Un niño, una mochila: “La cultura es nuestra naturaleza colectiva”

No estamos asociados a ninguna empresa específica, ni respondemos a una lógica que imponga el asistencialismo. Queremos acompañar y potenciar la educación sustentable en directo contacto con la comunidad, con el objetivo de apoyar el proceso de activación virtuoso del tejido social de las zonas afectadas. La educación es el desafío central para la sociedad de hoy en Chile.

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Por Colectivo Campaña Un niño, una mochila

Ante la tragedia humana que asoló a la ciudad de Valparaíso, asociaciones independientes del mundo de la cultura decidimos que había que buscar respuesta inmediata a un problema evidente: los niños y niñas que lo perdieron todo. ¿Qué van a hacer cuando tengan que volver a clases?

Gracias a la colaboración espontánea de una red de voluntarios lanzamos una campaña en medios de prensa y redes sociales. La respuesta fue contundente: en tres días se reunieron las mochilas con sus correspondientes útiles. Aportaron anónimamente distintas personas, instituciones y empresas que entregaron útiles, mochilas, transporte y, sobre todo, mucho tiempo. Agradecemos este gesto humanitario, que demuestra una evolución en las metodologías de traspaso de recursos en una situación compleja, y que tiene que evitar la farandulización de la desgracia ajena.

Nos importa subrayar que no estamos asociados a ninguna empresa específica, ni respondemos a una lógica que imponga el asistencialismo. Queremos acompañar y potenciar la educación sustentable en directo contacto con la comunidad, con el objetivo de apoyar el proceso de activación virtuoso del tejido social de las zonas afectadas. La educación es el desafío central para la sociedad de hoy en Chile.

Desde el comienzo, el Parque Cultural de Valparaíso ha prestado su colaboración y ha sido un importante centro logístico. Destacamos el trabajo de cada uno de sus integrantes que, no sólo suspendieron las actividades del centro cultural, si no que pusieron toda su fuerza e inteligencia de gestión para resolver un imprevisto de grandes proporciones.

A su vez, la Seremi de Educación ofreció su ayuda inmediatamente, entendiendo que se trataba de un aporte focalizado a los escolares que tenían que iniciar la recuperación de su vida en comunidad mediante un gesto de acogida. Asimismo, ha sabido ver que esto es el inicio de un proceso continuo que debe prolongarse en el tiempo. Un set de útiles no es un bien que se consume: hay que insertarlo en un programa de actividades.

Hemos trabajado desde cero para elaborar un catastro después de la desbandada provocada por el fuego. Un trabajo enorme que sólo hemos podido llevar a cabo en contacto con los directores de las escuelas y las bases de datos del Ministerio de Educación. Eso no sólo nos ha acercado al problema que sufren los afectados, sino que también nos ha permitido encontrar formas de arraigo y de relación humana, lazos rotos que deben reactivarse. Muchas de las zonas afectadas estaban ya afectadas por un incendio subterráneo alimentado por la fragmentación social, por la cesantía, por la pobreza. Algunos de los damnificados ya eran damnificados antes del incendio del pasado 12 y 13 de abril.

Pensamos que cada mochila es una semilla. El tema de la educación y la cultura atraviesan todos los aspectos de la vida. Somos reacios a pensar la cultura como un mero espectáculo o una obra. Hay mucho aspectos involucrados en darle forma a nuestra vida en comunidad.

La cultura es nuestra naturaleza colectiva.

Entendido eso, hemos comenzado a preparar un programa de apoyo que permita que la campaña “Un niño, Una mochila” no sea un hecho aislado, sino el primer gesto que articule una relación fructífera entre las partes involucradas, sabiendo que primero, antes que nadie, están los niños y sus familias afectadas. Ellos son el centro de esta tragedia y son, también, los que deben encontrar una oportunidad en esta adversidad.

Todas las falencias estructurales a nivel social y administrativo deben y pueden ser abordadas a partir del protagonismo de los cerros y sus habitantes.

Un Niño, Una Mochila, es un regalo espontáneo, sí. Pero es también un compromiso sustentable ante una comunidad fracturada a la que el fuego ha llevado al límite, hasta plantear su refundación.

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