Planeta No – Odio [2015]: más de lo mismo, pero mejor  

Foto: Rocío Aguirre.

Foto: Rocío Aguirre.

Por Pablo Vanni N.

Odio, no es un disco nuevo. El trío penquista Planeta No, adaptó una fórmula ya probada dentro de la escena nacional por artistas como Dënver, Alex Andwandter y Cristóbal Briceño: un pop bailable, digerible, hecho para que las chicas y chicos bailen o lloren dependiendo del tramo en que se encuentren y la permanente alegoría a la juventud.

Pero hay que ser justos. El disco tiene un significante más profundo que el típico trabajo de pop adolescente. Gonzalo García, Camilo Molina y Juan Pablo Garín (Planeta No) generaron Odio a partir de la autogestión y el agobio de ir a las profundidades del do it yourself para crear un material de una enorme calidad sonora, y que además se liga un tanto más al punk, que a los barrios tranquilos del pop tipo “Música, Gramática y Gimnasia” (Dënver, 2010). Temas como “Camino Natural” se encargan de alejar a la banda de la frivolidad y situarla en posturas más críticas.

Es decir, estamos frente a un “Pop de Fanzine” mucho más involucrado, más ligado al mensaje y que viene a trazar rumbos más complejos para las temáticas de los próximos discos que vengan a engordar la lista de quienes ocupen esta formula bailable. Pues ya no basta con poner ritmos y letras repetitivas, ahora se trata de contar historias que realmente sean interesantes. La marginalidad, el combate contra la conservadora sociedad chilena, la negación al patriarcado y la heteronorma son ejes que componen la médula de Odio con temas como “Maricon Zara” o “64”.

Además, no solo se rompe con el pop convencional, sino que también con el imaginario respecto a lo “penquista”. Si bien la banda es oriunda de Concepción, no tiene nada que ver con los sonidos neo-manchesterianos que nos dejaron agrupaciones como “Los Tres”, “Santos Dumont” o en el último de los casos “Los Bunkers”. Cuestión de interés a la hora de hacer comparaciones odiosas respecto al mensaje y al propósito del mismo, que separa de forma abismal lo que fue el trabajo al estilo 90’s en conjunto con enormes disqueras y cobertura vía MTV, a lo que hoy tenemos producto de la autodifusión, el laburo constante, la autogestión y la buena calidad que te puede llevar al Lollapalooza sin que te interese demasiado.

Odio, ideológicamente, es un conjunto de violencia juvenil que golpea la cara de esta escena que está aburrida y carente de ideas. Aunque no es tan experimental a la hora de elegir caminos sonoros, se convierte en el espasmo de vida que hacía falta para llevar las miradas hacia nuevos actores dentro de la escena. Se comienza a escribir un nuevo guión respecto a los parámetros para ser escuchados, ya no se quiere más de lo mismo y son los trabajadores del arte los que están dando la pauta al respecto, cuestión elemental ante un publico que se conforma con poco.

En definitiva, Odio es la síntesis de lo que se demanda hoy: mayor contenido (subestimar menos al público), buen trabajo de producción (la autogestión funciona) y calidad musical. Cuestiones que se piden a gritos cuando la escena se vuelve poco a poco un triste espectáculo.

 

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