¿Vamos a Mala?

la juguera magazinePor Paolo Salgado*

 

“Amigo, cerramos luego, así que espérame sentadito no más”, me dice Felipe o la Fele como lo llamamos desde hace ya varios años, varias noches y varias fiestas que hacemos en casas de algunos chicos del grupo, cuyas personalidades son de la más variada gama, desde cocainómanos a bailarines expertos en coreografías pop.

Son las ocho de la noche y estoy sentado en medio de máquinas cortadoras de pelos, secadoras, y cabellos muertos que yacen en el piso de Mala Femmina, la peluquería que se ha convertido en nuestra pequeña guarida: en el club donde nos permitimos todo, donde nos reímos de los hombres heteros que llegan por un corte a la moda, donde feminizamos nuestros nombres, donde la identidad no tiene parangón.

-Amigo, termino con él y estamos listos”, insiste, mientras cuento los minutos pensando en cuál será nuestro próximo destino: ¿Algún depa, unos traguitos y luego a la disco?

Cuando termina el servicio, veo que le guiña el ojo a su cliente quien queda maravillado con el corte. Luego de pagarle, Fele lo acompaña hasta la entrada y cierra la puerta. Se da la vuelta y con una sonrisa de satisfacción me confirma que ya empezó la noche.

-Amiga, ayúdame a cerrar las cortinas que yo no puedo, viste que soy mujer, me dice, y lanza una carcajada que se escucha en todo el local.

La noche empieza acá.

La Fele saca un tremendo pito de marihuana y lo comienza a quemar, mientras  yo lo miro con orgullo. “El carrete empieza acá güeona”, susurra. Saca una botella de pisco y unos hielos.

-Vamos a brindar por Mala Femmina, nuestro hogar, dice orgulloso mientras comienza el rito.

Nos emborrachamos. Escuchamos música. Fele se toma el pelo y baila Single Ladies de Beyoncé con precisión y destreza. Yo sigo con algo más indie y empiezo a imitar las maromas del video ¿Cómo puedes vivir contigo mismo? de Alex Anwandter, convirtiendo el centro del salón en una verdadera pista de baile. Fele camina en puntillas con tacos imaginarios. La marihuana ahora cobra sentido: bailo y canto como Lady Gaga. Juntos somos Mariah Carey y Celine Dion en pleno show de Las Vegas.

La noche avanza. Suena el cover de I´m every woman en la voz de Whitney Huston, caminamos al centro del local y nos frotamos -espalda con espalda- sosteniendo ambos un cepillo para brushing a modo de micrófono. “Whatever you want, whatever you need”, cantamos al unísono, mientras nos replicamos en cada espejo del Mala, generando un efecto visual perfecto.

Son las 3 de la madrugada. El tiempo vuela -literalmente-. Fele empieza a cantar “More than words” y lloramos por los hombres que se fueron y los que vendrán. Estamos exhaustos. Intercambia algunos saludos por WhatsApp y se entusiasma con un chico. “Amigo, me invitaron al cerro Cárcel”, dice. “Mañana es sábado”, le recuerdo. Nuestra noche termina, por ahora.

¿A la misma hora, amigo?

A la misma hora, niña.


*Periodista. Participante del 3er Taller de Escritura La Juguera Magazine

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