Radio Antena, una escultura radial para Cerro Cordillera

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Por Gabriel Holzapfel*, invitado al Festival Tsonami 2014

Radio Antena no es precisamente el nombre de una nueva estación de radio FM. Es más bien el titulo de una intervención artística de carácter efímero que se instalará en un rincón de la pequeña y particular plaza Las Máquinas, frente al impecable ascensor San Agustín del Cerro Cordillera. La obra compartirá lugar con los trabajos de otros dos destacados artistas locales: Pablo Suazo y Pablo Saavedra, quienes fueron invitados por el Festival de Arte Sonoro Tsonami en su alianza con el Encuentro de Cultura Digital. La misión es que realicen una obra que problematice el cruce entre Artes Visuales, Sonido y Espacio Público.

Se trata de una escultura de gran formato que al mismo tiempo transmitirá el sonido amplificado de sus fauces metálicas y de las vibraciones electromagnéticas que emitirán sus múltiples antenas y brotes alámbricos. Estamos hablando de una suerte de Tótem: una” Antena de antenas” que estará facultada para funcionar autónomamente a través de un dial de frecuencia modulada con un alcance limitado de sintonía (unos cuantos metros a la redonda).

Suena extraño hablar de una “escultura radial” pues la escultura está generalmente concebida para ser recorrida, palpable, observada, mientras que la radio se escucha, se imagina, se programa. Aquí son las dos cosas en una. La intención es introducir un discurso abstracto en un espacio históricamente destinado a transmitir contenidos prácticos, lúdicos y concretos. La radio sirve para informar sobre hechos noticiosos, información de interés público o para satisfacer necesidades más bien lúdicas. Aquí lo interesante es hacer el intento de transmitir un sonido deforme, no muy reconocible, completamente cambiante y que además salga en vivo y en directo por una señal FM.

Ahora bien, que sea efectivamente una “mini radio efímera” tiene que ver con la idea de socializar un contenido gratuitamente y de hacer uso del espacio invisible que son las ondas electromagnéticas y las frecuencias moduladas que pasean entre nosotros. Es decir, tratar de introducir una propuesta artística escultórica en un lugar intangible (la radio), efímero.

Creemos que es necesario descentralizar el Festival y llevarlo a un Cerro porteño “real”, alejado de la postal turística clásica e higiénica. De alguna forma esto podría ayudar a que el público y los asistentes conozcan otros lugares de la ciudad y se enfrenten a un paisaje más honesto. Al mismo tiempo hacer un gesto de acercamiento a un cerro que ha sido marginado de los circuitos culturales formales. Trabajar por la desestigmatización de la población y abrir caminos para la integración de la ciudad es fundamental para que un festival de la talla del Tsonami haga frente al ya clásico problema de las audiencias que se miran el ombligo todos los años, entre otras cosas.

Antes de que los vecinos se coordinaran para limpiar y despejar ese espacio, lo que había ahí era una casa abandonada. Hoy el lugar es visitado por la gente del sector. Sin ir más lejos, yo tuve el placer de conocerlo porque me junté con el pequeño Jairo y su padre, el pintor Mena, para pasar la tarde y compartir. Mena me presentó la “plaza de las máquinas” mientras terminaba un mural que la abraza desde un costado. Ahí partió todo. Acá se botó una casa y los vecinos se tomaron la vacante. Por suerte las inmobiliarias no supieron. Habrían otras máquinas y el Jairo tendría que imaginarse un resbalín desde la casa.

 

*Gabriel Holzapfel es músico y artista visual. Actualmente vive y trabaja en Valparaíso. Le gusta la pintura pero no es pintor. Le gusta la escultura pero no es escultor. Le gustan los objetos pero no es objetivo.

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