Teatro: Claudia Poblete fue un botín de guerra

Asistimos al Teatro Nacional de Cataluña para ver Claudia, montaje de la Compañía La Conquista del Pol Sud  que narra la historia de una niña “desaparecida” durante la dictadura argentina contada por ella misma.

Claudia/La conquesta del pol sud

Por Javier Valenzuela, actor y gestor cultural

 

Durante 21 años, Claudia Victoria Poblete Hlaczick se llamó Mercedes Landa. Entonces supo -luego que le practicaran una prueba de ADN- que no era hija del militar Ceferino Landa y su esposa, sino de Gertrudis Hlaczik y José Liborio Poblete, una joven pareja de desaparecidos por la dictadura argentina, quienes fueron detenidos en un centro clandestino cuando ella sólo tenía 8 meses. Sus padres biológicos no salieron vivos de ese lugar. Sin embargo, Buscarita Roa, su abuela e integrante de las Madres de la Plaza de Mayo, nunca dejaría de buscarla.

La reconstrucción escénica que plantea Claudia – contada por ella misma – se materializa en la primera imagen de la propuesta: la protagonista en una máquina de coser trabajando sobre la técnica del patchwork, tejido que se caracteriza por la unión de pequeñas piezas de telas cosidas entre sí. “Armar pedacitos es algo que yo hago toda mi vida”, dice en escena.

Trozos del pasado, el presente y el futuro, conforman este último trabajo de La Conquista del Pol Sud, compañía catalana que ya había abordado en 2014 el formato documental para contar la historia de una joven afgana relatada en primera persona.

En esta ocasión, a través de una investigación periodística realizada en Argentina y las teatralidades al servicio de la tragedia, Claudia va hilvanando un caso que marcó un hito en su país, ya que a partir de él se derogaron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida que protegían la impunidad de jefes militares involucrados en la dictadura, causando un alud de nuevas denuncias.

La protagonista, sin un momento de condescendencia, describe con tranquilidad y elocuencia los pasajes de una vida compleja, plagada de contradicciones. En escena la acompañan ambos integrantes de la compañía que la observan, interviniendo en algunos momentos con detalles y reflexiones, conteniendo de alguna forma su relato mientras este se va dilucidando. Con el apoyo de registros audiovisuales que se proyectan en un fondo dividido en tres habitaciones, se van revelando visitas a centros de tortura, fotografías, testimonios reales de involucrados e incluso sonidos cotidianos, permitiendo visualizar en fragmentos las distintas aristas de la investigación. Así, la operación realizada entre teatro y documento, apela a la dimensión política de este género teatral al insertar en escena un testimonio personal con una enorme carga social, en respuesta al relato histórico oficial. Resulta interesante relevar el respeto y sobriedad que plantea la propuesta, alejándose de la excesiva escenificación efectista que habitualmente evoca el formato documental cuando intenta sumar espectacularidad a historias que en sí cargan un peso suficientemente potente.  

De alguna manera, y como ella misma se cuestiona, Claudia Poblete fue un botín de guerra. Robada y adoptada, sus apropiadores la educaron toda su vida con los valores del  entorno militar y ocultaron la verdad hasta lo inevitable. Hasta ese momento, Mercedes Landa era una defensora acérrima de las acusaciones que recaían en las figuras de los ex agentes de inteligencia. Cuando se gatilla el proceso de reconversión,  en el hueco que existía entre Mercedes y Claudia, convivían dos visiones del mundo, que no solo eran diferentes, si no que eran completamente opuestas. Profundizar en esas contradicciones es otro de los aciertos de la propuesta escénica.

En este contexto, lo que se expone al espectador son las heridas abiertas que aún persisten  en Latinoamérica. “Una de las peores cosas que hizo la dictadura fue romper estas historias de forma que no se puedan volver a reconstruir”,  dice uno de los textos en la obra. De alguna forma, el testimonio de Claudia es un intento por abrir esas llagas al desafiar una vida inventada por la dictadura para asumir la responsabilidad de unir los pedazos que le permitan enfrentar una vida real. Sin ir muy lejos, sería imposible no reconocer que aún existen silencios en cada una de nuestras historias; espacios vacíos que quizás nunca van a ser completados. Por supuesto que aparece la figura de Pinochet en escena. La propuesta es clara en evidenciar que existieron maquinizaciones coordinadas en el Cono Sur para el exterminio sistemático de quienes pensaban distinto y que los procesos de justicia y búsqueda por recomponer la verdad, tanto en Chile como en España, no han tenido el mismo nivel de coordinación y voluntad como en el caso de Argentina.

Sin duda, Claudia comprende lo escénico como un lugar propicio para exponer las trampas que amenazan la dignidad humana, más allá de la dictadura argentina, de Chile, de las heridas de América Latina o de la misma España donde el fantasma de Franco no está del todo ausente. “Nos estamos perdiendo el camino de hacer justicia como lo está haciendo el país trasandino”, se cuestiona en escena el director de origen catalán. “¡Ya lo perdimos!”, grita espontáneamente desde el palco una espectadora.

Las heridas expuestas que movilizan el montaje invitan a cuestionarnos cuáles son esas omisiones históricas que perduran y en qué medida repercuten simbólicamente hoy: ¿Será posible construir una sociedad saludable sin culpar los crímenes del pasado? se pregunta Claudia Poblete apelando a tantos de nosotros. La búsqueda por dilucidar la verdad y recuperar su identidad se expande como una lucha colectiva. En esa línea, el pueblo catalán conoce bien de represión institucional, por lo que no sería tan lejano pensar que ciertos fragmentos de los conflictos que hoy se viven en España, tienen que ver con puntos suspensivos de una memoria que no ha encontrado suficientes voluntades para ser completada; tal vez por eso hace tanto sentido encontrar un montaje como “Claudia” en Cataluña hoy.

Ficha Artística

Creación e interpretación: Claudia Victoria Poblete Hlaczick, Carlos Fernández Giua y Eugenio Szwarcer / Dirección: Carlos Fernández Giua / Diseño de espacio y vídeo: Eugenio Szwarcer / Diseño de luz: Luis Martí / Diseño de sonido: Damien Bazin / Producción ejecutiva: Aina Pociello / Producción: Grec Festival de Barcelona 2016, Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, La Conquista del Polo Sur, Centro de Artes Escénicas de Terrassa. Con el apoyo del Instituto Catalán de las Empresas Culturales / Colaboración: Casa América de Cataluña.

*Claudia ganó el Premio de la Crítica Serra d’Or al mejor montaje teatral de 2016.

 

 

Comenta desde Facebook

Comentarios

Deja un comentario