Pedestre y performática escritura: 10 años de Valpore de Cristóbal Gaete

Por Breno Donoso*

Desde Taller Cerro en el Barrio Puerto de Valparaíso, Cristóbal Gaete conversó con La Juguera Magazine acerca de los 10 años de la publicación de Valpore, haciendo un repaso por la gestación y vigencia de esta novela. 

También se refirió al proceso de la escritura como esa performance delirante, yuxtapuesta con la ansiedad urbana y transmutada en energía escritural. 

Valpore resuena en los recodos porteños, los satura con su imaginario abyecto. La lectura de este libro es estridente, no apta para un lector que guste de cadencias tranquilas o estructuras narrativas lineales. Valpore jadea en las escaleras meadas, en el carraspeo de algún arquetipo decadente, donde el extrañamiento oceánico espejea al desasosiego de los cerros, entre dimensiones de realidad trizada.

Para celebrar el decenio, el escritor Diego Armijo, amigo y asiduo lector de Gaete, organiza para la primera semana de noviembre un evento con la edición de un fanzine que reunirá la reescritura de los capítulos de Valpore, de la mano de un grupo de escritores jóvenes.

-¿Cómo concebiste Valpore, qué te llevó a escribirlo, cuál fue el contexto?

-En 2006 gané la beca de creación literaria, fue la primera vez. Hasta ese año escribía como la gente normal, con los peligros de la normalidad, y justamente en ese tiempo estaba todo el influjo de Roberto Bolaño. Él había dado una entrevista a Cristián Warnken donde generaba un mapa lector hablando de Osvaldo Lamborghini, Copi  y  Antonio Di Benedetto. Y los libros de esos autores para alguien como uno viviendo en Valparaíso sin BiblioMetro ni nada por el estilo, eran de difícil acceso. Con la plata de esa beca, aparte de ayudarme a vivir un año, me dediqué a comprar libros a los que yo no había podido acceder. Y claro, ahí entendí el legado de Bolaño, en esa operación discursiva y tan frívola que es la entrevista. En vez de ser un entrevistado más y hablar de sí mismo, Bolaño eligió hacer un mapa lector, y ese mapa lector a mí me permitió girar mi prosa. Ese 2006 escribí la mitad de Valpore y el 2007 la otra mitad, en tiempos cortos. Yo creo que me habré demorado unos seis meses. Pero después hubo mucho tiempo de corrección, reescribiendo el bruto que tenía más capítulos publicados en la primera edición, y que con los cambios de computador ya se me perdieron.

-Esta edición de Garceta Ediciones de 2015 ¿Es distinta? ¿tiene los mismos capítulos que la primera?

-Cada editor va marcando sus versiones. La edición de 2015 de Valpore tiene más relación con la segunda edición, porque tiene un final distinto al de la primera. Pero en general fue un momento de mucha intensidad, de torcer la escritura. Hay mucha gente que piensa el libro de una manera temática. Yo siempre lo he pensado desde la forma y el ritmo.

-Pero la temática entra en Valpore mediante convulsas imágenes, hay un preestablecimiento, un trabajo de las imágenes, ¿Cómo se trabaja eso? No creo que sea una corriente de la conciencia, un automatismo que te hace llegar a. Hay trabajo de campo de por medio…

-Sí, en Valpore hay hartas cosas que habíamos vivido, pero me cuesta el rollo de enunciarlo de una forma experiencial. Más bien he pensado -pero posterior a la escritura de este libro-  en la figura de un yo alterado. Un yo que no sea el yo nomás, porque ese yo solo sería el propio de la autoficción que a mí, a priori, me aburre. En el caso que ese yo de la autoficción me entretenga, suponiendo el caso de llegar a escribir un libro de eso, sería colocar un yo alterado, situando al yo en una situación que no es la que corresponde a uno, sino la que puede dar réditos para la literatura. En el fondo, pensar en una especie de performance. En el caso de Valpore es así, hay un yo hiperbólico, extremo.

