Vivas nos queremos

Fuente: RIVAL. Fotografía: Fotografía: Pentos http://bit.ly/28YOLo4

Fuente: RIVAL. Fotografía: Pentos.

Por Kocakli y Ciuatl Awka*

Escribimos estas reflexiones desde el trabajo activista que por años llevamos en nuestro cuerpo y memoria. Escribimos inquietas y motivadas por la reciente movilización que se ha desarrollado a lo largo de Latinoamérica y el mundo, ya que para nosotras salir a marchar por la vida digna de las mujeres va más allá de las selfies y de una “experiencia” de Facebook.

El movimiento feminista, con siglos de historia, perseverantemente ha denunciado la violencia machista y construido el imaginario social de su existencia y su carácter sistémico. A través de grupos de autoconciencia, conversatorios, asambleas, acogiendo a las miles de mujeres que no saben qué hacer cuando viven violencia y reconociendo que todas somos objeto de esa violencia, conteniendo la rabia de los abusos, haciendo funas, poniendo las cuerpas, desanudando el sufrimiento familiar donde padres, tíos, abuelos violan y asesinan a sus hijas, ayudando a decidir sobre sus cuerpos y vidas, posibilitando las interrupciones del embarazo, escribiendo, discutiendo y generando pensamiento. Siempre buscando crear nuevos referentes y formas de existir: el amor y solidaridad entre mujeres con conciencia crítica, intencionando borrar la envidia y rivalidad que nos han instalado.

Ser feminista pasa por una experiencia profunda de cambios radicales en tu vida, no es estar “a favor de las mujeres” o “ser más atrevida” o “empoderada”, como nos dicen las instituciones despolitizadas y la idea que se vende en el mercado, pasa por deconstruir lo que está la educación -patriarcal y capitalista- que  recorre  tus venas. Entonces quiebras con la idea y deseo de familia, de maternidad, de feminidad, de amor romántico, de heteronormatividad y de obediencia a los mandatos impuestos. Quiebras también con la idea de productividad, de consumo, de individualismo. Todo te incomoda, no callas, no pides permiso y no te conformas. Es un ejercicio en espiral y expansivo porque partes de tí misma para afectar a quienes están a tu lado, a tu grupo, a tu sociedad. Nunca es sólo individual, pasas a ser parte de un movimiento político de transformación cultural.

Recientemente, un artículo de El Desconcierto publicó que el 43% de las chilenas se declara feminista. ¿Qué significa esto para nosotras? Primero, que no es una moda. Moda sería si no hubiera memoria histórica de nuestras luchas, por el contrario, esto es producto de un despertar de conciencia que se expresa en el sentimiento colectivo de que no podemos seguir tolerando la violencia que nos golpea día a día. Segundo, nos desafía a que esta sincronía se materialice en cambios a todos los niveles, porque de eso se trata el feminismo, de cuestionar y construir referentes nuevos – no masculinos ni patriarcales – en nuestras vidas cotidianas, en lo comunitario y en lo público, desde tu cama a la calle. No es igualdad lo que queremos, porque este mundo ya no nos sirve, queremos y luchamos por otro, donde prime la vida (situada y concreta, no abstracta), la solidaridad, el amor por la naturaleza. Esto no es fácil y es aquí donde ese 43% se relativiza pero de todas maneras es una señal, un síntoma, que hay que atender. El feminismo es una experiencia pedagógica.

Sobre los hombres y sus pataletas o bien la forma que tienen de desconcentrar, por ejemplo, la campaña #Nadiemenos o los sinfin de comentarios que hemos tenido que bancarnos, nos queda decir que no pondremos energía en su análisis ni en su ocupación. Lo que les corresponde es silenciarse, acompañar y hacer un trabajo de cuestionamiento de sus privilegios y comodidades. La reacción egocéntrica de muchos se parece al oportunismo descarado que mostraron (una vez más) las instituciones: se iluminó La Moneda con el Ni Una Menos al igual que el diario La Cuarta que puso el slogan en su portada (#Niunamenos), los pacos salieron en campaña, algunos políticos quisieron mezclarse en la marcha…etc.  

Tener un cuerpo de mujer no te convierte en feminista, pero es el primer territorio donde se desarrolla la conciencia de lo que somos, de lo que el sistema espera de nosotras y de los mecanismos que ocupa para controlarnos. No existe un esencialismo de ser mujer, es un proceso de construcción cultural y psíquica, atrapada por el deseo inconsciente en una civilización patriarcal. El primer paso para conectarse con la experiencia de ser feminista es que reconozcas la violencia que ejercen sobre tí y la que tú ejerces en otros y otras. La violencia es inconsciencia.

Recuperemos los vínculos afectivos y la amorosidad con crítica.

Nos queremos vivas, con libertad de goce y placer, sin miedo y sin vergüenza.

La revolución será feminista o no será.


*Kocakli, actuante y psicoterapeuta feminista, desde Valparaíso. Ciuatl Awka, actuante y antropóloga feminista, desde México. Las inconclusas, Feministas radicales.

 

 

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