Salvador Millaleo: “Es difícil que en este gobierno tengamos una nueva Constitución”

Abogado, doctor en Sociología y observador ciudadano del Proceso Constituyente, Salvador Millaleo (43) es mapuche y plantea que la relación entre su nación y el Estado chileno está en “uno de sus peores momentos”, debido a la preponderancia de los intereses económicos y el fracaso de las políticas post dictadura. Ve que los chilenos están ansiosos de identidad, valora la figura de Francisco Huenchumilla y cree que un Presidente de Chile indígena sería un aporte para nuestra democracia.

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Por Diego Bravo Rayo

Antes de que fuera nombrado observador ciudadano para el Proceso Constituyente, de convertirse en abogado y doctor en Sociología, hubo un Salvador previo a ser Millaleo. Creció en Teodoro Schmidt, comuna de la Araucanía donde era notoria la presencia mapuche pero que al niño y joven se la hicieron sentir como extraña. Con desdén, sus pares le decían “indio” y emulaban el sonido que emitían los nativos norteamericanos, gritando “uuu” tapando intermitentemente sus bocas. Ser indígena, pensó, era mejor que no le tomara importancia.

Pero Millaleo fue de esos jóvenes a los que la universidad les determinó. Estudió Derecho en la casa de Bello y, -“con demoras”-, empezó a valorar su pertenencia al pueblo mapuche, aunque no tuvo que escarbar mucho para hallar algo que resonara en su identidad redimida. Su abuelo es uno de los fundadores del Partido Socialista en la Araucanía, fue perseguido durante el inicio de la dictadura y hoy es Lonko de una comunidad. Los fundamentos los tiene a mano:

Es una riqueza y una responsabilidad política. Busco generar una actividad pública a partir de lo que soy, un profesional académico, y luchar por los derechos indígenas con lo mejor que sé hacer: clases, generar ideas y escribir.

Ese perfil académico lo ha llevado con una congruencia tal que afirma no haber estado más de dos veces litigando en tribunales y reconoce que “llevaría muy mal un juicio”. Cuando estudió el doctorado en Sociología en la Universidad de Bielefeld, en Alemania, la nostalgia hizo que aflorara un sentir chileno:

– Pero con bemoles. Es que hay cosas de Chile que valoro enormemente como la literatura, la poesía, la práctica democrática. Pensemos que entre 1938 y 1973 fue uno de los países más avanzados, progresistas y democráticos del mundo, consiguiéndose muchas reformas sociales. Pero Chile también tiene cosas detestables: el racismo, el provincianismo, esta idea de que somos tan especiales y la verdad es que somos siempre una mala copia cultural de lo que hacen los argentinos. Ser chileno a veces me hace sentir mal y otras bien.

Salvador Millaleo

Salvador Millaleo

¿Es distinto ser chileno a ser mapuche? ¿O los chilenos tenemos cosas de la cultura mapuche innegables y por eso no son excluyentes ni opuestas?

–Es distinto ser chileno aunque lo otro también es cierto. Ser mapuche es ser parte de una cultura pero también a una institucionalidad; yo reconozco que mi pueblo y mi estructura política es la mapuche, y tengo un Lonko. Esto no se opone y es compatible con ser parte de Chile: soy ciudadano, voy a votar, pago mis impuestos.

¿Cómo ha sido lidiar con tu identidad chilena?

–De la chilena algunas veces me avergüenzo, en cambio, ser mapuche nunca me ha dado vergüenza. Pienso en Pinochet y no me da mucho orgullo.

¿Qué otras cosas te avergüenzan de ser chileno?

–Esta idea, ya cuestionada, de que Chile tenía que ser un país moderno, lo que implicaba tener solamente crecimiento económico, que cada uno tenía que perseguir el éxito personal rasgándose con sus propias uñas, sin preocuparnos de los demás. Esto le ha hecho mucho daño a los chilenos y, por supuesto, a los pueblos indígenas, porque se le ha dejado el campo libre a la depredación de la naturaleza y a la destrucción de la diversidad cultural. Esto es algo que los mismos chilenos ya han tomado conciencia de que se debe corregir.

