Una libélula para Navidad

kennygintro¿Quién se acuerda hoy de la Navidad? Al parecer cualquiera que tenga una historia de abandono a todo Kenny G.

Por A.E.

Mi reloj lleva defectuoso varios días y no me importa. Hace una semana marca que son las 18:45. Es víspera de Navidad, nada importa. Me detengo, como casi todos los días a observar durante unos minutos el árbol que armamos en el living. Es un espécimen maravilloso, de puro plástico resistente y de un metro noventa. Mi mirada se detiene en una de las esferas rojas y brillantes, pienso que es la luna que se ha teñido de sangre. Mi cara aparece reflejada, distorsionada, convertida en un gran mapa por donde puedo ver las marcas que mi vida ha ido dejando en ella. Que felicidad sentirse vivo en navidad.

Mi novia dejó una carta bajo el árbol. Voy hasta el equipo de música y con solemnidad pongo un poco para amenizar el ambiente, para hacerlo un tanto más nostálgico, como el verdadero espíritu de la navidad. The Christmas Song, interpretado por Kenny G. El sonido del saxofón soprano entra por mis orejas hasta llegar a mi cerebro, pulsar en mi sistema nervioso y levantar al sol cada uno de los vellos que cubren mis brazos. Recojo la carta y leo el hermoso mensaje que mi novia ha dejado. Me sonrío en soledad. Ya le compré un regalo maravilloso. Un colgante para su cuello elegante, de plata con forma de libélula. Un símbolo que sé que le gusta, que tiene un significado de colores y de vuelos infinitos. Que viaja eternamente por sobre lagunas y bosques, recibiendo de la naturaleza su propio espíritu y dejando polvo cósmico en cada planta, en cada criatura que roza con sus alas. Así es ella para mí. Y su amor que complementa mi existencia y la llena de colores vivos, de agitaciones nocturnas y cansancios alegres.

Esta navidad será especial, porque por primera vez la pasaremos juntos, en la casa que he comprado para nosotros, en la calidez de un hogar formado por el cariño que nos tenemos. Pronto debería estar por llegar, sonreírme en la puerta y decirme ¿cómo estas?

Y yo solo la miraré con los ojos brillantes de amor, tomaré con fuerza pero cuidado su frágil cuerpo por la cintura y la pegaré a mis caderas y la besaré, la besaré con ternura, cerrando los ojos y sintiendo como mi piel, cual si fuera un río, la cubre desde sus pequeños pies hasta la raíz de su cabello dorado como la estrella que cuelga sobre nuestro árbol de navidad. Le preguntaré si acaso está cansada de tanto vagar, de conocer el mundo y perderse en bosques más antiguos que la misma fiesta de navidad. Sé que me mirará y se reirá, con esa risa tan dulce, especial, sin burla y con una melodía que me golpea preparándome para arrojarme a sus pies y decirle cuanto le amo. Navidad, navidad. Ella se reirá, ese será el mejor regalo que recibiré.

Recuerdo la navidad de hace dos años. No estuvimos juntos, nos reunimos un par de días después y te dije que estabas hermosa, dichosa y yo te abracé para no volverte a soltar, me dijiste que era un tonto, lo dijiste con cariño, te di la razón y me besaste por sorpresa, afirmando mi mano derecha y estirando tu cuello para que yo pudiera sentir el aroma predilecto que emanaba de tu cuerpo, ese perfume que era solo tuyo, una mezcla de una colonia relativamente barata y el shampoo que usabas. Caminamos de la mano, y cada vez que te miraba, sin decir una palabra, me sentía más y más borracho, extasiado, bendecido por la estrella que cobijo nuestras almas en la playa esa calurosa noche de diciembre. Es extraño, cuando podía decirte tantas cosas, yo callaba y no nos molestaba el silencio, al contrario, nuestras bocas estaban cerradas pero nuestros corazones se gritaban el uno al otro, consignas de pasión, locura y adhesión.

¿Cuánto hace que no llovía en noche buena? La lluvia cae, arrastrando consigo la enfermedad que hay en el aire, llevándose la pena, pero atrayendo tristezas nuevas. Esta navidad, con esta lluvia, es la melancolía perfecta. La música que he puesto se pierde en mi cabeza, se diluye hasta convertirse en un rumor lejano. Son las 12, oficialmente es navidad. Veo la fotografía que tenemos juntos, jóvenes, embriagados de la vida y el amor que alguna vez nos sacudió.

Te extraño y deseo que estés aquí conmigo, sé que pronto vas aparecer en mi puerta, lo sé, porque aunque tu carta ya tenga dos años y sabe el diablo en que paisaje estarás, al igual que mi reloj detenida o perdida, entregada a los placeres fútiles de algún conquistador, todavía espero que vuelvas mujer, que vuelvas, que vuelvas…

Comenta desde Facebook

Comentarios