Tu diversión causa destrucción

DSC07690 2El título de esta columna cita un explícito mensaje que da la bienvenida en los muros de Valparaíso a los corredores del Dakar, reflejo de una realidad opacada por el gran despliegue de recursos que implica un evento de estas características. 

Por Franco Contreras

Es interesante que una carrera que lleva el nombre de una ciudad africana y que entrega un trofeo llamado como un pueblo nómade de ese continente, se desarrolle en América del Sur. Las constantes críticas a su realización por el daño a lugares arqueológicos y medio ambiente (según indica el Consejo de Monumentos Nacionales en su web), pasan a segundo plano, concentrando la atención de los medios en las mismas fotos de siempre. Una competencia sin propósito aparente y una necesidad de aventura desfigurada por la fantasía publicitaria. Quizá en el futuro recordaremos el apellido de un campeón, pero poco de nuestra historia, condenados a la ambigüedad de una nación sin identidad que se aferra al subdesarrollo.

 DSC07675 2 (1)¿Que nos queda?

Quizás queda más de lo que la miopía me permite advertir, pero en este contexto creo que queda el rostro feliz del chileno ganador que se multiplica a lo largo del país y el incentivo para comprar un todoterreno, aunque sea para estar en un taco en hora punta.

Cuando tienes la oportunidad de conversar con un aficionado a este  “deporte” y mostrar que la huella de su vehículo causa erosión, desvía pequeños cursos de agua que abastecen comunidades y dañan el medio ambiente, percibes aquella incrédula mirada, reflejo de una ignorancia que no necesita grado académico para ser superada, sino bajarse del vehículo, sacarse el casco y caminar. Claramente podemos convivir con los “tuerca”, pero en el marco del respeto mutuo.

Dejando atrás la polvareda, vuelvo a la frase inicial rescatada de los muros porteños, reflejo del “entusiasmo” con que fue recibida la caravana, que tras divertirse, ingresa a la ciudad como un victorioso ejercito romano, dejando en ella un cuestionable “mural” en el sector de plaza Aníbal Pinto, que quizá dista del concepto que define este tipo de expresiones artísticas, pero -aunque sea subjetivo- definitivamente no es muy digno de la ubicación, ni tampoco creo que signifique un aporte al imaginario porteño.

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