En el texto Ser/no ser mapuche o mestizo planteas que si pudiéramos desgranar la identidad chilena, el componente mapuche viene a ser lo verdaderamente genuino, “lo único natural y exclusivo frente a la cultura global”…

–Lo matizaría un poquito más. Existe el problema de “la ansiedad de la identidad chilena”. Los chilenos tienen pocos rasgos objetuales que los diferencien de ser argentinos, brasileños, quienes tienen identidades más consolidadas. Sin embargo, esto no es tan importante porque es algo que puede cambiar. Los chilenos han ganado un poco de más orgullo de la mano del fútbol, de que hay mayor desarrollo cultural de lo que había hace 10 años. Esto hace que lo mapuche no sea lo único genuino aunque sigue siendo uno de los elementos diferenciadores con lo que los chilenos no tienen la conciencia tranquila. 

¿Por qué?

–Es que se tiene una actitud doble: valoran a los indígenas muertos y aplastan a los vivos. Dicen que los indígenas fueron importantes, pero los consideran parte de un museo y no de su futuro. Tampoco quieren aprender de ellos, por ejemplo, la manera que tienen los indígenas de relacionarse con la naturaleza es mil veces mejor de la que tienen los chilenos.

 

Machi Francisca Llinconao

Machi Francisca Linconao

MAPUCHE – ESTADO DE CHILE: EL FRACASO POST DICTADURA

El caso de Lorenza Cayuhan, la mujer mapuche que parió engrillada, ¿es un hecho aislado? ¿Existe una disposición hostil hacia el mapuche sólo por serlo?

–No es aislado considerando prácticas como el trato a la infancia mapuche, cuando ves que los indígenas aparecen con más índice de pobreza y extrema pobreza en todas las encuestas CASEN. Han habido cambios pero permanece la hostilidad y a ratos se revivifica la concepción del mapuche como un sujeto primitivo, violento y que no merece ser considerado con los mismos derechos. Paralelo al caso de Lorenza Cayuhan se discutió lo ocurrido con la machi Francisca Linconao, de quien omitieron que por ser acusada tiene el derecho a la presunción de inocencia. En un momento le dieron la libertad con arresto domiciliario y compartí en redes sociales mi alegría de que pudiera salir de la cárcel considerando que tenía problemas de salud. Al mismo tiempo, había cuentas de twitter de grupos de colonos como “Paz para la Araucanía”, diciendo que cómo era posible que saliera, que al ser terrorista no merecía consideración alguna, que no se le debía respetar ningún derecho. Esos discursos de odios circulan todavía y, curiosamente, ellos mismos defienden que a sujetos que se les acusa de corrupción sí tengan presunción de inocencia y que no sean condenados anticipadamente.

Se ha dicho que la opresión al pueblo mapuche antes se fundaba en el argumento civilizatorio y luego pasó al del progreso económico.

–Hoy lo sostiene idea de las inversiones, el libre desarrollo de la iniciativa privada que no deba tener obstáculo alguno. Hay un conflicto histórico y cultural, pero se le ha superpuesto los intereses económicos, los que bloquean un nuevo trato del Estado con los pueblos indígenas y una eventual solución del conflicto histórico. Además, los intereses económicos impiden que podamos convivir con las diversas naciones que pueblan este territorio y crear una democracia más multicultural.

En el libro La Frontera de Ana Rodríguez y Pablo Vergara, aparece una cita de un otrora ministro de la Concertación, que le habría dicho en 2013 a Andrés Chadwick que las demandas de la nación mapuche para con el Estado chileno “no tenían arreglo”. ¿Hay temas insalvables e irreconciliables?

–Dependiendo de cómo se vea el mundo se verán las soluciones a los problemas de éste. Esta cita es muy típica de la Concertación hasta hoy, porque la actual Nueva Mayoría no ha hecho ningún cambio en el tema indígena. En tanto el gobierno de Piñera fue, en este aspecto, otro más de la Concertación. No quieren mover la frontera de lo que es posible para reconocer lo que los indígenas piden: el reconocimiento de la autodeterminación dentro del Estado, autonomía, control territorial, derecho a la identidad, a la tierra, al agua, derecho a los beneficios de la explotación de los recursos que están vinculados a su identidad. El Estado sólo puede hacer que la sangre no llegue al río, cosa en la que también ha fracasado. El Estado no es capaz de dialogar, crea mesas de diálogo sin indígenas y terminan dialogando entre ellos, en monólogos. Así nunca se va a construir una paz con justicia.


¿De qué forma se plantea la autonomía mapuche?

