plaza Sotomayor. No puedo describir lo potente del silencio antes de la última bocanada de aire que cada una de las presentes inhaló para cantar Un violador en tu camino, el nombre de este «himno feminista» que ha estallado. Que ha significado algo tremendo para el feminismo  m u n d i a l y para la ciudadanía.

Lea Cáceres, Paula Cometa, Dafne Valdés y Sibila Sotomayor son las cuatro integrantes de este colectivo. Precisamente Sotomayor comentó al Matinal de los que sobran de El Desconcierto:

Algo que es muy importante en la revolución feminista de mayo 2018, es precisamente el posicionamiento en las calles de las mujeres y las disidencias, considerando que el espacio público está masculinizado. Creo que ahí se genera un cambio y una manera de relacionarse con el espacio público, desde otro lenguaje y desde la performance.

Para mí, todo comienza con el lenguaje.

Cambiar el sujeto

Al leer la letra de la canción impresa en papel roneo, se hace palpable: Lastesis trabajan con el lenguaje. Su planteamiento viene desde la teoría. Con cada palabra cambian el discurso «oficial» de una víctima de abuso, acoso o violencia de género. Básicamente, toda mujer chilena.

y la culpa no era mía

Bailar esa estrofa es resignificar en la mente y en cuerpo. Hayas vivido por lo que hayas vivido. Tomarse el espacio público enunciando esas palabras en voz alta, sin miedo, en una de los monumentos más importantes de la ciudad. Frente a la Armada de Chile, da escalofríos. Y yo creo que así resuena en todas estas mujeres, es porque todas sentimos propia cada estrofa de la canción.

Paz Olivares (fotógrafa) pensó en esto y citó un tuit en su cuenta de Sexualidades Femeninas: “Yo tenía 10 años, estaba en mi casa y con pijama… me costó 20 años y un tratamiento psiquiátrico largo entender que, obviamente, la culpa no era mía, ni donde estaba, ni cómo vestía”. No podría ser más real.

Lo que pasa con Un violador en tu camino es que da la oportunidad de descargarnos, de gritar y contar nuestra verdad. Y ya no nos sentimos solas, ni exageradas.

Fue Paz que en sus palabras estableció “crecer es cuidarnos”, porque eso nos enseñan: que cuando creces (tu cuerpo) tienes que poner(te) límites, poner(te) ropa, nos impulsan a una transformación determinante en pos de no llamar la atención. Cuando lo único que no quieres hacer es, precisamente, llamar la atención de los hombres. Nos educan para censurarnos.

Ante esta storie, muchas chicas respondían frases como “estamos juntas en esto”, o que con la performance “Lloré porque la violencia sexual nunca deja de tener rastro”.

A eso cantamos, a eso le bailamos: al derrocamiento del patriarcado que nos cegó tanto, que no nos dimos cuenta que necesitábamos espacios como estos, no una terapia a puerta cerrada.

Todo aquel machismo que está pegado como grasa rancia en las paredes, en el entretejido, en toda clase social en Chile es asfixiante. Poder salir a la calle y saber que vas a decir por primera vez lo que piensas es sacarse la rabia, es validarte. Se vuelve un idioma global: abajo con el macho opresor. El tiempo ya acabó.

Y así es como se alinean los planetas para tener al feminismo resonando en todo el mundo con un beat electropop. En México, en Colombia, Francia, España, Turquía, Austria, y la lista sigue…

“Fue como contarle a alguien porque lloraba. Fue sanador”, comentó otra chica en SF.

Gracias, cabras, por ayudarnos a sanar.

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