Un Valpo para vivir: ¿Es posible construir ciudad desde las artes y lo público?

Por Cristóbal Valenzuela

Fue hace muchos años cuando escuché por primera vez, refiriéndose a Valparaíso, el apodo que versa: capital cultural. ¿Cómo fue el ideario de ese sobrenombre? Ni idea. ¿Dónde reside la responsabilidad de sostenerlo y difundirlo? ¿Dónde la de eliminarlo?

Más que la capital cultural del país tiendo a atender el Capital Cultural que habita Valparaíso.

¿Es el Capital Cultural una cuestión unificada que está repartida o distribuida entre quiénes habitamos un territorio? De ser así; ¿Quién lo distribuye? ¿Quién lo dinamiza en Valparaíso? ¿Quién lo pone en crisis? Así como es dable esperar que el Ministerio de Economía vele por el monitoreo y la puesta en acción de gestos que sostengan y tiendan a la distribución y generación equitativa del capital económico emergente, inmigrante, transeúnte y reservado del país, ¿podemos esperar lo mismo de Cultura (Ministerio, claro)? ¿Cómo opera aquí el departamento de cultura de la Municipalidad, Ilustre al fin, de Valparaíso? Tiendo a pensar que estas son cuestiones públicas, que no deben depender de las dinámicas familiares ni institucionales. Somos los comunes los que tenemos que dar el punta pié inicial y luego mandatar a nuestras autoridades para guíen las instituciones del modo que determinamos. ¿Cómo hacer esto? Construir lo común primero, establecer lo público después.

La Ex-Maestranza que fue parte fundamental en el funcionamiento de los ferrocarriles en Valparaíso, está en ruinas y en esas ruinas arde aún la brasa del espíritu común.

El pasado domingo 29 de Abril esa brasa recibió viento favorable y combustible; organización y artes. Talleres de oficios y deportes, cocina, música, danza y circo, en una primera parada de ESTACIÓN PARAÍSO.

Se materializan respuestas ante las preguntas anteriores:

Primero: el tránsito natural de los habitantes o visitantes de la ciudad, la deriva si se quiere (para soplar también el brasero de la emblemática escuela de arquitectura de ese Valparaíso de antaño), incluye en su trazado este espacio. Las rejas le han aislado durante años, lo han sumido en el abandono, pero no en el olvido. Para sacarlo de ahí y superar esa separación resulta clave el tiempo. Disponer del espacio en el tiempo para su incorporación a los procesos de producción simbólica a través de la realización de ciertas prácticas, generando en la comunidad un punto que es parte de sus hábitos y habitar.

En el caso particular de la Ex-Maestranza, en relación a la posibilidad de ser incorporada al patrimonio simbólico y al acápite del capital cultural porteño dedicado a los espacios públicos, que es moneda corriente en esa arca, ese tiempo es breve desde la perspectiva de la apertura. Si ese mismo tiempo lo consideramos desde la experiencia práctica de contacto con bienes o servicios culturales se reduce aún más. No basta con abrir el lugar y disponerlo para prácticas artísticas y encuentro social, ese espacio y tiempo necesita ser incorporado a las prácticas de la gente. Considerando la inmensa precariedad laboral, ampliamente extendida y naturalizada en nuestro territorio, las dificultades económicas que atraviesa gran parte de la población para el desarrollo de tareas de sobrevivencia básica y el deteriorado prestigio de las actividades en común, las barreras a sortear son múltiples y mucho más difíciles que las rejas perimetrales instaladas en torno al sitio; se han levantado barreras invisibles.

¿Es posible abrir, en esas mismas barreras invisibles, portales que desarticulen la disposición de tiempo libre según la pertenencia de clase? Sí. ESTACIÓN PARAÍSO intenta levantar un portal; el último domingo del mes en la Tornamesa Barón. Es una iniciativa de la sociedad civil, diversas organizaciones que se aglutinan en un gesto que es, claro, concatenado con todo lo acontecido desde el despido por cierre de la maestranza de los más de cien trabajadores que se encargaban de la manutención eléctrica de los trenes y de todos los otros funcionarios ferrocarrileros que tuvieron que realizar su salida de las instalaciones tras el manejo político que hicieron los inversores para transformar a este país en una geografía conectada por autopistas transitadas por buses. ¿Es la conectividad ferroviaria, el tren, parte del capital cultural de nuestro territorio? Tal vez lo fue, pues es claro que del Capital Cultural se puede apropiar cualquiera, tal cómo de cualquier capital, construir murallones invisibles e incluso visibles que permitan el provecho solo para algunos; excluir, dominar, oprimir y explotar, son acciones que aplican frente al capital cultural. ¿Con qué fin? Con el de la reproducción social. ¿Hasta cuándo? Hasta la desafiliación y la creación de nuevos vínculos.

