Teatro Odeón: Cien años de historia y sueños

“La nuestra es una sociedad de consumo: en ella la cultura, al igual que el resto del mundo experimentado por los consumidores, se manifiesta como un depósito de bienes concebidos para el consumo, todos ellos en competencia por la atención insoportablemente fugaz y distraída de los potenciales clientes, empeñándose en captar esa atención más allá del pestañeo”

Zygmunt Bauman

Por Paulo Carreras

“Llegará un día que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza”. Esta es una frase del poeta y dramaturgo francés Paul Géraldy, que me hace en lo particular sentido con la exposición y lucha conjunta que un grupo de vecinos de Playa Ancha en la ciudad de Valparaíso, han iniciado hace ya un par de años en aras de la recuperación del extinto Teatro Odeón en el cerro porteño.

Memoria y ciudad es la conjunción, el nexo que establece el equipo del Estudio Flok de Arte y Arquitectura para, desde la exhibición de la muestra Cien años no es nada -que estuvo en el Centex hasta el 24 de junio-, aportar a esa reconstrucción del pasado que desde el ayer, intenta navegar las turbulentas aguas de este presente de cultura líquida, efímera y fugaz, de consumidores ávidos y voraces de lo nuevo y la moda en desmedro de lo imperecedero y profundo del arte pasado o menos mercantil. 

Derrotar esta idea de cultura del siglo XXI, es precisamente lo que intentan además de los artistas, un grupo de vecinos del entorno del teatro (que cada vez suman más) y que se reúnen con la firme intención de rescatarlo del abandono y de una posible demolición, constituyéndose como persona jurídica en el año 2017 con el rótulo de Asociación Teatro Odeón de Playa Ancha. En una época donde el arte en su mayoría también ha caído bajo los efectos del clientelismo, donde el producto se disfruta y olvida rápido para que vengan otros como anaquel de supermercado, que la memoria y la reconstrucción histórica tengan vigencia en esta causa es más que valioso y plausible.

¿Dónde habita la memoria de la ciudad? ¿Cómo se construye esta memoria? ¿Qué sueña y rememora este espacio común, privado, público? ¿Cómo es un recuerdo colectivo y personal a la vez? ¿Qué nos reúne hoy en el diálogo compartido? Preguntas desperdigadas sobre los muros de la exposición, interrogantes hechas a diversos vecinos del histórico teatro y que pueden ser externalizadas a cada visitante de la muestra o a cada lector de esta columna. Pues el modus operandi de los creadores de la muestra fue precisamente desde el año 2007, iniciar una seguidilla de entrevistas para reconstruir la memoria, unir esos trozos de experiencia individual en aras de armar un imaginario colectivo sobre la importancia de volver a tener un teatro en el cerro Playa Ancha. Fue don Manuel Peralta Arlegui uno de los principales tejedores de esta historia, narración oral de quien, al ser vecino del Odeón, aportó desde su mirada elementos importantes para imaginar el edificio desde el ayer hasta un anhelado futuro. Por ese entonces el teatro funcionó como estacionamiento por más de dos décadas sin embargo seguía vivo en la memoria colectiva de la ciudad. Las entrevistas y algunas fotos del pasado han ayudado a armar ese ideario y darle cuerpo a la esperanza de un teatro que abrió sus puertas el año 1911 en la calle Patricio Lynch (1918 el edificio refaccionado) para tener una última función en 1974.

La primera obra que nos recibe dentro de la instalación se denomina Umbral, estructura tridimensional, de acero galvanizado, casi tres metros de alto que homologa en un plano precisamente literario o cinéfilo uno de los doce pasos del viaje del héroe o El héroe de las mil caras de Joseph Campbell, grupo de héroes personificados en los anhelantes defensores de la recuperación del teatro y que han decidido cruzar el umbral de este mundo para acceder a otro nuevo, que emerge desde el pasado pero que clama traerlo al presente como parte de nuestra identidad e historia porteña. Como dicen precisamente los artistas en el proyecto “Lo que fue extirpado en el pasado para dar lugar al uso de estacionamientos traerlo a presencia para invocar un futuro armónico entre un pasado tan intenso como sala de las artes y un futuro con una renovada vida”.

El Biógrafo, segunda obra que analizo en mi recorrido, consiste en una réplica del teatro en felpa de color rojo italiano, el bordado en hilo ancla sitúa el antiguo inmueble en la cima del cerro, tal cual mímesis de la Acrópolis, botones cocidos a su alrededor emulan los espectadores que en filas ascienden hacia él para asistir a una de sus tantas funciones. Enclavado como un fuerte, desprende una alfombra roja ligada al terruño porteño para dar la bienvenida a los asistentes. Es simbólico además el nombre que recibe la estructura, el chilenismo y a esta altura arcaísmo “biógrafo” para referirse antiguamente al cine, fue un giro idiomático empleado en nuestro país y al parecer también en Uruguay según lo investigado por Pedro Lira Urquieta, académico de la lengua, en su libro Estudios sobre vocabulario de 1973.

Por último, rescato Fragmento de memoria, donde una serie de cubos entrelazados apuntan a dibujar, reconstruir aquella memoria fragmentada, astillada, dispersa como un rompecabezas en la expresión de partes que anhelan la construcción de un todo, nuevo y mejor. Cada cubo elaborado de cartón piedra, enuncia junto a las fotografías que están inmersas en estos, las miradas individuales, subjetivas, vivenciales que el proyecto recaba para edificar esa mirada colectiva anhelante de un teatro playanchino. La memoria en lo múltiple y en lo particular; en lo colectivo e individual a la vez. El cerro Playa Ancha y su gente reconocen al Odeón como parte suya. Susan Sontag en su novela Sobre la fotografía nos señala que “Una fotografía es a la vez una pseudo presencia y un signo de ausencia. Como el fuego del hogar, las fotografías -sobre todo las de personas, de paisajes distantes y ciudades remotas, de un pasado desaparecido– incitan a la ensoñación. Mediante las fotografías cada familia construye una crónica-retrato de sí misma, un estuche de imágenes portátiles que rinde testimonio de la firmeza de sus lazos”.

Los cubos y sus fotografías representan ese sinfín de miradas, presencia y ausencia, pero también las proyecciones de los recuerdos, las escenas de películas, las opiniones entrelazadas, ensoñaciones y nostalgias que apuntan a restaurar esa memoria colectiva, o como dice Sontag instalar una crónica – retrato de esa comunidad local. Muchos se han unido a esta causa, más o menos cercanos al entorno del inmueble, sin embargo las distancias no importan, las edades tampoco, más que mal como dijo Shakespeare hay algo que nos une por sobre distinciones étnicas, de género o etarias: “Todos estamos hechos del mismo material que los sueños.” El Teatro Odeón de Valparaíso espera por ellos.

 

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