– Claro, alterado en el sentido que alguna vez habré leído de Martín Cerda en su ensayo  La Palabra Quebrada, de Alter, alterado, de volverse otro…

-Claro. ¿Te acuerdas cuando me preguntabas por el proceso del libro? Bueno, cuando estuvo terminado, esperando que lo editaran, transcurrieron dos años, entonces eso me permitió mejorarlo. Esto porque nadie lo pescó en dos años. Entonces esa espera hizo que el libro se fortaleciera. Para algunos escritores ese tiempo de espera se considera muerto, pero a mí me permitió visitarlo, revisitarlo. Así se hizo más fuerte.

-Estuve revisando algunas críticas al libro, y una de ellas rimbombante pero certera decía que Valpore aparece como una distopía apocalíptica, por ese espacio que es un no lugar cuya acción transcurre en el cerro y el plan, en un ir y venir; ese espacio que se construye entre la ficción y la realidad ¿Cómo se construye, en base a qué experiencias, con qué elementos?

-Cuando nombran Patrimonio de la Humanidad a Valparaíso, yo era estudiante y tuve acceso a la postulación y a los autores que se nombraba, autores muy estandarizados como Edward Bellos, Salvador Reyes, que a la gente les gustan mucho, pero que son autores que miran la literatura y a Valparaíso siempre desde el Plan. Es decir, se planteaba cierto patrimonio literario, pero a mí me interesaba invertirlo, invertir este patrimonio al que se le daba énfasis desde la perspectiva de una ciudad que debía transformarse en una ciudad de servicios para los extranjeros. Con esto en marcha pensé en escribir un libro que fuera en contra de eso. También reconocí que había una producción de libros muy relevante pero en relación al pasado: a los ascensores, a la bohemia. El problema era que los libros no se enfrentaban al presente de la ciudad y yo pensaba en por qué no escribir un libro que apunte a un presente habiendo un discurso patrimonial que marca determinadas zonas de la ciudad y que excluye a todas las demás. Como una forma de resistir ese influjo escribí Valpore. Ese fue el motor intelectual, el motor conceptual del libro. Ahora, si yo quería escribir un libro así no lo podía haber escrito normal, como la gente, tranquilo, apuntando a una prosa escéptica. Torcida la escritura, fue como un cruce del destino. Determinadas lecturas, más un concepto que iba a la contra, se fusionaron en ese momento bastante afortunado. Porque son cosas que uno trata de escribir, pero de ahí a que las cosas funcionen en la escritura es distinto. Por eso me gusta este libro, porque sucede en un cruce afortunado, porque se cruzan las cosas del yo con las cosas que leo y con lo que puedo escribir, que eso siempre es una pregunta que se va moviendo. 

-¿Cuál ha sido el tránsito de Valpore en estos 10 años? ¿Cuáles las paradojas? 

-El libro ha tenido un tránsito afortunado. Hace poco fue antologado en una muestra narrativa chilena en Inglaterra, un pedacito bilingüe. Emilio Gordillo lo antologó en la UNAM; ha sido publicado en Argentina, en un momento hubo la intención de publicarlo en Perú a pesar de que no fructiferó. Siento que escribí un libro local pero lo escribí con la conciencia de que yo no quería ser eso, no quería ser un escritor solamente local, a pesar de que me gusta ser un escritor de acá, porque una cosa no quita la otra.  La paradoja de la continuidad del libro es que un amigo me dijo una vez: “como esta ciudad siempre empeora, Valpore nunca se acaba”. Me pareció que era una reflexión terrible pero quizá ajustada. Además Valpore es la idea de estar en los cerros, en el cerro de más arriba, y también me llamaba la atención representar esos espacios tan negados para la literatura, pero que sabía que si lo llevaba solamente a lo social, eso ya estaba hecho como autores como Méndez Carrasco. Pensé en otra forma de conectar con el lector, mucho más excesiva. 

 

Valpore / Cristóbal Gaete / Garceta Ediciones / 85 páginas


*Escuela de Crítica de Valparaíso

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