Un rebaño obediente

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Por Franco Contreras / Ilustración de Betts Castro

Cuando conversas con alguien que lleva 20 años en una compañía, normalmente quedas abrumado por su valiosa experiencia, la que en algunos casos es sinónimo de respeto entre sus compañeros y se traduce en una posición de liderazgo informal. Claramente esto no configura una prerrogativa de bueno o malo, sino solo la oportunidad de ser escuchado, la sabiduría en sus palabras y actos, determinarán si representa una contribución a la sociedad.

Con el tiempo se adquieren herramientas que agilizan la detección de falencias en una organización, pero a veces quedan transformadas en un ruido subterráneo que pocas veces se abre camino hacia la superficie con la fuerza necesaria para transformar su entorno. Lo anterior puede ser el resultado de gerentes de alto nivel desconectados de las personas, mandos medios temerosos de ser opacados por sus subordinados y trabajadores que no se atreven a disentir con sus superiores.

Se genera un escenario complejo cuando no hay cuestionamiento desde la base organizacional, ya que se pierde el contacto necesario para anticipar una problemática u oportunidad de mejora, impidiendo estrechar los lazos con aquellos que están en la vanguardia, resolviendo y superando dificultades diarias que posibilitan una cadena de valor ininterrumpida.

La dignidad de la persona está relacionada con su libertad para tomar decisiones, lo que en una empresa se debe traducir en espacios de discusión y cuestionamiento que deben ser administrados con el objetivo de mejorar las condiciones laborales y con ello, productos y servicios entregados a sus clientes.

En el contexto de una sociedad obediente, caracterizada por el hedonismo, forjada con dictadura y represión, la búsqueda del bien común es criminalizado en medios de comunicación, mientras los que alimentan el ruido subterráneo no se pierden el noticiero y como ganado después de ser marcado y castrado vuelven voluntariamente al confort del corral.

El cuestionamiento y la protesta nos harán dignos de la libertad de decidir.

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