Sexualidad Made in Chile

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Por Cata Ramírez

Lo femenino es una energía fecunda, inagotable fuente desde donde emana creación. Implacables fuerzas que de manera brutal amenazan con alterar el orden masculino, cuyo afán es penetrar violentamente en la vida. Se ha moldeado a la mujer de tal forma, que se la ha despojado de su identidad propia hasta transformarla en una compañera o un objeto de posesión. Esto nos habla del temor y del afán de mantener alejada la influencia femenina sobre los hombres y la idea de que esta potente fuerza, lo femenino, amenace con derrocar el orden patriarcal. Y en este contexto, el desarrollo sexual de la mujer también se ve estremecido.

Sexualidad entendida como la manifestación de un individuo en todos sus ámbitos, en el cómo nos relacionamos con los otros, cómo se vive el ser hombre o el ser mujer desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos. Sexualidad que está condicionada por el contexto cultural, social y familiar donde nos encontremos. Sumado a esto, venimos con una herencia universal, que según Carl Jung traemos como información grabada desde la fábrica: Una experiencia de la evolución humana que llamamos arquetipos.

El desarrollo sexual de la mujer, se rige por arquetipos históricos: la sabia, la madre, la heroína y la mujer salvaje, los cuales representan distintas imágenes de la mujer. El cristianismo de occidente ha reprimido a la mujer salvaje y a la heroína, resaltando de manera positiva a las dos primeras, dando como resultado una mujer escindida en varias, una mujer que no ha encontrado una forma integral de ser y de vivir como tal.

EN MIS TIEMPOS

Mi bisabuela nació en el año 1906. Me contó que a los 14 años, siendo virgen todavía, se casó con un hombre mucho mayor. En esa época, me aseguraba la Aída, las niñas y jóvenes salían a pasear tomadas del brazo junto a sus amigas, dando vueltas por la Alameda a modo de exposición. Los galanes, por su parte, acudían a verlas pasar en una especie de “vitrineo”, donde silbaban a la chica que les había parecido atractiva. Estas, por su parte, enrojecían como única manifestación de lo que les producía sentirse “deseada”.

Mi bisabuela tuvo 12 hijos y para ella el acto sexual era simplemente una de las tantas tareas impuestas dentro del matrimonio, donde ser servicial, lavar la ropa en la artesa, hacer la comida para una mesa que nunca se terminaba de recoger, eran “cualidades” dignas de una buena esposa. Para eso la prepararon, y a mi abuela también, con clases en el colegio donde les enseñaban labores como bordar, coser y tejer. El panorama se repitió para muchas de igual manera a principios del 1900. Todo esto amparado por el contexto social de la época, donde las doctrinas de la Iglesia Católica sobre el matrimonio y la familia eran pilares fundamentales. Es así como el país veía a sus niñas transformarse en esposas sumisas y madres abnegadas, a imagen y semejanza de la ídola del momento: la Virgen María, referente de pureza y la castidad. Todo parte de un culto a esa mujer, que podía pasar sin problemas “la prueba de la blancura”.

Mucha agua bajo el puente ha pasado, en estos más de 100 años. Agua con inserción laboral femenina, agua con píldoras anticonceptivas y hasta agua con píldoras del día después. Y, si bien ha habido una cierta evolución en materia de apertura sexual, que ha permitido a las mujeres convertirnos en mujeres eróticas, esta supuesta libertad, está articulada por normas masculinas.

Según Christian Thomas, director del Centro de Estudios de la Sexualidad Chile CESCH, el impacto que tiene, por ejemplo, la revista Playboy -que comenzando los años 60 llega también a este lado del mundo- se traduce en que cada dueña de casa pueda convertirse en una potencial conejita. O sea, permite el goce, pero a la vez nos cosifica. Junto con ello la sombra y los vestigios arquetípicos de María nos siguen acompañando hasta el día de hoy. Cuando aún se tiene la impresión general de que las mujeres somos hipo-sexuadas, que estamos inherentemente menos inclinadas al aspecto sexual. Que siempre nos “duele la cabeza.”

