Sobremesa de la Cía. Teatropikal: Habitar la obra desde el escenario

Con Sobremesa, la compañía Teatropikal  “invita cordialmente a tomarse una obra de teatro ó a presenciar una taza de té…”. Dos temporadas exitosas la muestran como una experiencia teatral notable. ¿El ideal? intervenir cada espacio culinario del Puerto y de Chile. 

sobremesa teatropikal

Por Jorge Cancino Palma*

Sobremesa no es una obra de teatro, es una experiencia teatral, pero sería injusto reducirla únicamente a un área de las artes, incluso a un área de lo sensorial. La “experiencia teatral”, como la compañía Teatropikal la define, es un desafío al espectador, una interpelación constante. Nada novedoso podrían decir los escépticos. Sin embargo sí lo es, en un sentido de sutilezas y luminosidades que va de a poco, sin darnos cuenta, armando entorno a nosotros una narrativa suave, fácil de digerir mientras comemos. Pero cuya sofisticación está, por encima de todo, en la improvisación.

¿Cómo se arma una experiencia así? ejecutando una contradicción: improvisar sobre una estructura sólida, encarnada en un cuerpo actoral notable y una dirección pulcra. Existe un cuerpo armado, un breve hilo conductor fácilmente identificable. Porque ese es uno de los grandes méritos de la compañía, no ser pretenciosos, no intentar ocultar al espectador todo el andamiaje que una obra implica; las fallas, retrasos y equivocaciones. El transcurso de Sobremesa muestra todas las capas narrativas que van tejiendo una historia sin historia, desde el sencillo argumento central: un restaurante recibe a su clientela en medio de varios imprevistos típicos  del mundo culinario. A medida que avanza nos damos cuenta de que ese hilo es una excusa para hacernos: primero, transitar una experiencia visual, auditiva, culinaria y emotiva; y segundo dejarnos en el habitar la obra. Porque de eso se trata Sobremesa, del espectador habitando, no interactuando, ni siendo interpelado incómodamente, mucho menos siendo víctima de la ruptura de la cuarta pared.  Este habitar es simplemente ser  parte de este tejido dramático, narrativo e  improvisado. El espectador sirve de personaje y escenografía, todo gira entorno a las respuestas que va dando, a los diálogos que se van generando entre los miembros de la compañía y los que no lo son. 

Todo transcurre mientras el restaurante funciona de forma real, los diálogos se dan mientras te anuncian una carta con tres menús: Popular, media aspiracional y Pequeño burgués, ninguna muy distinta a la otra solo con pequeños detalles.  En este caso asistimos a una función en la Pizzería Ecuador, por lo que la diferencia estaba únicamente en los ingredientes de las pizzas. Los pedidos son tomados, las comandas entregadas, los platos servidos. El público come, bebe, conversa mientras en este escenario ficticio se desarrolla  la historia que, a esas alturas, poco importa ¿Por qué? porque el público está ocupado ( y encantado) con la dinámica de la experiencia. Con la cercanía, con la improvisación bien hecha, la calidad de los personajes y lo rico de la comida.

En términos prácticos esta intervención ha creado una rica fusión entre intervención teatral y difusión turística, el escenario no es una sala de teatro, es un restaurante, y está adaptada para ser realizada en cualquiera. La compañía Teatropikal, sin otra pretensión más que experimentar, ha construido una experiencia pensada de forma independiente de cualquier escenario, es de ninguno y de todos a la vez.

Fuera de las temporadas formales la compañía puede ser contactada para realizarla: teatropikal@gmail.com


*Licenciado en Historia con mención en Ciencia Política, PUCV, Diplomado en Escritura Creativa, PUCV, Diplomado en Escritura Crítica de Arte, PUCV.

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