–Comprendiendo la autonomía como la posibilidad de decidir su propio destino, la mayoría la entiende que se puede hacer dentro del Estado y otros fuera de éste. Sin embargo, ni siquiera quienes buscan lo primero han tenido una respuesta del Estado; todo lo contrario, ha habido una criminalización de la protesta social, aplicación de la ley antiterrorista, una represión desproporcionada que ha afectado inclusive a niñas y niños indígenas, que han sido sujeto a diversos vejámenes y torturas en los allanamientos de carabineros. Hay un punto muerto en general tanto para las demandas que sí se podrían cumplir como para las que no.

¿En qué momento está la relación del Estado chileno con la nación mapuche? ¿Qué tan mal está, según tú?

–Está en uno de sus peores momentos. La mayor brecha de confianza existe hoy y es consecuencia de la acumulación de fracasos de los gobiernos posteriores a la dictadura, porque ni siquiera puede ocuparse de la seguridad pública, que es lo que dice hacer. Se espera que el Estado en lugar de reprimir, prevenga y para ello tiene que dialogar y reconocer, pero no hace ni una de las dos cosas: si no puede prevenir entonces reacciona, y al reaccionar sólo incrementa la posibilidad de la violencia. Por otra parte, el mundo político indígena se ha ido debilitando y eso es peligroso. El ideólogo de la CAM, Héctor Llaitul, ha reconocido que los descolgados de la CAM son un problema porque son más radicales que ellos. En la medida que se le quita piso a la política, con confrontación pero pacífica, y se genera una política basada en conato policial, gana piso una hipótesis más violenta y menos política. Eso es peligroso porque en la medida de que aparezcan los descolgados de los que se descolgaron y así, hará que la situación sea inmanejable. Además, la falta de justicia es siempre es un caldo de cultivo para la violencia. Para que esto se detenga chilenos y mapuche tienen que hacer un esfuerzo especial y eso no es inalcanzable. Miremos a los colombianos, que a pesar de que el plebiscito salió en contra, muestran que sí se puede hacer.

Se podría ver que la cultura mapuche tiene conflictos, más que con el Estado chileno, con Occidente.

–Sí, pero existen diversas vías de ser occidental como formas de capitalismo. Uno es el neoliberalismo que hemos adoptado nosotros, pero los australianos son capitalistas, occidentales y son “algo” mejor que los chilenos con sus pueblos indígenas. Algunos grupos, como la CAM, piensan que el capitalismo es la antítesis de lo indígena, por lo tanto se lo tiene que derrumbar. Se puede ser capitalista pero de forma mucho más razonable con las culturas y la naturaleza, lo mismo con los derechos de los trabajadores.

 

¿Qué te parece la figura de Francisco Huenchumilla? Su salida del gobierno pareciera representar algo más que un simple impasse. ¿Tiene eco en el mundo mapuche?

–Su figura es muy interesante. Él es mayor, tiene una larga trayectoria y durante gran parte de ella no fue un actor relevante en las demandas indígenas. De hecho, cuando era diputado presentó algunos proyectos de ley pero no fue el eje de su ejercicio, lo mismo cuando fue ministro. Sin embargo, el acento lo puso cuando fue intendente de la Araucanía. Hay quienes cuestionan esta postura, yo no; todos tienen derecho a cambiar, siempre que expliquen por qué han cambiado. Él dice que ha leído, que ha tomado conciencia y ha sido consecuente en su última etapa de vida política. Defiendo a Huenchumilla porque desde que fue Intendente sólo ha hecho aportes. Lo sacaron del cargo porque su figura se contradecía con esta dependencia de patrón que aplicó la Nueva Mayoría y colocaron a Andrés Joannet, volviéndose peor que los gobiernos anteriores en la materia. Huenchumilla es un valor que está solitario en su partido y en la Nueva Mayoría. Hay pocos quienes han tomado su legado.

Pedro Cayuqueo ha manifestado su anhelo de que Huenchumilla sea candidato presidencial. ¿Te lo imaginas? ¿O un Presidente mapuche?

–Si tuviéramos un Presidente mapuche sería inimaginable como cuando lo fue Estados Unidos con su primer Presidente negro. Le haría muy bien a la democracia chilena a alguien no de la elite chasconeada o una contra élite, sino de un sector marginado. Ya tuvimos una mujer presidenta, de tener uno mapuche sería un paso en la profundización de la democracia. Ahora, a Huenchumilla no lo veo construyendo un espacio político real para eso sino más bien interesado en ser senador o intendente electo. Ojalá se anime.

