Pedro Pavez, líder de Molo: “No distingo ninguna diferencia entre industrias creativas y la industria más cruel del capitalismo desatado”

Molo es una banda que ha sobrevivido a cambios de integrantes, batallas personales, separaciones e incluso a un incendio en su sala de ensayo. El proyecto liderado por Pedro Pavez (Voz y Guitarra) se materializó como a un indivisible entre su vida y obra y durante años nos acostumbró a la emotividad de sus líricas, pero sin sacrificar crudeza del rock descarnado. 

El cancionero de estos porteños comenzó a configurarse en 2008, entre cuatro paredes y con guitarras acústicas, y en 2011 dan el gran paso con su disco homónimo (Molo, Independiente) y concluyen una fructífera trayectoria junto al Sello Mescalina con su segundo larga duración (Vida y Época en ninguna parte,  2014). Hasta allí todo bien para sus seguidores, pero no para Pavez, quien decide dar fin a la agrupación, compartiendo la noticia a través de un posteo en sus redes sociales. Las palabras del cantautor se aproximaban a “una muela que duele y que debe ser extraída”, aduciendo cansancio y falta de compromiso del resto de los miembros.

Luego de algunos meses y después de tres años sin editar nuevo material discográfico, su líder decide retomar las riendas del proyecto y volver a lo escenarios junto a Pepe Benavides en la batería y con la incorporación de Ignacio “Nachoko” Ibarra (Tronic) en el bajo, quien debutará en vivo este sábado cuando se presenten en concierto junto a los Kuervos del Sur en Ele Bar, estrenando además nuevos temas a su repertorio como los singles Grito en el Cielo, y Todo este Mar.

Con LJM pudimos entrevistar a Pavez, quien nos habló del regreso de Molo a la escena local, sus nuevas motivaciones y de las sorpresas para el futuro.

Por Poirot Escovedo

Tras meses de receso indefinido decides retomar Molo, el más antiguo de tus proyectos musicales y que durante años fue tu principal agrupación. ¿Costó mucho el tiempo sin este proyecto?

–Yo no me sentía viviendo un duelo en realidad, porque he estado bien metido con Los Inseguros en desarrollar el lenguaje de la banda y haciendo muchas canciones para ese disco que estamos preparando que nos tiene muy entusiasmados. Pero de lo que sí me percaté es que había mucha más gente de la que yo pensaba que no le gustaba la idea de que Molo no estuviese por ahí sacando material o tocando en vivo. Este año (2017) descubrí que hay mucha gente joven que nos seguía y no teníamos ni idea.

¿Qué fue lo más difícil del tiempo sin Molo?

–La verdad es que no alcancé a extrañarlo como algo que se había perdido. Creo que fue bueno tener una pausa para poder analizar ciertos elementos de nuestra propuesta, como por ejemplo, alejarnos lo más posible de ese imaginario de banda de rock de manos con formas de cachos y poleras negras con calaveras.  Este tiempo sirvió bien para visualizar lo que no quiero proyectar a través de la música.

¿Qué cambió en ti para que la reactivases?

-Yo no estaba tan convencido de seguir con el proyecto de esta manera. Yo sentía que lo que Gaviota aportaba a la personalidad de la banda no se podía reemplazar y creía también que era no era justo que Nachoko se sintiera como un “hired gun”, porque es un músico increíblemente creativo que merecía la posibilidad de aportar lo suyo sin el peso de “encajar” en algo que ya existía. En este receso Pepe y Nachoko querían formar una banda y no lograron dar con un tercer músico. Un día tocamos algo y funcionó altiro. Yo quería una banda nueva, con nuevo nombre y Nachoko quería tocar en Molo. Perdí la votación final.

¿No temes a que la banda vuelva a caer en los mismos vicios que denunciaste en tu anuncio de receso?

–Siempre puede pasar, pero los roles están más definidos hoy y cada uno tiene que cumplir con sus responsabilidades. Yo estoy más liberado de la gestión y eso me acomoda. Creo que la única manera en que mejoramos lo que hacemos es haciendo mejor las cosas en la parte artística y eso involucra más trabajo que inspiración. En eso es lo que me interesa estar metido. No me gustan los vinos de honor, no distingo ninguna diferencia entre industrias creativas y la industria más cruel del capitalismo desatado, no postulo a fondos del Estado y no manejo bien la venta de humo de las redes sociales.  Haciendo los videos cumplo mi cuota de publicidad necesaria y no sé cuánto más dure haciendo esa pega.

