Travis Moreno: rompiendo los límites de la conciencia

travis moreno

 

Por Randy Escovedo Sánchez

La banda de rock psicodélico Travis Moreno acaba de lanzar su segundo álbum, grabado, mezclado y masterizado en CHT Estudios. Su lírica junto a una variedad de ritmos, melodías y sensaciones le otorgan a esta placa un sello característico propio invitándonos a ir más allá de lo establecido. Sin dejar de lado la inspiración e interpretación musical de dos poemas escritos por Robert Desnos (Francia) y otro por Juan Luis Martínez (Valparaíso, Chile) incorporados en dos intensas canciones del disco.

Con influencia de Yes, The Mars Volta, Génesis, Spinetta, entre otras, la banda quillotana está conformada por Javier Gahona, impulsando el viaje con la voz y efectos; Andrés Sánchez, pilotando análogamente en los teclados; Felipe Ayala, otorgándo una variedad de exquisitas frecuencias en el bajo; y Jorge Rubio, quien nos abastece con enérgicos y progresivos ritmos desde la batería.

El disco homónimo se nos presenta más vehemente que su primera propuesta (Odu Mod Neurt Se – 2014) y en esta ocasión, sin las seis cuerdas ni la necesidad de ellas. La portada creada por Pola Rubio, simboliza una especie de Big Bang (una explosión, un popurrí de ideas y sensaciones). Aludiendo directamente a lo psicodélico, y con esto no me refiero a la excitación sensorial que se manifiesta con euforia y alucinaciones producidas por el consumo de drogas alucinógenas, sino más bien a la psicodelia como concepto, tal como lo definía el psiquiatra británico Humphry Osmond: algo “que manifiesta el alma” y ofrece una vía de escape de los límites impuestos a la conciencia y a la vida diaria por el sistema dominante. Todo esto se expresa musicalmente en Travis Moreno, entrelazado con toques y métricas latinoamericanas (algunos ritmos en 6/8, bailables, etc.)

Su nombre lo dice. Travis es un nombre francés que simboliza una naturaleza emotiva, dinámica, expresiva y armoniosa incorporándolas al más puro estilo del rock. Moreno, es debido al arraigo latinoamericano que expresa su música. Su estilo está estrechamente ligado a sus gustos, al contexto y claramente a la experiencia de vivir en Quillota como una ciudad abrazada por la naturaleza con hermosos valles sus paisajes.

La obra parte con la canción Desconstrucción, comenzando con la incertidumbre y tensión de sonidos análogos ambientales pasando a un llamativo paradiddle con notas fantasmas ejecutadas por la batería. “A diario convivo con incapaces de soñar, solo se aferran a lo tangible, casi no duermen”, dice Javier Gahona en una atmósfera musical bastante intensa e impredecible que pasa por psicodélicas fases entre el teclado y el bajo sonando a la par, luego con una especie de reef en que las teclas toman el total protagonismo sorprendiéndonos. La canción finaliza con la frase “Ven, acércate, libérate… puedes llegar más lejos”, convirtiéndose en un portal hacia nuestro inconsciente.

La segunda canción es una interpretación musical del poema Desaparición de una familia escrito por Juan Luis Martínez, destacado y vanguardista poeta “porteño” que se cuestionaba la creación literaria y artística tradicional. El tema comienza con un ritmo bailable, afirmando el influjo presente desde la zona. Me hace pensar que Martínez hubiese quedado anonadado con tal representación de su obra.

“Soy un animal salvaje, preso en esta selva de cemento caliente”… Con esta frase se resume la tercera canción teniendo una creación literaria muy bien hecha, que hace cuestionar la vida urbana y logra transmitir perfectamente el mensaje.

Luego viene la traducción del poema A la faveur de la nuit  de Robert Desnos quien se basaba en el surrealismo y en lo onírico; cualidades que se condicen muy bien con la sonoridad de esta banda.

La composición (Felipe Ayala y Andrés Sánchez principalmente) y la instrumentalización del álbum es tremenda. El bajo toma un protagonismo característico de Felipe Ayala (bajista en Nébula también), jugando con un “Delay Análogo” y distorsiones parecidas al “Big Muff” que nos pasean de aquí para allá teniendo un rol más melodioso y armonioso, dejándole gran parte del trabajo rítmico a Jorge Rubio (baterista también de Dumo) en la percusión, quien lo desempeña con creces. El teclado de Andrés Sánchez nos asombra efectuando una infinidad de notas, frecuencias y pasajes sonoros que nos elevan y nos bajan acentuando las intenciones de Javier Gahona (quien también es actor) recitando histriónicamente unas letras y líricas impredecibles que te erizan los pelos y se convierten en frases que podrías estar gran parte del día tarareando luego de haber escuchado la canción.

Con esta obra de rock psicodélico latinoamericano Travis Moreno da el puntapié a un año nutrido demostrando el buen rumbo de la escena musical de la V región (y de Chile) con trabajos de harta dedicación y una excelente calidad como este.

 

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