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Fuente foto: http://radio.uchile.cl/

PROCESO CONSTITUYENTE

¿Qué evaluación haces del proceso constituyente? En una entrevista a El Desconcierto, mencionaste que estaba muy representada dentro de los observadores del proceso.

–Yo soy parte del Consejo ciudadano observador del proceso constituyente, donde la Presidenta nos pidió que al ser representantes de diversos mundos, pudiéramos garantizar una imparcialidad de cómo se llevaba la fase participativa del proceso. La derecha estaba fuertemente presente como también de la centroizquierda y del mundo cultural, como Patricio Fernández (The Clinic), Juanita Parra (Los Jaivas) y Jean Beausejeur (futbolista). Eso generó tensiones y desconfianzas pero no fueron obstáculo para que el proceso de produjera. La gente que participó, unas 200 mil personas, lo que no es mucho pero tampoco un número exiguo, lo hizo con un espíritu de diálogo que fue enriquecedor. Fue la oportunidad de dialogar temas públicos en circunstancias en que la política está súper desacreditada. Es un punto a favor que tuvo el proceso constituyente.

¿Qué le faltó?

–Pudo haber sido más amplio e inclusivo, con un período más largo y con mayores formas de participación. De todos modos, fueron los suficientes para que no hayan sido manipulados ni haya sido un show; fue un espacio genuino. El problema actual del proceso constituyente es el destino que tendrá debido a que el gobierno se ha debilitado tanto, con una crisis de gobernanza tal, que tiene problemas de llevar a cabo cualquier actividad cotidiana. Imagínate la complejidad que tendrán con el proceso constituyente, de hecho está en duda que si podrán cumplir con el itinerario que la misma Presidenta planteó. En enero, probablemente, entregaremos las bases ciudadanas, que son la síntesis de lo que la gente dijo. Éste se ha demorado porque hubo mucha más participación del que el mismo gobierno esperaba y no estaba preparado para sintetizar esta información.

¿Qué ocurre después?

–Luego de las bases ciudadanas, la Presidenta tiene que enviar un proyecto de ley para reformar el capítulo de reforma a la constitución actual, para luego enviar el proyecto para una nueva constitución. La duda es si podrá hacerlo. De hecho, ya se está especulando que no va a ser prioridad de la Nueva Mayoría.

¿Cuál es tu pálpito?

–Es muy difícil.

¿Por tiempo o por voluntad?

–Por voluntad. No es que no exista, sino que está tan dividida que a menos que ocurriera algo sorprendente como que, por ejemplo, alguno de los precandidatos actuales de la Nueva Mayoría dijera que van a ir adelante por una nueva constitución.

 

BRANDON HERÁNDEZ HUENTECOL

Brandon

Brandon

El caso de Brandon Hernández Huentecol, el joven de 17 años que fue baleado por un carabinero, está grave en la Clínica Alemana de Temuco. ¿Qué representa? 

–Esto ratifica que la capacidad del Estado frente a este tema está agotada. Es un conflicto que el mismo Estado de Chile provocó y solamente lo enfrenta generando más conflicto. Este caso es un síntoma del doble discurso que han vuelto cotidiano los que piden “paz para la Araucanía”. Figuras como el senador Alberto Espina (RN), quien está preparando un proyecto de ley para la creación de un consejo que repare a las víctimas de la violencia rural mapuche, olvidan por completo que los mapuche también son víctimas, no sólo del despojo económico, sino también de la violencia proveniente del mismo Estado. Mientras no dejemos ese doble estándar de lado, no podremos establecer una solución razonable para este conflicto.

Se procesó al carabinero, Cristian Rivera, por cuasi delito de homicidio, lo que aboga por la no intencionalidad del acto.

– Los abogados que representan a la víctima presentaron una querella por homicidio frustrado. Es que es difícil de entender cómo una persona, por el mero descuido o un accidente, le puede colocar más de cien perdigones por la espalda a otra. Todo indica de que hubo intencionalidad pero eso lo determinará la justicia. Lo que me parece grave fue la defensa corporativa de Carabineros, porque es una ofensa que una institución destinada a proteger a los ciudadanos tome partido por uno de sus miembros, exculpándolo inmediatamente. Allí correspondía que iban a hacer una investigación y no una simple disculpa anticipada.

 

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