Valparaíso, trinchera olvidada

Por: Valentinne Rudolphy G.

Fotografía: FIFV – Migrar Photo

 

Ya nada es igual. La rutina de cada chileno y chilena ha sido alterada en las últimas tres semanas, y aún aquel que quisiera “evadir” esta trifulca del proletario, tiene en sus narices el ardor de la lacrimógena, la sangre que se pega en la llanta de su vehículo al pasar por la calle.

El tránsito en Valparaíso ya nunca volverá a ser lo mismo.

Desde el 18 de octubre, avenidas como Condell, Pedro Montt, y cada rincón del plan del Puerto está transformado. Está rayado, quemado, blindado – alterado de su estado inicial, de su normalidad. Pues es precisamente aquello lo que hemos perdido estos días: se erradicó lo normal de nuestras vidas.

Una transformación violenta que se siente tanto en la espina dorsal como en la calle, ardiendo todavía por los enfrentamientos entre civiles y policías, en un espiral sin sentido que indigna.

Valparaíso, Patrimonio de la Humanidad.

Valparaíso, el alguna vez Puerto más importante de Sudamérica.

Valparaíso, destrozado.

Y hay fuego en la calle.

Twitter me informa de un escenario igual de desolador (y empoderante a la vez) en Plaza Italia en Santiago. Ahora, las piedras y lacrimógenas se desplazan a otros puntos de la ciudad. Viña del Mar. Hoy es el turno de Reñaca, ese barrio tan turístico y residencial, donde la bala de un gringo delirante sonó en el cielo y agredió a un manifestante; lo suficiente como para encender con barricadas los ánimos de aquellos que estaban manifestándose en la playa con juegos, música y melón con vino.

¿Y si hubiese pasado en Valparaíso?

Espera. Fue titular. En TODOS los medios. 

Pero una ciudad, por más patrimonio de la humanidad que sea, que es el baño y basurero además de puerto, a nadie le importa. Que se queme. Que se queme Sharp, quizás querrán algunos.

Hoy, habitar en este territorio se vuelve más áspero que nunca. Su especial configuración permite vida en los cerros y caos en el llano, donde imponente se levanta el Congreso de una nación en llamas, institución que aún se cree válida para representar a la ciudadanía que día a día está perdiendo la vista y la vida en la calle. Porque ya nada queda ¿qué más da si saquean todo este paraíso?. Esta “joyita del Pacífico” inagotable por décadas, que ha inspirado a artistas y albergado la cuna de la cultura y economía de Chile en algún momento de su vida. El protagonista de cada Año Nuevo, relegado como siempre a ser un mero objeto, cosificado al punto de ser tratado como el peor de los prostitutos baratos.

Me duele caminar por Valparaíso, a la vez de que me alienta. Porque cada mancha en su suelo y en sus paredes, son una lucha que no parará hasta que la dignidad sea costumbre. Son garra.

Al Puerto esto lo representa. Su desigualdad y la hipocresía de su clase política que ha pintado de sangre el asfalto. 

Que alguien le retorne la dignidad a Valparaíso, y a todos aquellos que habitamos sus recovecos, a quienes luchamos por una nueva ciudadanía, y entendemos la desigualdad con solo pisar sus calles y el orina que de ellas emana.

Porque esta es la violencia es lo que se hizo costumbre.

Y se tiene que acabar.

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