¿Qué rol jugó Nachoko en este reencuentro? Entiendo que en un principio fue el principal promotor de conservar el nombre de la banda.

–Nachoko es la única razón por la que estoy embarcado en este buque. Es un músico extraordinario y una persona solidaria y cariñosa. Basta conocer un par de minutos a su familia para darse cuenta que es fácil ver de donde proviene. Estamos aprendiendo mucho de él, disfrutando mientras tengamos la posibilidad de tocar y hacer música. No soy un cazatalentos y mis predicciones nunca han sido muy acertadas, pero creo que está de paso por aquí en el futbol de barrio para llegar a las grandes ligas, donde merece estar.

¿Qué continuará? ¿Qué cosas quedarán en el pasado?

–Vamos a continuar intentando generar las condiciones para hacer más música y que esa obra evolucione y crezca.  Atrás se quedan muchas cosas, sobre todo la visión más inmadura que teníamos sobre la música. Ahora estamos mas conscientes de que primero tenemos que tener algo que decir, algún misterio que develar o explorar.

Me gusta esa idea de que uno es lo que hace, no lo que muestra.

Respecto de los nuevos sencillos revelados por ustedes en los últimos meses, ¿Están pensados para ser incluidos en un nuevo disco?

–Sí, queremos hacer el disco en una línea más intuitiva. Hay tanta música que nos está saliendo que sería un poco raro empezar a racionalizarla. Tenemos la urgencia de capturar el momento porque estamos descubriendo el habla y el sonido. Creo que el siguiente proceso será distinto. Ahora creemos que sería bueno avanzar irreflexivamente y retroceder metódicamente. Por eso nos vamos a meter de cabeza a terminar el disco. De ahí vemos con qué recursos lo grabamos.

¿Vale la pena pensar en un nuevo álbum larga duración considerando el desgaste que pudiese generar y teniendo en cuenta que muchas veces el público no escucha la totalidad de los temas?

–Sí. ¿Tú escuchas los discos completos de las bandas que te gustan? Yo sí. Comprendo que es casi un despropósito en estos tiempos de superficialidades y tendencias, pero no es mi problema. Esto lo hacemos por amor, no por transformarlo en nuestro único ingreso económico. No quiero de ninguna manera en pensar en la música como un “trabajo”, menos si pensando en las utilidades tengo que dejar de hacer discos. Admiro mucho a la gente que hace modelismos de barcos y aviones. Es un trabajo solitario y de precisión, para finalmente poner el barquito en el living de la casa. Me gusta esa idea de que uno es lo que hace, no lo que muestra.

En estas entregas es posible apreciar dos facetas fundamentales de la receta: la crítica social con Grito en el Cielo, y la autobiografía con Todo este Mar. ¿Qué mensaje yace en estas canciones y cómo se vincula con tu vida y la de los integrantes de la banda?

Grito en el cielo es sobre los tiempos de corrección política y la anulación del pensamiento crítico. Pero más allá del fondo, me gusta porque se plantea como una puteada, igual que las que estamos denunciando. Estamos todos metidos en un círculo vicioso de palabrería bien intencionada. Creo que es la única razón por la que se sostiene. Si fuera un manifiesto que da lecciones mando una carta al diario y no le ponemos música.

Todo este mar es una canción que le escribí al Pepe. No han sido tiempos fáciles para él, pero todo el amor que tiene por su hija es algo difícil de ignorar como para no ponerlo en una canción. Creo que es lo único que he hecho por él en todos estos tiempos en que ha tenido que aguantar mi mal humor y burlas. Me gusta ser su amigo y tenía que decírselo algún día.

En tus álbumes no has tenido resquemores en hablar de la compleja relación con tu padre, de tu madre y en general, de tu historia. ¿Cómo interpretas la constante de esta inquietud en tus trabajos?

–Creo que lo que yo hago siempre depende de lo que esté  leyendo. Esa es mi principal influencia, sobre todo en términos de las estructuras. Después entra ese elemento en donde uno pone sus propias experiencias, y luego uno trata de destruirlo agregándole mentiras que son las que realmente le dan ese sabor a verdad. Es difícil intentar desenredar los procesos creativos, pero la única verdad es que es algo que se hace en soledad, y en esas instancias uno pasa mucho tiempo consigo mismo. Yo no me caigo muy bien y se me hace difícil y frustrante, pero siempre uno sale un poco mejor. Hay siempre algo resolutivo en inventar algo, y es así no solo en el arte. Hasta para las canciones malas uno gana algo.