Este es el panorama que nos prepara para entender dentro de qué márgenes se mueve la sexualidad femenina hoy y cuáles son las confusas directrices que nos rigen.

MANUAL DE INSTRUCCIONES

Si bien el impacto que la Iglesia Católica y la familia tiene en estos días es mucho menor del que tenía para mi abuela -el porcentaje de la población que se reconoce católica cae del 69,96% al 67,37% entre los censos de 2002 y 2012-, tenemos instalado hoy un modelo que es muchísimo más represivo y devastador: El Mercado. Un mercado que es patriarcal y que tiene a todos los medios a su disposición, como resultado de la globalización. Un mercado que nos empuja a ser de cierta manera en el aspecto erótico, que nos bombardea con cremas, lencería, centros de belleza, medicamentos, cirugías estéticas, películas y un infinito etcétera.

Según cifras entregadas por el gerente de Cineplanet, la gran mayoría de personas que llegaron a ver «50 sombras de Grey» en su estreno fueron mujeres. «El 70% de nuestras pre ventas eran mujeres”, señaló Ricardo Osorio. «Sin duda, una de las cintas más taquilleras del año», menciona. Precisamente, fue la película que rompió récords de preventas al alcanzar los 74 mil tickets antes de su estreno. Y en Chile, durante la última década, el mercado de las operaciones estéticas ha aumentado. Se estima que, anualmente, este mercado crece en un 20% y que las cirugías llegan a 15 mil por año. Según la encuesta de la Sociedad Internacional de Estética Plástica.

Un modelo que nos obliga a pertenecer a este mundo comercial. El cuerpo femenino debe estar penetrado por el mercado, no sólo en sus formas estéticas, sino también en sus formas de expresión. En redes sociales, selfies y demases podemos ver cómo las niñas ya integran estas pautas a sus conductas: cómo nos debemos mover, qué caras debemos poner. Un modelo que es despiadado, porque ataca principalmente a esa población, que es la más vulnerable. El video de Fifí viene siendo gran prueba de ello.

El erotismo en la mujer está cosificado, porque no es para nosotras, sino que está al servicio del uso sexual masculino. Las formas de expresión de nuestra sexualidad están en la tele. Se nos impone una forma de ser erótica que nos hace además, competir con nosotras mismas. Replicar la pornografía, que el baile del caño esté tan en boga, el boom las depilaciones brasileñas, entre otros ¿qué son?, ¿Manifestaciones espontáneas de nuestra libertad sexual? O estamos bajo a una especie de “programación sexual” que dirige artificialmente nuestra sexualidad? “Prestamos el cuerpo” para que el mercado nos moldee.

Los roles de género han cambiado en la pareja, la identidad masculina de los hombres de hoy no es la misma que hace 50 o 100 años, heterosexualidad a prueba de todo, ser la cabeza de la familia y el sostén económico de ésta. Pero principalmente quien ha hecho mayores ajustes en este sentido es la mujer. Sin embargo, esta evolución también nos ha significado una carga impositiva que pesa. Y mucho. Ser mujer, ser madre, ser pareja, ser un individuo competente laboralmente, ser sexualmente activa, ser “seca” en la cama, conseguir un orgasmo, conseguir un orgasmo que cuantifique y valide el desempeño del hombre y (quizás más adelante) ser multi-orgásmica, también se vuelva un deber.

Como mujeres, necesitamos hacer una búsqueda más personal. Necesitamos un cambio que pavimente el camino hacia lo auténtico y nos permita tomar conciencia de lo que está pasando en la realidad social y lo que suponemos es la libertad actual. Mirar con objetividad y desapego el pertenecer a este mundo comercial y mercantilista. En palabras de Ester Perel: Tenemos que ser capaces de estar momentáneamente egoístas para estar eróticamente conectados.

*Diplomada en sexualidad humana del Centro de Estudios de la Sexualidad Chile CESCH. Supervisora técnica en Japi Jane.

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