Robar a Rodin: el artista ladrón que puso en jaque los sistemas de seguridad

En junio de 2005, un joven estudiante de arte quiso dárselas de ladrón. Sustrajo por unas horas desde el Museo Nacional de Bellas Artes nada menos que la famosa escultura de Auguste Rodin, El torso de Adele. La gravedad del hecho fue de conocimiento público y, de paso, también llamó la atención del otrora joven estudiante de cine, Cristóbal Valenzuela, que logró plasmar el polémico episodio –con la producción de la documentalista María Paz González- en el documental Robar a Rodin (2017).

Por Rodrigo Fredes Pizarro

Puede que, desde el punto de vista del arte, el documental incomode a muchos por la falta de profundidad del personaje principal. Material de archivo, noticias de la época, declaraciones y múltiples voces de expertos internacionales dan forma a una intrigante película policial con tintes de comedia, para sostener el discurso que el cuestionado personaje principal, Luis Onfray, no supo sostener: comprobar que “una obra de arte estaba más presente no estando”.

Puede ser, también, que la coincidencia entre la personalidad descompensada de niño terrible de Onfray y la de una sociedad chilena esquizofrénica y repleta de vacíos legales y culturales, juegue hoy a favor del film de Valenzuela y González.

Rodrigo Fredes: Es curioso que Luis Onfray mintiera en su testimonio inicial con la PDI y que luego se presentara ante la audiencia como un artista que había planificado todo como una acción de arte, mostrando incluso pruebas y fechas en el disco duro de su computador.

–Cristóbal Valenzuela: La verdad es que es muy posible que cambiara las fechas de los escritos y que los hiciera pasar como que los escribió semanas o meses antes, con premeditación. Primero, porque ese documento Word ya mencionaba a Rodin y es muy difícil que él hubiese podido prever toda la ausencia, debido a que El torso de Adele era la única escultura que no tenía censor de movimiento por su forma. Y la puerta de ingreso al recinto de la Sala Matta no se podía cerrar por una cuestión de construcción del piso, de diseño…

O sea, se dio la oportunidad…

–Claro, justo fue al baño, y queda la duda si lo hizo premeditadamente o después inventó que era una acción de arte. Por eso el documental entra en una nebulosa, para hacer construcciones mentales y nunca saber qué es real o ficción.

Se aprecia un buen trabajo de tratamiento, con estilo policial, suspensos, tintes de comedia, al punto que logras dejar abierta la pregunta de si realmente fue una acción de arte o un acto de oportunismo delictual del personaje principal.

–Sí, y queda abierto hasta el final. Yo creo que no buscamos generar respuestas concluyentes de si Onfray es un ladrón o un artista. Mientras más uno se mete en el caso, más dudas quedan. Por eso quisimos generar múltiples interpretaciones del hecho, para que el espectador se haga su propio juicio. Al terminar la película, hay gente que lo odia y otros que lo admiran.

Y tú como director, ¿qué piensas?

–Mira, mientras más conozco al personaje, no sabría decirte si es un ladrón o un artista, yo creo que las dos cosas. Respecto de la película, durante toda la primera mitad la gente piensa que es un ladrón borracho, pero después empiezan a entender un poco mejor lo que hizo.

Luis Onfray, protagonista del documental

Ahora, independiente de si lo pensó o no, también genera muchas dudas él, como individuo, su forma de expresarse, de exponer sus argumentos… ¡Cuesta creerle!

–Claro, hay mucha gente que no le compra nada. Como artista, hay una parte en la producción de obras que le falla siempre. Él siempre está haciendo cosas, pero quedan tiradas, guardadas, no las expone, no las articula, no es un buen orador tampoco. Crea, pero queda todo ahí. Muchas obras las empieza, las manda a concursos para poder hacerlas, pero nunca gana y quedan arrumadas en algún rincón de su taller. Pienso que parte de ser artista es el terminarlas y exponerlas.

De haber sido cierto que lo pensó con tiempo, para generar después todo este debate conceptual de la ausencia y la presencia de la obra de arte, ¿era esperable que él siguiera burlando al sistema como parte de su biografía actual?

–Yo creo. De hecho, él lo borró de su currículum para que no apareciera más como parte de su vida. Mucha gente piensa que se cambió de nombre, de Luis Onfray a Emilio Fabres, para que no lo identificaran más con el robo de la escultura de Rodin. Como que nadie cree que fue por un tema familiar, de ausencia paterna, como se explica en la película. Yo creo que fue una mezcla de las dos cosas. Y es recién ahora que se siente orgulloso, después de que se le abrió este espacio con el documental, para comunicar abiertamente y por primera vez su acción.


FUNCIONES EN VALPARAÍSO

Teatro Condell (Condell 1585) a través de Insomnia Alternativa de Cine

Jueves 23 de noviembre y sábado 2 de diciembre| 19:00 hrs

Valor: $ 1.000

 

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