A mí me interesan los mundos internos más que el mundo exterior y mis referencias son muy variadas y no temo en presentarlas. No creo en la originalidad, pero si en la particularidad de los elementos.

¿De qué forma vives tu paternidad? ¿Cómo ha repercutido en tu vida como músico y realizador cinematográfico?

–Bueno, soy padre antes que músico. Cineasta no me considero. Hice dos cortometrajes que tuvieron éxitos en festivales de Chile y el extranjero, pero no me hizo bien ese “éxito”. Le agarré fobia a los festivales y sufrí de mucha ansiedad en procesos en donde había que coordinar mucha gente y recursos. Abandoné el cine con visión autoral y encontré la música como terapia para tratar esa necesidad.

Estoy contento con la idea de que por fin soy algo que nadie me puede negar. Es una de las pocas certezas que se nos dan en la vida. ¿Qué soy? Soy el padre de León, todo lo demás son especulaciones sobre las cuales podemos debatir. No sé leer música y ni siquiera sé reconocer los acordes, pero soy el padre de León y eso me hizo hacer el disco de Los Inseguros. Desde que soy padre de León soy un hombre mas simple, menos ansioso y eso se transmite en todo lo que hago aunque no sé las razones.

Ese chanchullo (el del Mall Barón) era el robo del siglo porque esos son los terrenos más valiosos de la ciudad.

Como artista te has mostrado crítico de muchas cosas, entre ellas la relación de la ciudad de Valparaíso con las industrias y las grandes empresas. ¿Qué opinas de la decisión de la Corte Suprema de anular los permisos para la construcción del Mall Barón?

–Con mi papá lo celebramos con un lomo a lo pobre jajaja. En serio. Ese chanchullo era el robo del siglo porque esos son los terrenos más valiosos de la ciudad, y estos tipos estaban obteniendo ridículamente la concesión por parte de la Empresa Portuaria de Valparaíso, eliminando para siempre la posible ampliación del Puerto. Creo que son seis hectáreas y si le ponemos al borde costero portuario un valor mínimo de 50 U.F. el m2, el valor estimativo de los terrenos concesionados era como de 70 mil millones de pesos,  pero en vez de  pagar el valor señalado, la empresa iba a cancelar  una suma insignificante bajo la figura de concesión. O sea, lo pongo en términos de plata para que podamos visualizarlo, porque plata es lo único que le gente parece entender. No es ni siquiera necesario dirigir la conversación para discutir si nos gusta o no McDonald.  Me alegra pensar que una iniciativa ciudadana nos llevó a esto. A no perder la esperanza en que entre todos podemos reflexionar y aporta a la ciudad que queremos construir.

¿Qué lectura haces de los resultados de las elecciones? Al Frente Amplio le fue bien en la región, pero igualmente Sebastián Piñera se alza como en nuevo Presidente de Chile.

–Creo que el Presidente recién electo representa lo que somos hoy como sociedad. Chile, país de vivos, ganadores, sacadores de ventaja. Voté en contra de Piñera pero con cero convencimiento por el otro candidato. No soy un gran defensor del Frente Amplio tampoco. Los políticos son todos lobbistas y todos bien incapaces y poco capacitados como para pensar de que pueden administrar un país. Son todos lobibstas, si hasta Giorgio Jackson se abstuvo de votar en el informe del Sename que apuntaba a la Javiera Blanco. Nadie en este país se horrorizó por esos niños ni se horroriza por los que se quedan en esos centros mirando el techo. Esa es la sensación de país que tengo. La de niños muertos y torturados por el propio Estado.  Eso nunca fue un tema país, estamos debatiendo puras “weas” y las elecciones se ganaron con una retórica vacía.

¿Qué cosas puedes adelantarnos de la vuelta a los escenarios de tu banda?

–Tenemos un show largo y complejo en términos de arreglos. Hay versiones nuevas de todos los temas y el set está orientado a lo que mejor nos define, que es la emoción. A mí me ha costado trabajo llevarles el ritmo a los cabros pero me obligan a mejorar como intérprete. Tengo miedo de olvidar las letras.

-¿Qué podemos esperar de esta nueva versión de Molo?

–No tengo idea, y esa es la única razón por la que continuamos: el misterio.

 

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