Pilcomayo 581, deleite y sabrosura

Por Hilda Pabst

“¡Sí!, un sour jengibre por favor”. Acepto con ganas el aperitivo que me ofrecen al llegar a reunirme con el team infalible de La Juguera Magazine. Varios ya lo saborean con las mejillas coloreadas. El jengibre en el sour se ha vuelto un clásico. Cosa que se agradece y viene bien en este crudo invierno. Por cierto, Pilcomayo hace su mejor y nos deleita con suavidad en su espuma y precisión en su mezcla. Si a eso se suman unos panecillos tibios y un sabroso pebre fresco, esperar la entrada es cuestión de coser y cantar, como diría alguna señora de antaño.

Pilcomayo 581 es un restorán de líneas simples, espacios amplios y atención dedicada, cuya bajada reza: cocina de mercado, lo que en medio de la intensiva oferta gastronómica de los cerros postal de Valparaíso –Concepción y Alegre-tiene su gracia y su sabor.

La alegría de una ensalada generosa y de bellos colores, se instala rápidamente en la mesa donde las conversaciones van desde el impacto relativo de las redes sociales, hasta los conciertos de lollapalooza, las bandas que se vienen esta temporada , el festejo de los cinco años de La Juguera y un mix de otras divagaciones que, pese a mi capacidad parabólica de periodista multipropósito, no alcanzo a captar del todo.

Varios salud, risas, historias y llega lo que uno siempre espera con ansias en un almuerzo con suficiente apetito: el plato de fondo. Ver y desear se fusionan y de ahí rápidamente se activa el resto del mecanismo; el cerebro le indica a mi paladar que esto se viene bueno. Un pescado del día con verduras salteadas, puro aroma y colorido. Y si, sensación de mercado al instante. Un pescado sabroso y suave, como humedecido en su propio aceite, maravillosamente adornado con la ternura e intensidad de los pimientos, los zapallitos italianos, la entrañable cebolla y la dulzona zanahoria, todo muy bien dispuesto, aliñado y dorado. Mi plato y yo, un solo corazón hasta el fin.

Y para no hablar exclusivamente  de mi deleite, sólo diré que al mirar a mis colegas con sus carnes mechadas con puré, se veían degustando con buen afán y, hasta donde vi, nada quedo en sus platos al final. Así que al llegar el flan casero de manjar todos figurábamos con el corazón contento, como dice por ahí la sabiduría popular. Rápido llegó y rápido se fue, con su textura de verdadero verdadero flan hecho con huevos y cariño. No fue fácil volver al mundo pedestre después de eso, pero aquí estamos esperando el próximo restorán, cocinería, trattoría o lo que el universo disponga para sumergirnos, con las papilas gustativas bien dispuestas, en otra aventura culinaria del gran Valparaíso y sus alrededores. Y si, también aceptamos invitación del extranjero.

¿Dónde?
Pilcomayo 581, Cerro Concepción, Valparaíso.

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