Si la mirada se desprende del individuo, como agente aislado que lo porta, y se instala en la comunidad que le constituye, esas murallas en torno al capital cultural (y también al económico) son más simples de franquear. El Capital Cultural puede ser un asunto común, estimulado desde lo público, pero no vamos a esperar que las instituciones públicas se determinen a ser quiénes promuevan ese capital común, no podemos ser así de ilusos y salir ilesos. Habitamos un estado neoliberal gobernado, además, por nuestra tierna derecha enjuta y enclenque en cuanto a pensamiento político, robusta en su billetera económica, pero ferozmente vacía ahí dónde se atesora el capital cultural. Esto último solo empeora la situación actual, pues quienes ostentan ese lugar de control, desde la institucionalidad hoy, son culturalmente anémicos, ejerciendo su poder con evidente incompetencia. Ni siquiera es una opresión desde una visión consolidada, son palos de ciego. Transformar esta dinámica y evitar que la cultura sea usada como herramienta de dominación y opresión por parte de inaptos (no inéptos, aunque también) es algo que se puede lograr construyendo un capital cultural común, instalando la paradoja, abriendo una singularidad, una ESTACIÓN PARAÍSO, que una vez por mes, el último domingo, tantea la posibilidad de provocar que el capital cultural devenga en cuestión común, que los públicos se formen y fomenten en lo público.

La ambición es grande; desmantelar el arbitrario cultural dominante, tendiente a la patrimonialización y a la turistización.

Hay que avanzar sorteando las durmientes extendidas entre el capital colectivo (acumulado en Valparaíso) y el capital común (posible de consolidar, leudar y distribuir desde Valparaíso).

Sacar el espacio de la Ex-Maestranza de la casilla ABANDONADO es una cuestión de reorganización de nuestra mirada y nuestras acciones. No comprender su potencial nada tiene que ver con la falta de capacidad para reconvertir ciudades y habitar espacios públicos, es solo el producto de un comportamiento cultural en el que estos espacios están destinados a fines privados, pues el prestigio que ha desarrollado una parte de nuestra sociedad en relación a la propiedad privada es por mucho superior al que hemos logrado construir en torno a lo público y lo común.

Volver a la ex maestranza es volver a los trenes. Volver a los trenes es volver a otro Valparaíso, un Valparaíso que sería algo así como la Estación Central en la línea de tiempo de nuestro desarrollo, estación desde la que es posible salir en todas direcciones.

Volver a ese Valparaíso Estación Central es la posibilidad de salir por otras rutas hacia un Chile que está en la siguiente parada. Evitar la capital cultural. Conducir nuestros vapores hacia un Valparaíso donde las artes son centro de la actividad social y donde el extractivismo es cuestión de siglos pasados.

Es posible construir un Valpo para vivir y no uno para visitar. Hay que asumir que la pugna contra la patrimonialización y la turistización es sin tregua y que el viento no siempre sopla a nuestro favor.

Urge construir una comunidad que pueda bajar del vagón en una ciudad que se crea desde lo público y en la que las artes tienen la relevancia que en una ciudad minera tiene un yacimiento de litio, en una petrolera un bolsón de crudo y gas, en una agrícola un valle entre ríos o en una pesquera una salida llana y soberana al mar.

Urge construir un Valpo para vivir. ESTACIÓN PARAÍSO se suma al trazado de esa línea (férrea) que promueve el capital cultural común de Valparaíso y que desde hace años se viene realizando de manera participativa, sin involucramiento de instituciones (públicas ni privadas), ni autoridades. Ya llegará el momento en que se suban al carro. Mientras, a seguir en movimiento.

*ESTACIÓN PARAÍSO es organizado por diversas organizaciones. Su próxima jornada será el día domingo 20 de Mayo en la Ex-Maestranzas de Barón.

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