Nona Fernández: la memoria, la historia, el recuerdo

Fotografía: Gonzalo Donoso

Por María Eugenia Kokaly [Doctora © Letras, Pontificia Universidad Católica de Chile]
Nona Fernández es, sin miedo a equivocarme, una de las mejores narradoras de lo que se conoce como narrativa chilena reciente. Por no decir la mejor. En el campo cultural en el que estamos insertos, su presencia destaca tanto por la versatilidad de sus diferentes proyectos profesionales como por la calidad de su propuesta. Nona Fernández actualiza el lenguaje de la memoria y de la denuncia con claves que permiten un acercamiento sin resistencias.

Luego de la estrategia discursiva que se llevó a cabo durante el proceso de transición a la democracia, que abusó del significante para que las palabras se desgastaran en su significado, el relato de los hechos quedó circunscrito a una parte de la población que quería dejar su testimonio a través de narrativas que se hicieron cada vez más ajenas. Fernández creó una forma de escritura que, sin buscar ni practicar la experimentalidad, genera claves de lectura cercanas y amables para el público lector. Entre ellas se cuentan el humor, la ironía, el uso de una primera persona que duda y que basa su relato en la incertidumbre. Es posible reconocer personajes propios de la historia chilena reciente, algunos de ellos vinculados a violaciones a los derechos humanos; otros, víctimas de esas violaciones. Su escritura es de denuncia sin usar las estrategias propias del género. En este sentido, hay que reconocer el acierto, la astucia, en ubicarse simultáneamente en la historia personal y en la historia social y política. El uso que hace de los planos como estrategia escritural, dinamiza la lectura y la transforma en familiar.

Entre sus textos se pueden encontrar novelas de extensión diversa, algunas de pequeño formato como Space Invaders (2013) o Chilean Electric (2015); otras, de formato estándar, como Fuenzalida (2012) o La dimensión desconocida (2016). Su trabajo como guionista de teleseries y de dramaturga teatral, interviene de manera positiva en sus otras facetas profesionales.

Si tuviera que recomendar una novela por dónde partir, elijo Fuenzalida sin dudar. La búsqueda de la propia identidad a través de la imagen ausente del padre se transforma en una metáfora de la identidad nacional. En ella, el silencio presente a lo largo del relato funciona como estrategia que permite contener la violencia directa y cultural que rodea el devenir de los personajes. Las distintas relaciones que se establecen al interior de la novela funcionan en tanto existe un secreto que oculta una verdad imposible de revelar. El silencio, y en este caso en particular, el secreto, se presenta como el eje articulador de las distintas partes que componen y movilizan el relato. En esta novela, Fernández hace gala de su oficio como guionista de telenovelas superponiendo la historia personal, la historia nacional y la historia de la telenovela que aparece de fondo.

La lectura de sus relatos, tanto como la asistencia a sus obras de teatro o el visionado de las películas y documentales en los que ha participado como guionista, debería ser parte de una práctica habitual para todos aquellos a quienes nos interesa confrontar nuestro presente con las claves de un pasado no tan remoto y que nos determina. Nona Fernández se erige, en este contexto, como una pieza clave para entendernos a partir de las ausencias y los recortes.


Nona Fernández en Puerto de Ideas 2017

Plumas fantásticas
Las voces literarias de Edmundo Paz Soldán, Jorge Baradit y Nona Fernández trazan un interesante mapa narrativo desde el sur de Latinoamérica. La curiosidad, la historia, la política,  el horror, la memoria y más de alguno que otro “fantasma” alimentan sus plumas, las que muchas veces trascienden el realismo clásico. Sus proyectos escriturales, los temas que abordan en sus trabajos, sus procedimientos estéticos, influencias y vínculos con la escritura del continente, funcionarán como disparadores de un diálogo donde el género de la literatura fantástica se asoma como protagonista.

Sábado 11 de noviembre, 12:30 horas, Parque Cultural de Valparaíso

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