¿Por qué soy feminista?

columna-feminismo-valeria viancos

Ilustración: Valeria Viancos

Por Valeria Viancos*

No recuerdo mi primer acercamiento con el feminismo. Quizás fue aquella vez en que mi madre protegió a una chica en la micro del acoso de un hombre. O cuando miraba con extrañeza cómo los garzones entregaban siempre, sin excepción y sin preguntas, la cuenta a mis parejas. O esas veces que escuchaba que el rol de la mujer era estar en casa, siendo que durante toda mi adolescencia soñaba con mi independencia y autonomía.

Sin embargo, recuerdo perfectamente el día que decidí reconocerme como feminista. Fue en 2016 cuando vi en las noticias un caso de femicidio. El número 14 de ese año. Era mayo cuando Beatriz López Álvarez (54 años) fue asesinada por su ex pareja. Me acuerdo que lloré. Lloré como si conociera a la chica. Lloré, porque la sentí cercana. Lloré, porque la violencia machista operó una vez más. Lloré, porque sentí que nos mató a todas.

Hasta el día de hoy, con casos como el de Antonia Garros o Nabila Rifo, sigo llorando de rabia, pena e impotencia, pero también luchando. ¿Cómo no sentirse impotente frente a estas situaciones? ¿Cómo no entender que no es esta la sociedad que queremos para las futuras generaciones? Por eso, mi lucha es diaria, es con mis cercanos y entorno. Creo que todos quienes me conocen saben que me reconozco como feminista y que mi corazón/mente estarán ahí.

Algunos me consideran una exagerada, pero prefiero serlo por esas 52 mujeres que murieron a manos de un hombre machista en 2016, según datos entregados por la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres (o 34, según información del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género). Si luchar por ellas y por las que vendrán es ser exagerada, entonces denme el trono, porque de ahí no me muevo.

Por lo mismo, y sin considerarme una enciclopedia ni sentirme con una superioridad moral frente a nadie, he tratado de provocar cambios en mis amistades, ayudarles a visualizar situaciones que antes no veían y generar reflexiones en torno a la desventaja social y cultural que vivimos las mujeres día a día: juicios por cómo vestimos, cuestionamientos a nuestra inteligencia, discriminación salarial y laboral, maternidad, sexualidad, por nombrar algunos ejemplos.

La lucha feminista no busca la superioridad de las mujeres por sobre otros, sino relaciones horizontales, basadas en el respeto y no en la competencia. Caminar a la par y avanzar en una misma sintonía ¿Tan loco es imaginarlo?

Afortunadamente, no es una lucha solitaria, ni mucho menos aislada. Con mucha alegría veo marchas multitudinarias por #NiUnaMenos y sonrío cuando leo críticas fervientes en redes sociales a quienes aún culpan a las víctimas de violaciones y femicidios. Estamos día a día construyendo un país distinto, nuestras mentalidades están cambiando y nuestros ojos se están abriendo. Sigamos avanzando, sigamos luchando.


*Periodista, 26 años

Comenta desde Facebook

Comentarios